—Dave, te odio ¡Te odio con todo mi corazón! No quiero volverte a ver.
—Veliza entiéndeme, no es lo que piensas.
Su cercanía me quemaba, mi corazón palpitaba, mis lagrimas caían, comenzaba a hiperventilarme. El dolor voraz consumía todo mi ser.
—No quiero volver a verte nunca más ¿Entiendes? Prefiero morirme, que me atropelle un auto antes de volver a verte.
—Créeme, no es lo que piensas.
La nieve descendía del cielo, lo que usualmente significaba alegría, ilusión, amor, en esos momentos sentia decepción, aborrecimiento, y odio del. Dave, mi Dave, el Dave que me pidió que nos casáramos, ese Dave que tanto ame, el que rompió en solo un momento.
El cumulo de emociones se desbordaban, sollozaba, lloraba porque los recuerdos me devoraban. Su mirada estaba mortificada, intentaba sujetarme, esos ojos color jades que tanta amor me mostraron en esos momentos están atormentados, afligidos, adoloridos buscando que creyera en el. La vesania en mi rostro era palpable. Lo amaba con toda la fuerza de mil soles…..pero en esos momentos lo aborrecía, quería desaparecerlo.
—¿Qué no es lo que pienso? ¡Que no! ¡Entonces porque te encontré haciendo eso! ¡Te odio! Espero que nunca encuentres el amor ¡Mueras solo y amargado por lo que me acabas de hacer!
Un toque en mi hombro me levantaba de ese largo letargo. Me habia entregado en los brazos de Morfeo. Parpadeaba varias veces obligando a mi cuerpo a levantarme, algo somnolienta notaba a una azafata mirarme con una cálida sonrisa.
—Señorita, el avión ya ha aterrizado, debe bajar del avión.
—De acuerdo.
Flexionaba mis brazos y piernas dejando escapar un leve sonido desde mi garganta al hacerlo. Habia sido un viaje de ocho horas desde California a Vermont, debía estar muy cansada para dormir tan profundamente, era entendible.
Desde que tuve la reunión con Sheldon, mi vida se habia vuelto un caos. No habia ninguna red social que entrara donde era atacada a muerte, odio por matar al personaje principal, lectores sufriendo. Incluso, en una ocasión tuve que llamar a la policía pues alguien filtro mi dirección y habia tenido a un grupo de personas lanzándole piedras y pintura a mi mini cajita de cerillos que llamaba mi hogar. Apenas habia dormido, en las noches habia recibido a personas intentando entrar en donde dormía lo cual me provoco una ansiedad para dormir, pero lo que mas me molesto es….que soñé con el.
¿Por qué?
¿Por qué volvía a torturarme?
Doce años atrás me jure que lo odiaría hasta con la ultima gota de agua de mi cuerpo por lo que me habia hecho.
Me levante del asiento que se me habia asignado sintiendo un leve cosquilleo en mi mejilla. Lleve mi mano derecha acariciándome con suavidad sintiendo algo liquido en ella.
¿Había llorado mientras dormía?
Debió ser por la rabia, si, eso debió ser porque odiaba a ese idiota. El juro que me amaría, que me seguiría amando, aunque lo odiara, que me esperaría.
Tras el caos de mi inútil exesposo me di cuenta que aparentaba ser fuerte desde que me fui. Siempre cabeza en alto, todo intentaba hacerlo sola, nunca perdía ayuda….aunque por dentro….dentro de mi corazón estaba totalmente despedazada, rota en miles de pedazos sin saber cómo pegar cada una de las piezas.
Dave, me rompió de tantas maneras que se me hizo preguntarme si el amor existía, intente buscar otras parejas para simular lo que teníamos, pero jamás funcionaron. Eso me provoco odiarlo más, detestarlo, quererlo lejos de mí, pero a veces, solo algunas veces me pasaba imágenes del diciendo que aquí estaría para mí.
¿Estaría aun esperándome?
¿Por qué me hacia esa pregunta?
