Miguel estaba furioso, como un demonio salido del infierno y buscando muerte. Soplaba un fuerte viento cuando apareció. Y lo pateo fuertemente en el estómago. Brad yacía en el suelo, agonizando y suplicando de dolor. Miguel lo agarró del cuello y lo hizo levantarse. No podía respirar bien. Miro a Miguel con los ojos muy abiertos en pánico y trato de hablar. “Miguel... estuve mal. Lo que hice estuvo mal. No me atreveré a hacerlo de nuevo. ¡No debes matarme por solo una mujer! No vale la pena matar por una mujer...” “¿No vale la pena?” Miguel entrecerró los ojos al escuchar esto. Desde que ella regresó a su lado, ya tenía claro que debía de protegerla a toda costa con todo su corazón. Pero antes de poder protegerla, este bastardo ya la había atormentado. Sus ojos se transformaron

