Habia dormido temprano la noche anterior pues al estar afuera de la ciudad todos tendían a dormir temprano. Bajaba las escaleras con gracias dirigiéndome a la cocina. Sin poder evitarlo adoraba el espacio del hogar de mi familia, en mi caja de cerillo apenas era una habitación todo junto. Al bajar definitivamente me deje llevar por el olor de panqueques. Mi madre hacia esos panqueques de miel con manzana y banana me devolvió a mi niñez, eran mis favoritos y aun lo seguían siendo.
Entraba a la cocina notando a mi madre en la estufa tarareando una canción, la conocía, esa era la canción que ella siempre tarareaba cuando estaba feliz.
—Buenos días mama —con una voz concisa hablaba entrando completamente a la cocina colocándome a su lado.
—Buenos días princesa ¿Cómo dormiste?
—Exageradamente bien mamá, extrañaba mi cama.
Un sonido de una ronca sonrisa salió de parte de mi madre. Ella siempre habia sido calmada, serena de fácil entendimiento con un corazon tan puro como el de un ángel. Tomaba un plato que estaba al lado de ella sacando el tercer panqueque para colocarlo encima de los otros que ya estaban allí para pasármelo.
—Aliméntate ¿quieres que te haga huevos? O prefieres fruta.
—Mamá esto es más que suficiente.
—¿Tú crees? Me emociona poder hacerlo ya que en la mañana me quedo sola hasta que me voy a caminar un rato.
Mi madre al casarse con su nuevo esposo dejo de trabajar en la panadería donde solía estar. Su esposo actual creía que debía proveer, en las interacciones que pude observar con mi madre se le notaba que la adoraba y tal vez mi padre exagero un poco con él. Parecía un buen tipo y mi madre se veía feliz.
Conversamos un rato donde ella quedo en irse a las tiendas un rato, por mi parte yo iria a dar una caminata por el pueblo.
Me colocaba mi abrigo saliendo por el pueblo. El frio calaba en mis huesos por ende acomode mi gorra y mi abrigo mejor. El viento gélido congelaba mi nariz que imagine estaría sonrojada junto a mi mejilla. Durante mi travesía me di cuenta de que casi todo habia cambiando, desaparecido, mejorado o solo habia algo nuevo. Entre los cambios que mas me chocaron fue un parque al cual solía ir hasta mi adolescencia. Eran las diez de la mañana asi que me senté un rato en los columpios. Imágenes de mi yo del pasado iban y venían, era algo tan alegre que mi corazon palpitaba de emoción.
Tras un rato me bajaba del columpio yendo a una cafetería que no habia antes. Ordenaba mi café con tranquilidad cuando sentia un ligero codazo por lo que me gire con rapidez con intensión de insultar al agresor. Nuestras miradas chocaron y una enorme sonrisa se pinto en mi rostro. Tenia lentes, su cabello estaba mas largo, un par de aretes en los labios, pero seguía teniendo el mismo rostro junto a su piel canela. Lo abrace con fuerza sonriendo pues era uno de mis mejores amigos de la secundaria.
—¡Pedro!
—Asi que fue cierto, escuche por alguien que volviste al pueblo.
Su calidez en su apretón me devolvía a nuestro pasado. Ambos participamos en la banda de nuestra escuela pasando casi todo juntos.
—Aquí los chismes vuelan.
—Si, no te imaginas, una chica le dio una enfermedad s****l y lo supe en cuestión de hora cuando mis clientes vinieron a chismear aquí —sonrió de manera segura hasta que por fin me solto. Escudriño mi rostro con sumo cuidado haciendo un leve puchero tras unos momentos— tu apenas has cambiado, dime que clase de cremas usas para yo usarla también.
—No uso nada, solo intento alimentarme bien.
Durante mas de media hora hablábamos poniéndonos a corriente. Él era el dueño de esa cafetería además de que me conto la vida de los pocos amigos que teníamos en ese entonces. Muchos ya tenían una familia, otros se fueron a la ciudad y solo uno estaba soltero porque odiaba el compromiso. Muchos de los populares quedaron por debajo mientras que muchos de las personas que pensaríamos que fracasarían hicieron sus propios negocios. Mientras estábamos amenos en la conversación sentia un helar en mi corazón como si supiera lo que venía.