Ya seguramente me estaba afectando el cansancio.
Bajaba mi maleta de mano y tras esto me dirigía a buscar mi maleta en la banda correspondiente. Mis dos maletas con la pesades de mi alma llena de ropa era lo único que traía de California. Al salir, desde lejos pude ver esos reflejos dorados coloreados en la punta con colores purpuras y verde. Una mano alzada a la distancia moviéndose de un lado a otro para darme la bienvenida. Me acercaba a ella la cual me recibió con un abrazo tan fuerte que podia demostrar todo el cariño que pareció guardar en años.
—Vel, bienvenida a casa.
Mi hermana menor Helen me abrazaba por unos segundos separándose de mi. Me observaba fijamente tomándome de las manos como hacíamos cuando éramos jóvenes. Antes de irme, la adoraba, pero tanto ella como mi madre lo defendieron a el.
¿Abre actuado como una chiquilla?
Tal vez, pero cuando me fui apenas tenía la mayoría de edad.
¿Por qué no volví?
Mi ego de adolescente me alejo, y tras pasar los años me sentía tan arrepentida y extremadamente avergonzada que no quería verles las caras.
Mi hermana Helen me escudriñaba con sus ojos color ámbar por un buen rato. Ella apenas tenía veintiséis y ya estaba casada con tres hijos. Su esposo y ella se conocieron en un trabajo de medio tiempo quedando locamente enamorados…tan enamorados que se embarazaron a los cinco meses de conocerse. Un embarazo adolescente que según mi madre que le había dicho a mi padre casi la mataba, pero no sucedió. Actualmente ella trabajaba en una floristería mientras su esposo era el manager de uno de los supermercados del pequeño pueblo.
—Helen, tanto tiempo.
—Demasiado, pensé que te habían secuestrado, cortado en pedazos y vendido tus órganos al mercado n***o.
—¿Por qué piensas eso?
—Aunque no lo creas soy fanática de tus libros —hizo una leve pausa riendo levemente tras lanzar un silbido— ese final del sexto libro encendió todas las redes.
—No sabia que leías mi libro —agache mi rostro intentando ocultar mi bochorno por no volver, un rubor comenzó a teñir mis mejillas.
—¿Bromeas? Son muy buenos, mamá compro desde tus primeros libros y los leí por curiosidad. Me volví adicta. Cuando lei ese ultimo capitulo de tu libro sabia que ibas a desaparecer por un tiempo —rio de manera burlesca— vamos, aquí no te encontrara ni el FBI.
—Por supuesto, aquí el único peligro que existe es que una vaca de algún rancho se escape y aparezca en tu jardín.
Ambas reímos a mi comentario mientras nos soltábamos. Mi pueblo era el típico pueblito, era tan pequeño que no era de sorprenderse que tu vecino conocía al amigo del vecino, del otro vecino, que era vecino del alcalde del pueblo. No era complicado que una persona se enterara de la precariedad de uno del pueblo, y dependiera que tan bueno era el chisme se expandía como la pólvora…..como en mi caso.
—Bueno Vel, te sorprenderás de que en el pueblo todo ha cambiado—tomaba una de mis maletas comenzando a caminar. Yo arrastraba la segunda siguiéndola.
—¿Cambiado? Explícame un poco.
—Bueno, primero muchas personas han dejado el pueblo, como tu, pero otras han venido. Como los precios de las casas estaban super baratas muchas personas de las ciudades se han mudado por la tranquilidad. Eso ha aumentado muchísimos las personas que vivían aquí.
«Si por tranquilidad, te refieres a un lugar desértico si lo creo»
—Ya veo Helen —continuaba caminando a su lado— Aunque eso no es muy interesante ¿O si?
—Para mi si, muchas mas personas significan más clientes.
Al llegar a su camioneta de la floristería subíamos mi maleta a la parte trasera. Mi hermana y yo subimos a la camioneta comenzando a conducir por la verdosa carretera. Media hora de viaje donde solo podías ver ovejas con un montón de lana siendo guiadas, vacas comiendo césped, personas en sus caballos, y uno que otros autos pasar. La vida en Woodstock tendía a ser aburrida pues a las ocho de la noche la mayoría de los negocios ya habían cerrado.
