“¿Estás bien? ¿Por qué eres tan descuidada?” Miguel se enojó, pero no quiso hablarle de mala manera. “No pasa nada.” Claudia sacudió sus manos. Ella no era una muñeca de porcelana que se rompería con facilidad. Ella dio un vistazo hacia arriba. Su mirada se quedó aturdida. ¿¡Por qué Miguel estaba sin ropa!? Estaba completamente desnudo, y gotas de agua derramaban de su cuerpo. “Ah...” Ella gritó y se cubrió los ojos de inmediato. Estaba avergonzada y molesta. Y tartamudeaba: “¿Por qué no traes ropa? ¿Acaso no tienes vergüenza?” Miguel la miró y no pudo evitar bromear: “Esta es mi habitación. ¿Por qué no puedo estar desnudo aquí? Hace un momento estaba en la ducha y te escuché gritar. Pensé que te había pasado algo y salí preocupado.” “¡Eres un pervertido!” “¿Pervertido?” Migu

