Tomaba mi cabello con desesperación, como había ocurrido todo eso.
Eso no me había sucedido a mí, era mentira, una muy buena broma del destino.
De repente todo volvió a ser como antes.
Y tuve miedo de que ELLA ya no estuviera más en mi vida.
Comencé a buscarla y no las encontré.
Los recuerdos cada día como este me abrumaban, aunque sabia la razón por la cual ella había decidido irse de nuestras vidas, seguía sin comprender como una madre puede dejar a su hija.
Hoy era el octavo cumpleaños de la pequeña mujer que había cambiado mi vida de una manera inimaginable.
El verla aun dormida con sus pestañas rozando sus pómulos me robaban el aliento cada noche, cada mañana pronunciar su nombre y saber que está conmigo es una dicha y cada tarde correr tras ella por ser una pequeña traviesa me roba risas, esas de las más sinceras y llenas de orgullo por el buen trabajo que estoy haciendo.
—¡Feliz Cumpleaños! ̶ grito cuando entro a su habitación
Sus pequeñas manos rascan sus adormilados ojos verdes y su sonrisa blanca falta de algunos dientes ilumina todo aquel lugar.
̶ ¡Gracias Papi! ̶ corre a abrazarme con cuidado de no tirar el pastel que prepare para ella, porque a pesar de las mil cosas que tenga que hacer el día que mi vida cambio y llego ella debe ser celebrado de la mejor manera.
̶ Vamos pequeña pide un deseo ̶ la aliento.
Y sin decir mas ella cierra sus ojos, junta sus manos frente al pastel y tras algunos segundos de meditación ella sopla la gran vela con el número ocho y se ríe.
̶ ¿Qué has deseado? ̶ pregunto curioso, desde que ella habla y sabe lo que es un deseo me lo hace saber y algunas veces trato de cumplirlo, aunque lo más difícil fue hace tres años cuando me pidió ver a su madre.
Como cualquiera en mi situación podría haberle inventado alguna historia de que su madre quizá estaba en el cielo, o que trabajaba alrededor del mundo, yo por el contrario me arme de valor y trate de contarle la verdad de la mejor manera.
Aunque aun no lo comprendía ella me hizo prometerle que cuando fuese mas grande le contaría mejor lo ocurrido y hasta el momento cuando tiene que decir algo sobre su mama se que responde orgullosa "Solo existimos papa y yo" lo cual me hace estar aún más orgulloso de ella.
̶ He deseado que me lleves a comer hamburguesa con patatas y me compres un hermoso y grande juguete ̶
̶ ¿En verdad? ̶ sabia que de alguna manera yo cumpliría sus sueños.
̶ ¡Si! ̶ exclamo cual pequeña niña emocionada por un regalo de cumpleaños.
̶ Bueno para eso creo que necesitas un buen baño y algo de ropa limpia ̶ señale su pijama de princesas, la cual en sus ultimo cumpleaños conseguí lo cual no fue nada fácil ya que era la princesa del momento.
Aunque la caricatura animada ya había salido hace varios años esta nueva versión dejo a mi hija fascinada, así que me arriesgue a buscar una pijama de La Bella y La Bestia, nada fácil si me lo preguntan, aunque finalmente conseguí algo más, una de esas rosas que era semejante a la de la película, por lo cual fue el padre del año entre las amigas de mi hija, aunque ese titulo solo duro hasta que a otra de sus amigas le dieron un castillo del tamaño de ellas y entonces otro fue el padre del año.
Después de casi veinte minutos en la regadera seque y le coloque ropa limpia a Alexis, mi hija.
̶ ¡Vamos Papa, se hace tarde! ̶ justo hoy había pedido mi día libre, como siempre hacia.
̶ Voy pequeña ̶ por mas que me molestara no podría levantarle la voz a mi hija, su rostro después de un regaño me deja desarmado, aunque el hecho de que se comporte de manera magnifica no deja que reciba un gran regaño.
Salimos de casa con el clima de un agradable verano, ya en agosto todo era aun una ola de calor insoportable, pero justo hoy hacia un buen clima.
Caminamos hasta llegar al auto el cual se encontraba unos cuantos autos más atrás del complejo de departamentos donde vivíamos.
̶ ¿Puedo elegir la música? ̶ pregunto con sus manos juntas, ella sabía que a eso no le podía decir que no, sin embargo, en la radio estaban dando un playlist de OneRepublic, nuestro artista favorito así que entre risas y malos contos por parte de ambos llegamos al restaurante de comida rápida.
Las horas de juego, las risas nunca serian remplazadas por nada del mundo, así que al llegar a casa con un pequeño bulto entre las manos sabia que el día había sido tan productivo.
Al dejarla en su cama y darle un beso en la frente de buenas noche fui a mi habitación donde cada día como hoy pedía perdón a la gente a la que le hice daño y también daba gracias por lo que un día como hoy me había hecho, Un padre soltero.