1. ✎ ¿Cómo lo supiste? ✎
—Veliza, creeme que te entiendo ¡Pero matarlo! Veliza ¡Que te pasa!
Un potente tono de represalia hacía eco en esa habitación cubierto por unos muebles de caoba que hacía juego con dos sillones. Una habitación de tonalidad calidad, tres libreros lleno de libros junto a un ordenador. Varias pinturas y un piano era la cueva perfecta de relajación y trabajo para Sheldon, lugar donde había sido citada.
Con un potente golpe el libro que el sostenía en su mano derecha fue lanzando al escritorio recorriendo el camino de manera horizontal hasta llegar donde me encontraba. Seguía el movimiento cursado por aquel objeto inanimado levantando mis ojos de nuevo hacia Sheldon, a pesar de que me increpaba con dureza no mostraba nada de arrepentimiento. Su mirada estaba encendida como dos brazas en fuego por la irritación. Durante los últimos diez minutos el se había encargado de darme un sermón de porque no podia dejar que mis sentimientos afectaran mi trabajo como escritora.
—Sheldon, es que no puedo escribir de él—mi voz sonaba rasgada— ¡Cómo puedo escribir de ese personaje cuando me recuerda a Emilio!
Sheldon sostenía su mirada fija en mi por unos momentos. Una mirada endurecida como el diamante recorría el libro del escritorio y tras esto sus ojos se fijaban en mí de nuevo, disparaban diferentes tipos de emociones. Observe mi libro dando una leve arcada como si quisiese vomitarlo tras dirigir mis ojos al objeto que me producía aborrecimiento. El inhalo lentamente cerrando sus ojos como si intentara llevar pensamientos a su cabeza y tras unos momentos lanzo un muy largo exhalo.
—Veliza, te comprendo, créeme que lo hago ¿Pero matar a tu personaje así? —con celeridad tomo el libro que había lanzado enfrente de mi abriéndolo. Abrió el libro acariciando con sus dedos las ultimas paginas hasta llegar a la página que deseaba
—¿Qué buscas?
—Entonces, Tayrana tomo la espada en sus manos notando que Calea ya no era su amado. Tenia los ojos del demonio, habia poseído su cuerpo y su ser, ya no era ese guerrero de brillante armadura. Calea se acerco a ella lanzando un ensordecedor chillido proveniente del abismo de lo lamento. Taryana, aquella guerrera que habia sido entrenada por el decidió blandir su espada cortándole la cabeza en un ágil y rápido movimiento. Sin arrepentimiento, sin miedo, sintió placer de poder aniquilarlo pues a pesar de que fue su amado en algún punto de sus aventuras comenzó a odiarlo. Su cabeza volo mientras el cuerpo de este comenzó a caer pausadamente, la sangre de Calea que siempre fue considerada azul por ser de la realeza salió a presión como la lluvia. Al final, su sangre era carmesi como la de todos, Calea siempre mereció morir pues el siempre habia sido el demonio camuflado de cordero entre los guerreros. Mientras el cuerpo de quien fue su amado caía, Tayrana corto cada uno de sus miembros, destrozándolo pues temía que el demonio saliera. Libero su odio en el cuerpo inerte mientras su rostro se llenaba de sangre por el extasí de acabar con aquel demonio.
—¿Qué? Fue una buena muerte —tajé con molestia— pude ser mas cruel, sabes que ¡Deberia serlo! Creare otro libro donde lo revivo y lo mato de nuevo.
—Veliza, no me entiendes —bramó con suavidad— no puedes matar a tu personaje de la saga solo porque te recuerda a tu ex marido.
—No puedo escribir sobre él—gruñía con lentitud— ¡Como quieres que escriba bien de ese personaje cuando me recuerda a Emilio! Cada que intentaba escribir sobre él solo se me pasa por la mente a Emilio fornicando con su secretaria ¡En mi cama! Solo porque según el no puedo dar hijos.
—Veliza estos libros son tu vida —Sheldon se adelantaba hasta donde me encontraba sentada recostándose del escritorio. Ambos estábamos en una posición tan cercana que era normal en nosotros—están a punto de hacer una serie sobre tus libros Veliza, debiste pensar en eso.
Sheldon cerraba el libro agitándolo levemente en el aire. Mi mirada seguía el movimiento mientras Sheldon cerraba sus ojos. El dejo escapar un leve gruñido algo que me provoco una leve sonrisa de media luna en mis labios. Ambos siempre nos llevábamos bien, pero en esta ocasión parecíamos estar en diferente páginas.
—Entonces quemare ese libro, no lo quiero.
—Creo que deberías calmarte un poco, mas que los fan de tu saga de libro están sumamente enojados —dejaba el libro en el escritorio— ya he recibido muchos correos de odio y juro que si recibo otro mas me enojare.
—¿Tanto amaban a mi personaje? Es un idiota aprovechado ¡Siempre lo fue! —vociferaba con odio — era un maldito inútil para nada.
—Veliza, creo que deberías ir a pasarte unas vacaciones para calmarte ¿Cuándo fue tus últimas vacaciones?
—Nunca he tenido vacaciones.
Tenia treinta y un años, vivía en una de las ciudades más pobladas de California donde me dedicaba a ser escritora. Había viajado tras terminar la secundaria después del divorcio de mis padres ¿Por qué me fui con mi padre? El había recibido una muy buena propuesta de trabajo, yo había recibido una beca de universidad en ese mismo estado, por eso decidí venir con mi padre.