Vislumbre el enorme letrero que decía bienvenido a Woodstock tras salir de la carretera. Desde el momento que entramos pude ver que algunos negocios que recordaba en mi niñez no estaban, poco a poco me daba cuenta que todo para no decir su mayoría habia cambiando. Algunas casas habían sido agrandadas, nuevos negocios, mas personas, desde la lejania note que uno de mi dulcería favorita no estaba. Me encontraba tan exhorta en los cambios que era como una niña en un parque de diversiones mirando por la ventana.
—Vel ¿Todo bien?
—Si, es que es sorprendente —susurre con suavidad— mucho ha cambiado.
—Lo se, te lo dije, el pueblo cambio como las personas que están aquí —sonrió levemente— nos detendremos un rato al McDonald, les prometí a los niños unas cajitas felices si se portaban bien esta semana.
Una franquicia como McDonald era algo interesante, en aquel pueblo anteriormente todo era casero, apenas habia comida procesadas.
¿Tanto cambio?
Ella se detuvo en el McDonald mientras yo me quede sentada en su camioneta. Salía de la camioneta de mie hermana para poder sentir un poco del aire frio de diciembre, el frio en Vermont aunque no quisiera admitirlo lo extrañe. En California era caluroso todo el tiempo en donde vivía.
Frotaba mis manos, deje escapar el vapor de mis labios provocando una leve neblina, levante mi cabeza y mi mundo se detuvo al ver quien salía de una camioneta caminando hacia mi dirección.
Una melena color chocolate, un rostro totalmente cuadrado, masculino, su mirada verdosa era lo que más resaltaba del. Un metro noventa y dos, tenía un cuerpo más robusto, entrenado, tanto que indirectamente sin quererlo me llevo a mi secundaria.
El estaba en el equipo de futbol americano como mariscal de campo, yo era parte de la banda escolar encargada del clarinete. Nos conocimos por casualidad en una de sus prácticas, era unos dos años mayor que yo pero siempre fue extremadamente amable conmigo…..hasta que empezamos a salir. Un ángel en todos los sentidos, cariñoso, gentil, amoroso, pero todo cambio en una sola noche.
Lo odiaba.
Lo detestaba.
Lo aborrecía.
Entonces ¿Por qué mi corazón latía?
Mis manos que anteriormente estaban frías se sentían tan calientes que podían hacerle competencia a la lava. Sudaban, mi cuerpo comenzó a sentirse debilitado, sentia que todo se evaporo en esos momentos. El elevo su rostro como si mi intensa mirada lo perforase y alli nuestras miradas se encontraron.
Todo nuestro alrededor se esfumo, mi corazon martillaba tan fuerte que quería hacerle competencia a un área de construcción. Sus ojos que eran tan claros y suaves como el jade comenzaron a oscurecerse. Ese precioso verde se torno el oscuro verdoso de los arboles de un bosque en la noche.
—Veliza.
Por fin pronuncio a nuestra cercanía, un tono tan acido que quemaba mi piel ¿Por qué me hablaba en ese tono? Yo era la que debía de estar enojada.
—Dave.
—Volviste al pueblo —alzo levemente su ceja.
—Lógicamente, no soy un holograma.
—Un holograma seria mas placentero que verte a ti—tajo de una.
—Que amable —sonreía con sarcasmo intentando mantener la compostura.
—Gracias, intento ser amable con las personas que me caen mal por simple educación —continuo su camino pasándome por el lado.
Sin poder evitarlo observe su espalda al alejarse. Sus hombros estaban mas anchos, su presencia imponía respeto, pero a mi solo me lanzo odio.
¿A dónde se habia ido ese hombre que dijo que me esperaría?
No lo se, pero lo que mas me fastidiaba era que eso me afectara……cuando se suponía que yo lo odiaba.