Helen salió tras unos diez minutos de espera con tres cajitas felices de McDonalds, sus pasos eran rápidos, su mirada algo perdida como si hubiera visto algo que no debió haber visto. Se acerco con pasos rápidos, su sonrisa temblaba levemente.
—Vel, debemos irnos, adentro vi algo que no te gustaría ver.
—Si hablas de Dave, ya lo vi —respondía a seca.
¿Qué sentimiento tenia por el?
Incomprensibles.
Lo ame con la intensidad de mil soles, nos entregamos el uno al otro por amor sincero y puro. Nuestra relación ocurrió en el verano, de esas relaciones tan explosivas que piensas que no podrás encontrar a nadie igual. Nos prometimos casarnos en nuestras ilusiones infantiles, nos juramos el mundo, y todo cayo cuando lo vi a él en esa escena.
Flashback
12 años antes
—Pedro ¿has visto a Dave?
—¿Dave? Tal vez esta con los muchachos celebrando…aunque entre tu y yo creo que se fue con Estela al segundo piso.
Ese día el equipo de nuestra escuela habia ganado gracias a Dave. En los últimos quince minutos brillo como nunca, tanto que todos se volvieron locos invitándolo a una de las fiestas más alocada en la casa de Estela, la hija de uno de los empresarios más grande del pueblo. El tenia su compañía en New york, pero se mantenía en el pueblo por la tranquilidad. El me habia invitado, pero yo rechacé ir hasta que sentí un leve presentimiento. No sabia que era, solo que debía encontrar a Dave.
En la fiesta el tumulto de personas era tan exuberante que era complicado pasar. Buscaba de manera insistente la escalera hasta que por fin pude encontrarla. Sin pedir permiso subía corriendo por la escalera entrando de habitación en habitación, cada habitación donde entraba, habitación donde veía a jóvenes liberando sus hormonas.
La incertidumbre crecía cada vez mas hasta llegar a la ultima puerta, mire el manubrio de la puerta, dorado. Las palpitaciones de mi corazon eran sorprendentes, habia un total silencio. Con lentitud giraba el pomo de la puerta dejando escapar un fuerte exhalo al ver la espalda desnuda de Estela encima de alguien.
Mi mano comenzaba a humedecerse buscándolo a él. Su cabello del color de las rosas se giró junto a ella, nuestras miradas chocaron, ella solo sonrió de una manera triunfal moviendo sus caderas de maneras circulares.
—¿A quien buscas nerd? ¿Buscas a Dave? El esta ocupado con una verdadera mujer.
Esa frase fue lo suficiente para que mi corazon cayera, pero no lo haría, mis ojos buscaban eran al dueño de todo mi amor notándolo tirado en la cama semi inconsciente.
—Da…..da….da….—la voz quebrada salía desde mi garganta—¡Dave! —Vociferaba con fuerza mientras mis lagrimas caían a mas no poder— ¡Que es esto! —exclamaba con dolor.
Desde mi posición solo pude verlo alzar levemente la cabeza como si mi voz lo hubiera levantado de un profundo sueño, sus ojos parecían perdidos, mis lagrimas caían a mas no poder. Por un segundo juraba que sus ojos totalmente desorientados regresaron a la realidad, intento levantarse pero yo solo corría de la escena alejándome del….para siempre.
Fin del Flash back
Al recordarme en mi adolescencia solo me pasaba como mi corazon se rompió en tantos pedazos que jure que lo odiaría, lo detestaría con todo mi sed. Quería que el sufriera como yo asi, que en mi primer libro cree un personaje inspirado en el dónde termino solo, amargado, tan triste que solo para mejorar su agonía prefirió la muerte. A pesar de eso, a pesar de que lo quería lejos de mi vida, mi corazon aun latía por él.
¿El que hizo?
Me buscaba todos los días con desesperación a mi casa. Me juro tantas veces que lo escuchara, pero no quise hacerlo. Mi madre si lo escucho, se puso de su parte y solo por eso yo la deteste. No podia creer que mi madre, sangre de mi sangre prefiriese creerle a el que aligerar la tristeza de su propia hija.
—Bueno, entonces vámonos que no quiero que te enojes.
El viaje a la casa de mi madre fue extremadamente tranquilo hasta llegar a mi hermoso hogar de la infancia. Aun estaba pintada de blanco como adoraba mi madre. Un césped verde con sus típicos gnomos de jardín, sus coloridas campanas de viento que parecía que el tiempo nunca paso para ellas. Todo el lugar siempre estuvo tan estático que pareció que nunca paso el tiempo, la única diferencia eran esas dos bicicletas y una patineta que reposaban en el suelo. Helen parqueaba delante de la casa y tras esto salía junto conmigo, me ayudaba a bajar mis maletas con una enorme sonrisa.
—Hogar dulce hogar.
—Lo de dulce si te lo creo.
