En un ágil movimiento suelto sus muñecas y giro su cuerpo rápidamente provocando que quede contra la pared sin poder verme pero yo si a ella. Suelta un jadeo por la rapidez y la tensión del momento. A veces puedo ser demasiado intimidante y Esmeralda lo sabe. — ¿Ah no? —niega levemente. Muevo o su cabello hacia adelante, dejando la parte de su cuello libre. Deposito el colgante y con cuidado se lo ato al cuello. Se estremece ante mi tacto y suspira. Algo que me gusta de ella es que le agarran escalofríos y su piel se eriza cada vez que la toco o siente mi tacto. — ¿Por qué un infinito? —pregunto señalando el tatuaje en el brazo. Entreabre los labios viendo el tatuaje que tenía marcado. — ¿Por qué tan curioso? —me encojo de hombros divertido. —Me recuerda que solamente tenemos una vida,