La puerta de la cafetería se abrió, gire mi rostro hacia el sonido de la campanilla de la puerta para notarlo a el. Su rostro era de poco amigos como si tuviera un palo metido entre sus glúteos. Parecía el mismo Grinch, pero al mirarme su rostro empeoro.
Su mirada verdosa color jade se endurecieron. Su mentón pareció tensarse junto a su cuerpo. El no se movió, solo se mantuvo pegado en esa posición mientras la puerta cerraba haciendo un ligero sonido tras chocar con la campanita. Nuestras miradas se encendieron revelando una acalorada pelea de mirada, como si pudiéramos insultarnos mentalmente.
«Maldito»
«Promiscuo»
«Ojala se te caiga»
« ¿Se le habrá caído?»
Mi cerebro pareció entrar en corto circuito pues con una ligera mirada rápida me dirigí hacia su entrepierna. Escuche un carraspeo que me atrajo a la realidad para volverlo a mirarlo en el rostro. Dave seguía siendo atractivo, juraría que se puso como el vino, mejor con la edad. Seguía teniendo esos ojos que me enloquecían, pero ahora su rostro era mas masculino, su voz mas profunda cuando lo escuche el día anterior, un cuerpo más musculoso a través de su camisa y juraría que incluso creció un poco más.
—Si sigues mirándome asi pensare que me acosas.
—¿Mirarte? No seas tan egocéntrico, preferiría ver la basura.
—Imagino que no le miras el pene a la basura Veliza —tajo de una— me sorprende que te hayas metido el rabo entre las piernas y volvieras al pueblo cuando dijiste claramente que no lo harías —su tono antipático mezclado con su enronquecida voz me hizo temblar —te tragaste tus palabras Veliza, dijiste que en este pueblo no podíamos estar los dos, y aquí estas.
—¿Y? Tu no compraste este pueblo, y puedo estar donde quiero estar en el momento que se me pegue la gana Dave —mi árida mirada lo penetraba— no eres dueño del pueblo asi que metete el dedo en la boca para que dejes de lloriquear que solo para eso sirves.
Aquello provoco una reacción negativa en su rostro. Por primera vez en nuestro intercambio de palabra su rostro se enrojecido del enojo. Parecía tener un cumulo de sentimientos encontrados que estaban a punto de explotar. El abría la boca, pero nuestra batalla de mirada era interrumpida por Pedro al colocarse entre el medio de nosotros dos.
—Dave, aquí tienes tu café n***o como te gusta, cortesía de la casa no tienes que pagar.
Entre su altura lo vi buscando mis ojos por unos segundos lanzando un leve gruñido. Tomo su café sin decir nada más saliendo del local. Al el irse por fin me pude dar el lujo de respirar con normalidad. Su presencia deprendió un ligero momento incomodo entre nosotros, pero Pedro comenzó a aplacarlo conversando conmigo de otros temas hasta que por fin suspiro dejando salir lo que en verdad pensaba.
—Vaya, si no supiera que lo odias, pensaría que te gusta.
—No lo hago, pero el ha cambiado demasiado, ya no es el chico risueño de antes.
—Entiéndelo Veliza, el ha pasado por muchas cosas personales, lo ultimo que le paso fue que el año pasado murió su esposa de cáncer.
—Vaya, que trágico.
—Si, fue doloroso —se recostaba de su mostrador mirándome por unos segundos— ahora que lo pienso, tu te pareces muchísimo a su esposa.
—¿Yo?
—Si, mira, deja busco una foto en mi red.
Pedro comenzó a buscar en su telefono por un rato y tras unos minutos me paso su telefono. En la foto se veía a Dave con una sonrisa que parecía alegre, pero sus ojos estaban llenos de tristeza. Estaba con una mujer a su lado lo cual me provoco un leve sobresalto ¡Era mi clon! Mi mirada llena de pánico se dirigió a Pedro el cual solo movió sus hombros con indiferencia.
