Diez minutos para mi eran nada. ¿Quería perdonarlo? ¡Claro que no! Era jalada por Dave a uno de los parques cercanos. A pesar de que luchaba contra de él su agarre seguía siendo fuerte. El aire de mis labios se filtraba en el ambiente helado creando una leve nube de vapor. El frio se filtraba en mi cuerpo, hacia un contraste interesante entre la calidez que podia sentir de su mano sujetando mi brazo. Los latidos de mi corazon destellaban, mientras mi cerebro estaba en miles de pensamientos al mismo tiempo. ¿De verdad tenía otro hijo? Desde mi posición solo podia ver su espalda, lo seguía como siempre, aunque no quisiera mi corazón siempre le perteneció a él, aunque lo destrozo en un millón de pedazos en una sola noche. —¿Quieres dejar de correr? Solo tienes diez minutos—bramaba con

