—Estás castigada, recuérdalo—vociferaba su padre—.Ni creas que resetear a Alone porque ya solucioné ese problema.
—No me importan tus reglas, papá. Sebastián no es negociable.
—Ya verás jovencita—dijo por último.
A la media hora de irse su padre el chico Finderman se encontraba en el recinto.
—¿No tienes el robot aún?—dijo inspeccionando la casa.
—No, ¿porque te interesa?
—Sería divertido romperlo.
—Ni hablar, mi padre ya te odia lo suficiente y además, es su trabajo lo respeto.
—De todos modos bromeaba—dijo acercándose y dándole besos.
—¿Es verdad lo que dijiste que no lo haríamos en mi casa?
—Sí—suspiró—.Debes seguir siendo una mojigata.
—¿Mojigata?—replicó ella.
—Sí, a veces lo eres. Eres un poco aburrida—dijo riendo.
—Claro porque lo divertido es hacer fiestas, drogarse y tener sexo que no recuerdas, ¿cierto?—dijo irónica.
—Me acabas de dar una idea—dijo tomando su celular.
—No jodas que vas a hacer otra fiesta.
—¿Porque? ¿No puedo?
—Tu padre no habla bien de ti, Sebastián, deja de darle motivos para que se siga quejando.
—¿Y tú que sabes de la relación de mi padre y yo?
—Lo que sé, no es un secreto Sebastián.
Él se levantó del sofá donde estaba recostado y se dirigió a la puerta.
—¿Te irás?
—No hables de mi familia, no sabes nada.
—¿Y que debo saber?
Él la mira, mira la cámara y se vuelve a ella apretándola la casa con una sonrisa.
—Porque mi familia no es como la tuya sobretodo mi padre, tiene sus secretos y que los menciones siquiera me pone violento.
—¿Me harías daño?—balbuceó ella y él la soltó.
—No, pero si piensas eso de mí, mejor no vayas a la fiesta.
—Soy tu novia...
—Pues ya no, ¿bien?
—Sabes que tengo razón Sebastián, vamos...
—Mira, tú no sabes nada Melodie—dijo marchándose y cerrando la puerta con brusquedad.
Ella se da media vuelta y se toma del cuello suspirando entre lágrimas.
—No debería dejar que la trate así, Srta—espetó la voz.
—¿Quien te volvió a instalar?
—Su padre, pero suelo esconderme para que no toque mis cables importantes.
—Lo sabía—dijo echando un largo suspiro.
—No debería enojarse con su padre Srta. él solo quiere su felicidad.
—Estoy harta de ésto, me iré a lo de Sebastián.
Cuando llegó la fiesta no pudo evitar ir a ver a Sebastián, pero cuando llegó él estaba comprando drogas, ella toma la parada y lo empuja
—¡¿Que haces?!—preguntó él enfurecido.
—No dejar que sigas matándote.
—¿Quien te dio ese derecho?
—¡Me lo prometiste Sebastián, que te quedarías aquí!
Él le dirige una cachetada, todos en la fiesta voltearon a verlo. Ella sostuvo su mejilla y lo miró fijamente.
—¿Crees que porque soy tu novia puedes levantarme la mano? Que te ayuden tus dealers—dijo intentando marcharse, pero él la toma bruscamente del brazo.
—¿Que quieres de mi, Mel?
—Que no te drogues.
—¿Porque quieres eso? Todo el mundo lo hace Mel, entérate.
—No eres tú cuando lo haces,
—¿Que no soy yo? ¿Porque? ¿Acaso te golpeo?
—No.
Él volvió a tomarla fuerte del brazo y la tiró escaleras arriba en su cuarto, mientras se desabrochaba el cinturón, ella le pidió que no hiciera nada.
—No tengo ganas, Sebastián.
—No me importa. La próxima vez que me digas que soy diferente, recuerda este día—dijo mientras la penetraba.
Ella en shock bajó las escaleras y tomó un hilo de cocaína que le invitaron. Luego caminó hasta el espejo del baño y se miró si tenía marcas, no había nada. Se lavó el rostro y quedó petrificada cerca del baño.
Salió de la fiesta y una chica de su clases le sonrió, no sabía porque eso le lastimaba. Solo pudo llorar un poco y cuando volvió a su casa, a su cuarto, no eran lágrimas vertientes, solo eran lágrimas que recorrían sus mejillas como si invadieran un espacio que no les correspondía.