¿Había regresado a mi pueblo después de dejarlo?
No
¿Cuánto tiempo había pasado?
Doce largos años.
Había dado la vuelta a mi pequeño pueblo Woodstock en Vermont simplemente porque quien más ame me rompió el corazón. Quise darle una oportunidad, lo esperé por horas pero nunca vino por mí. Desde ese día decidí que no volvería a ese pueblo, aunque muriera. Actualmente mi vida se estaba yendo poco a poco a la basura. Mi padre falleció hace cuatro años por una enfermedad de cáncer, termine cremandolo como me lo pidió. Mi madre se había buscado un nuevo esposo que al parecer era creyente de que las mujeres solo pertenecían a la cocina, mi ex marido se mantuvo cogiéndose a su secretaria hasta que por fin pudo embarazarla. Vivía en un pequeño minidepartamento donde apenas podia respirar de tan pequeño, pero lo llamaba mi hogar. En ese apartamento la sala, la habitación, y la cocina estaban juntos, solo estaba aparte el baño. Lo único que me daba alegría era escribir, mi vida entre letras me hacía volar, soñar y viajar a lugares impresionantes, pero se convirtió en mi calvario cuando cada vez que quería escribir memorias espectrantes de mi pasado me perseguían.
En mi libro tenía personajes que representaban a todo lo que quería, había un personaje de mi padre que decidí dejarlo morir pues lloraba a cantaros cuando escribía del, incluso había un personaje que era inspirado por mi editor, toda mi vida era ese libro y lo destrocé destruyendo lo que se suponía era la base. Un libro sobre guerreros, magia, acción, aventura, romance, era una saga tan popular que habia sido contactada hace poco para hacerla una serie. Pensaba sacar el séptimo y último libro de mi saga, pero sin uno de los personajes principales todo se estaba volviendo un caos.
—Veliza, yo creo que debes tomar un descanso —su mirada se tornó serena— siempre has estado escribiendo, nunca te has relajado y siempre pareces estresada.
—No lo estoy.
—Eso dices, pero de la manera tan brutal que mataste a ese personaje, me preocupas —su labio se elevo levemente de un lado haciendo una media sonrisa— ve a descansar, te pagare el boleto ¿A dónde te interesaría ir?
—No tengo muchos sitios donde quisiera ir, además, estamos en diciembre ¿No crees que dándome vacaciones en solitario me sentiré peor?
—No, sabes ¿Por qué no visitas a tu madre? Siempre le envías cosas por su cumpleaños, pero nunca has ido, ni en navidad, ni en la boda de tu hermana menor, ni en el nacimiento de tus sobrinos, ni en sus cumpleaños, ni en
—Ya entendí —lo interrumpía— es que no pienso volver.
—¿Por qué?
—Es que muchas cosas pasaron cuando era joven —miraba de reojo mi libro dejando escapar un leve suspiro— muchas cosas y me prometí no volver jamás.
—Veliza, eres una adulta hecha y derecha ¿No? Los adolescentes se equivocan, se tropiezan, cambian, y mejoran. Creo que debes dejar de tener esa pequeña espina y visitar a tu familia.
—Pero me he perdido tantas cosas —suspire levemente— ¿Tu crees que ellos me aceptaran?
—Veliza, tu eres su familia y siempre lo serás.
—Bien, llamare a mi madre y le diré que volveré para esta navidad pero si ella no quiere que vaya me tendrás que aguantar.
—Llámala y me dices ¿De acuerdo?
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Estaba sentada en el sofa cama que me habia estado acompañando durante mi proceso de divorcio. El maldito de mi ex esposo se quedo con todo, me dejo sin absolutamente nada asi que apenas sobreviva con lo que ganaba de mis libros. Sentada en aquel objeto miraba a través de mis ventanas a las personas corriendo al estar cercanos de la playa. Ajeno a la tristeza que muchos podían estar sintiendo. El celular en mi mano se sentia como el objeto mas pesado y doloroso del mundo. Me habia vuelto una mujer solitaria por decisión propia ¿Me querría aun mi madre? Marque el numero y tras un par de timbrazo escuche que descolgaron el telefono.
—¿Buena?
Su voz sonaba tan melodiosa como lo recordaba, emociones de mi madre en mi infancia me invadió. Podia oler esos panecillos de manzana que me preparaba cuando tenia doce. Imágenes de ella abrazándome cuando no pude clasificar como la reina de la caravana cuando tenía quince. A ella apoyándome cuando pude entrar a la banda musical en la secundaria. Yo adoraba a mi madre, pero por una tontería en mi adolescencia donde ella decidió no apoyarme determine que era mejor alejarme. Sin comprender mis labios temblaron por la emoción, no la habia escuchado desde hace doce años donde decidí irme. Enviaba regalos materiales como si aquello pudiera cubrir la falta que hacía.
—Mi pequeña —murmuro— ¿Eres tu en el telefono?
Mi rostro simulo una pequeña sonrisa pues le habia llamado al telefono de casa, ella adoraba mantener sus cosas y entre ella tenia esos telefono sin identificador.
—¿Cómo lo supiste?
—Porque una madre sabe, he tenido sueños donde siento que necesitas un abrazo ¿Volverás para esta navidad a visitarnos?
—¿Me dejarías?
—Mi pequeña, mis puertas siempre estarán abiertas, toma un vuelo y vuelve a tu verdadero hogar.