—A mi no me mires, el se fue por un mes a Rusia y volvió con esta mujer.
—Si no supiera que nos parecemos a mi madre pensaría que mi padre fue infiel.
—Lo sé, yo no se si fui el único que se desconcertó, pero fue una verdadera sorpresa para mí, la única diferencia entre ustedes eran sus ojos, la altura, la edad pues era más joven y el pelo, pero tenían un rostro sumamente parecido. El la quería mucho y cuando murió quedo extremadamente destruido, aun no lo supera. Tal vez le recuerdas a su esposa y por eso te trata asi.
—No lo se ni me interesa —susurre levemente— entre él y yo, yo soy la única que tiene derecho a odiarlo, el no me puede odiar a mí.
—Bueno, entonces evítense porque con la mirada que se dieron aquí parecía que una bomba iba a explotar.
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Habia pasado todo el día de compra ¿Por qué? Dicen que esa es la mejor manera de olvidar todo, además en este pueblo no habia mucho que hacer, o tal vez si pero no tenia pareja. Comía un helado de vainilla pues adentro del centro comercial hacia demasiado calor. Me detuve delante de una juguetería pensando que tal vez debería comprarle juguetes a mis sobrinos para navidad. No los conocía tan bien asi que no sabia que comprar. Por lo general, contrataba a alguien que comprara para mi y que se encargaba de enviarlo, pero eso solo significaba que yo no sabia que estaba de moda para los niños.
Estaba tan distraída mirando un enorme dinosaurio de bloques armados cuando sentia que algo me sujetaba las piernas. Hacia una leve presión en mi muslo, era algo pequeño, baje mi mirada notando a una pequeña de ojos esmeralda que me penetraban mis ojos. Su cabellera larga era sostenida con un hermoso lazo rosado, que parecía haber sido peinado por un caballo de tan mal que estaba. Ella me observaba con total detenimiento en mi rostro y tras un rato me sonrió.
—¡Mami! Si viniste por mi en esta navidad ¡Si cumpliste tu promesa!
Lamia mi helado con lentitud intentando no parecer totalmente incomoda a lo que decía la chica.
—Niña, no soy tu mami —movía mi mano lentamente como si fuese un perrito— chu chu busca a tu mami que debe estar preocupada ¿Te perdiste? Te puedo ayudar.
—No…. ¡No mientas! ¡Tu eres mi mami!
—No lo soy —intentaba responder lo más amable posible.
No sabia como tratar con niños pues yo nunca tuve además de que no sentia empatía por ellos. Dicen que las mujeres tienen esa alarma maternal que te hace apurarte, la mía parece que estuvo en hibernación.
—Pero mami, dijiste que me llevarías a pasear.
—Niña, ve a buscar a tu mamá, seguro está preocupada.
—¡Mónica! ¡Mónica! ¡Oh, Dios! Allí estas….lo siento mucho, se me escapo cuando estaba pagando sus muñecas.
Un grito totalmente preocupado se escuchaba detrás de mí. Al girarme pude ver su rostro totalmente angustiado, no era el mismo que entro en la cafetería. El se detuvo para ver quien era y en ese momento todo nuestro alrededor desapareció. Hubo una chispa entre nosotros que asimile que era de la rabia que nos teniamos.
—Veliza.
—Dave.
Ambos hablábamos de una manera tan seca que podría hacerle competencia a un desierto. No hicimos ningún movimiento como si estuviéramos en un campo minado, no nos hablamos, solo nos observamos. No supe cuánto tiempo estuvimos allí hasta que sentia un jaloneo en una de mis manos.
—Papa, he encontrado a mi mami ¡Mira! Es mi mami
Aquella frase rompió la burbuja personal donde nos habíamos encerrado, aquella burbuja donde pareció que solo estábamos el y yo….nadie más solo nosotros.
—Princesa ella no es tu madre —su mirada se sostuvo en la mía.