No bajó a cenar con su padre, le dijo que se sentía mal y luego solo se recostó a pensar si aquello era normal entre parejas, si aquello siquiera fue consensuado, si tenía que gritar, alejarse o si tenía que contárselo a alguien, pero todo era reemplazado por la sola idea de que perjudicaría a Sebastián y perjudicarlo a él no era perjudicar a cualquier violador, era perjudicar a alguien que busca excusas para suicidarse.
Bajó a almorzar con su padre para que éste no sospeche.
—¿Que tal la escuela?
—Supongo que normal, bajé el rendimiento pero ya lo voy a recuperar.
—¿Porque bajaste el rendimiento?—preguntó su padre.
—Porque tengo un padre que me prohíbe tener amigos.
—¿Lo dices por el chico Finderman? Ayer dio una fiesta, ¿estabas allí?
—No te preocupes no hablo más con el chico Finderman.
—¿Es algo que deba preocuparme, Mel?
Ella negó con la cabeza.
—Solo rompimos, una discusión.
—Entonces es una buena noticia—dijo alegre su padre.
Ella cabizbaja le respondió;
—Eso es porque no conoces a Sebastián. Volveré a ser invisible para todos, papá...
—¿No hiciste amigos estando con él?
—No, no me interesaba porque lo quería a él.
—Entonces deja que el boca a boca te traiga personas—sugirió su padre.
—¿Porque el padre de Sebastián no te compró el robot?
—Lo hará, su robot está en fabricación.
—Él no lo sabe...
—Claro, porque no lo paga él, sino su padre.
—De todos modos, los Finderman son raros ¿Que padre permite que su hijo falte tanto a la escuela?
—Sabes que paga a la escuela, es soborno, papá. —Lo sé, por eso es injusto. Eso será importante este año que se elegirán las universidades.
—Él irá a una privada lo más lejos de aquí, no te preocupes.
—¿Y tú?
—A la que pueda asistir con mis calificaciones.
—Sabes que irás a una privada si así lo necesitas.
—Como sea, ya me voy a la escuela—dijo intentando evitar la conversación pero luego ve a su robot.
—Trajiste el nuestro...
—Sí, ¿que te parece?
—Luce como un robot, no buscaste que luciera distinto.
—Pues, la idea es que sea herramienta no que reemplace a nadie, de todas formas puede ser personalizado.
—¿El nuestro no lo está?
Su padre negó con la cabeza.
—¿Y hará mis quehaceres?—rió.
Él sonríe a la par con una risa cómplice.
—Como limpiar lo que hagas en el baño.
—Genial—sonrió ella y se marchó a clases.
Su padre pensó que si no estaba Finderman en el medio tendría más tiempo padre e hija pero no fue así.
A ella le ardía el cuerpo en la misma secuencia que temblaba, vería a Sebastián, no sabía que le diría y todos en el salón se daría cuenta que sucedió algo, pero cuando llegó, él solo le abrazó, ella se mantuvo en shock hasta llegar y sentarse en su silla y esperar que llegue el periodo para poder hablar en privado.
—¿Que pretendes Sebastián?
—¿Llevar la mañana en paz?
—Sebastián, ayer, lo que hiciste...nunca había sido bulímica o anoréxica o algo pero todo sabe a lo mismo ahora.
—Ya, ya, lo siento. Vendrá Halloween, vendrán fiestas geniales.
—¿Tan siquiera escuchas lo que digo?
—Te escuché, y si no quieres más de esas situaciones deberías llevar un corsé y orejas de conejo, siempre me excitaron las conejas de playboy.
—No puedo creer que cínico...
Un chico se le acercó a Sebastián y le dio más drogas. Ella suspiró con letargo.
—¿Más drogas?
—Mel, sé que consumiste ese día...
—Sí, porque me atacaste.
—Estaba drogado, y tú también.
Ella negó con la cabeza.
—No estaba drogada en ese momento.
—Pues nadie te creerá porque inhalaste cocaína frente a todos esos pendejos.
—Me heriste, Sebastián.
—Eres de mi equipo mi amor...
—Duele ser de tu equipo.
—Perdóname, sé que te asusté.
—Sabes que fue más que un susto.
—Pero no puedes perderte solo porque estábamos mal, no puedes herirte solo porque peleamoss.
—No fue una pelea, Sebastián.
—No, lo que fue es una discusión en la que te dañé y te lastimé y tendré que pedir tu perdón pero solo quiero volver a la normalidad.
Ella se toma del ceño fruncido.
—¿Normalidad dices? Me drogué solo para olvidar lo que me hiciste, y por lo que dices no podré defenderme de ti, no quiero esta conversación—espetó alejándose...
Pero sabía que Sebastián seguiría insistiendo.