Un comentario totalmente sincero pues desde mi posición podia oler el estofado de mi madre, y si habia estofado significaba que hizo su famoso flan. Mi madre Jennifer tenía una mano para la cocina de otro mundo, pero sus postres eran los que se llevaban las palmas. Con mi hermana arrastraba las maletas, hacíamos un poco de ruidos por el piso de piedra de la entrada. No habíamos llegado bien cuando la puerta de la casa se abrió emergiendo de ella mi madre.
—¡Ya llegaron!
Ni siquiera espero que llegara a la puerta, ella solo se acercó a nosotras abrazándome de una manera tan cálida, tan amorosa que mi corazón tembló de emoción. Los recuerdos de mi infancia con ella brotaron, muchas escenas felices donde estaba ella apoyándome, y la ultima que paso como un ligero flash en mi memoria fue el ¡Te odio mama! Que le lance antes de irme con mi padre.
Una frase tan infantil que no parecería de alguien que habia cumplido la mayoría de edad. Sin poder evitarlo mis lagrimas comenzaron a correr, eran fuertes, lo suficiente para crear un torrencial pues mis recuerdos me golpeaban en mis memorias. Pero en todo solo recordaba lo bueno de nosotras, nostalgia que a veces en la oscuridad de mi antiguo hogar matrimonial deseaba volver a tener. Habia llorado tanto en total soledad, intentaba hacerme la fuerte tras de eso, pero en el fondo, muy en el fondo deseaba volver a la casa de mi madre.
—Mi pequeña no tienes que llorar—su dedo acariciaba mi mejilla con suavidad capturando una de las lágrimas.
—Lo….lo….lo siento tanto mama—una voz quebrantada por todas las emociones que brotaban en esos momentos.
—No tienes que disculparte mi pequeña, ya volviste a tu hogar—su susurro calo en mis huesos de una manera tal que me llego hasta el último rincón de quien era yo.
Ese día me la pase con mi madre, mi hermana y mis tres sobrinos Violeta, Mike y Marisela. A pesar de que me fui por tanto tiempo ellos me trataban como si no hubiera pasado nada. Tras comer en una mesa tan amplia pues la familia habia crecido llego Ángel, el esposo de mi hermana Helen y Carter el esposo de mi madre. Agradecí que el no intento hacer de esas insinuaciones que mi padre me juro que el hacia pues no me aguantaría nada.
Durante ese día fue un rencuentro con mi vida del pasado, esa pequeña parte que llamaría felicidad que perdí hace tanto tiempo. Pasamos horas conversando sobre aquellas pequeñas bromas que nos hacíamos entre mi hermana y yo, cuando me rompí una pierna intentando hacer una voltereta, y incluso cuando salte al lago porque estaba aburrida en uno de los veranos.
Los recuerdos abordaban todo, y dentro de mi solo seguir, pero tuvimos que parar por los hijos de mi hermana. Tras retirarse el que más me parecía divertido era mas la pequeña Marisela que apenas tenía tres, hacia preguntas a cada momento que me hacia preguntarme como la aguantaba mi hermana. Tras despedirme me dirigía a mi habitación notando que todo estaba igual al encender la luz.
Mis postes de cantantes favoritos, aquel gran oso que me regalaron mis amigos por mi cumpleaños el cual me provoco una leve sonrisa, pasaba por mi escritorio notando mis fotografías escolares, el clarinete aun estaba en su vitrina. Era un baúl de los recuerdos, deje mi maleta al lado de mi cama, cerré la puerta sentándome en mi escritorio para abrir la gaveta. De aquí saque mi diario de adolescente. La escritura siempre estuvo conmigo desde mi adolescente, los poemas eran mi especialidad para relatar mis historias. Con una enternecedora sonrisa abría el diario yendo a la ultima pagina solo para ver el ultimo poema escrito.
Porque el amor no siempre te hará sentir feliz
A veces te destrozara hasta llegar a un sin fín
En aquel valle los vi
Sonreían viéndola a ella alejándote de mi
Oh la osadía, triste tortura desvariaste
Entre sus brazos te quedaste
Y aquí me dejaste
Muriendo
Sufriendo
Buscando
—Ay que deprimente —cerraba mi diario de una— Dave fue un idiota, es un idiota, y seguirá siendo un idiota, solo le demostrarle que no me afecto para nada y que ya crecí, lo superé.
En la profunda desesperación de mi habitación, no dejaría que el se metiera en mis pensamientos, no lo merecía, no lo dejaría, no lo quería……entonces….porque en el fondo de mi corazon sentia que quería escucharlo. Nunca lo deje hablarme ni explicarme, aunque mi madre me dijo que lo escuchara, hasta al estúpido de Emilio lo escuche, tal vez, solo tal vez era porque me daba pavor que me dijera que el llego a sentir algo por Estela.