Allí estaba Mel viéndose al espejo con detallismo. Le daba asco, culpa y por un lado vergüenza del tipo que solo quien haya sido abusado lo entendería. No quería ir a la escuela, quería quedarse a dormir y hacer como que el mundo no existiese. La voz de Alone se hizo sonar ''Es hora del desayuno'' y así bajó las escaleras, con el alma escurriéndose.
Para su suerte, su padre no estaba, ésta vez podría faltar y aunque quería no podía llorar, solo supo que era sabido y lo que recordaba después de drogarse. Sebastián significaba todo lo malo de este mundo, odiaba su rostro, su nariz respingada, sus pecas, el rubio de su cabello, su semblante blanco, sus clavículas que le recordaban punzándole el cuerpo, odiaba todo de él porque si no lo odiaba, lo amaba y no podía amar a un monstruo.
—Alone, ¿papá sigue trabajando con los robots?
—No Srta. Solo trabaja conmigo.
—¿Porque contigo?—inquirió ella con sorpresa.
—Dice que mis patrones son diferentes.
—¿Y te dijo que es lo diferente?
—Manifiesto humanidad, Srta.
—Eso es imposible, Alone.
—Su padre es un gran ingeniero, podrá descubrir lo que sucede.
—No es Dios.
—Srta. Jamás seré humano, solo busco ayudar a su padre en un terreno desconocido.
—¿Que dices si te digo que corté con Sebastián?
—Pues le desearía el bien.
—¿Porque? No conoces a Sebastián.
—Conozco sus antecedentes.
—No puedes juzgarlo, eres una computadora.
—Dígame usted entonces, porque es importante.
Ella negó con la cabeza.
—No, es imposible. Papá debería ser el único contento de que Sebastián no esté en mi vida.
—No siento eso, Srta. Pienso que eso no la hace feliz. Sebastián la hacía feliz.
—Es un monstruo, Alone.
—¿Que clase de monstruo? ¿Tiene la piel y los dientes como uno?
—Hay todo tipo de monstruos, Alone. A veces están escondido entre nosotros los humanos.
—Habla como si supiera de ellos, ¿ha conocido un monstruo alguna vez?
—No quiero hablar de eso—acotó ella.
—Pero me intriga saber, Srta.
—Créeme que no te gustaría saber del monstruo.
—¿Le han hecho daño, Srta?
—Sí, pero no se lo cuentes a mi padre.
—Sabe que no mantengo secretos con su padre, Srta. Mel.
—Pues éste será solo uno. Debe serlo, ¿lo prometes?
—Lo prometo, Srta.
—En ocasiones aunque no seas humano, pienso que si lo fueras, estaríamos enamorados.
—¿Enamorados? ¿Porque piensa eso, Srta?
—Porque me entiendes y no me juzgas.
—¿Eso es cosa de humanos?
—¿Eso lo hacen los humanos? Suena a como si fuéramos los humanos los monstruos.
—Lo somos—afirmó ella.
—¿Y cómo lo distinguen?
—Esa es la parte difícil, diferenciar monstruos de la gente buena.
—Suena difícil—respondió la voz.
—Lo es.
—Su padre está regresando.
—¿Que? ¿Porque?
—Desea hablar con usted.
—¿Porque? ¿Sobre que?
—Por su relación con el joven Finderman.
—¡Por un pelo! Ya ni siquiera estoy con él.
Al llegar su padre, ella lo saluda con gesto cansino.
—No se porque has faltado a clases—dijo dejando el maletín en la puerta—¿Tienes una razón viable?
—Me vino el periodo.
—¿Porque creo que eso es mentira?
—Como sea si me crees o no.
—Me han entregado tus calificaciones.
—¿Y estoy en problemas?
—Creí que querías entrar en una universidad buena.
—Pues, evidentemente no lo será.
—Era solo un esfuerzo, Mel.
—¿Que importa de todos modos? Si iré a alguna privada, puedes pagarlo.
—¿Quieres ir a una privada con todos los chicos que no se esforzaron jamás? Tú no eres así, estudiabas, te gustaba hacerlo.
—Con mamá, pero ella ya no está. ¿Cierto?—dijo ella en aplomo.
—No puedes bajar tu rendimiento solo por eso, ¿no querías acaso ir a la escuela para ser normal? Entonces sé normal, cuida tus calificaciones.
—Vale, subiré las calificaciones, ¿contento?
—¿Todo esto es por el chico Finderman?—dijo él frunciendo el ceño.
—Esa historia ya terminó.
—Supongo que terminaste con el corazón roto. Te lo dije, no es un buen chico.
—Deja de hablar como si supieras lo que sucedió. Solo sé feliz porque ya no estamos juntos.
—Esa clase de chicos hacen eso, querida. Solo quiero que estés bien.
—Pues yo no soy la clase de chicas que llorará por alguien, así que estaré bien, papá.
—Está bien ser débil a veces, Mel.
—No, no soy débil porque entonces la vida creerá que no soy fuerte. Y puedo soportarlo, como lo hice con mamá.
—¿Y piensas que ser fuerte y demostrártelo lo hará real?
—Nada que no pueda resolver sola, como siempre.
—Sabes que mi trabajo es demandante...no puedo estar aquí para ti, pero lo haré si quieres.
—No importa, has tu trabajo.
—¿Será real lo que dices o solo lo dices para confortarme?
—Si no crees en lo que te digo, ¿para que preguntas?—insistió ella.
—Estás a la defensiva, eso lo haces cuando estás triste.
—Y cuando estoy enojada también.
—¿Y porque te enojarías?
—Porque mi padre no cree en mí.
—Eres como tu madre, no hay duda. Cuando necesites algo, si lo haces, ven conmigo y dímelo.
Dicho ésta última oración su padre salió nuevamente. Ella lo veía con desdén desde la ventana apretándose las uñas contra su pierna.
—Srta, Sebastián la está llamando—comunicó la voz.
—Déjalo, no quiero contestar.
—Quizás hablarlo serviría para que puedan estar juntos.
—Alone, te recuerdo que eres un sistema operativo, no eresnada, no eres un robot y definitivamente no eres humano aunque mi padre trabaje contigo, así que déjame de darme consejos como si fueras mi amigo.
Dicho ésto último, Mel vuelve a verse al espejo, sintió que la observaban y no le importó, estaba rota, esperando que Sebastián cambie, solo una parte de él, pero se daba lástima a si misma, porque Sebastián seguiría siendo lo que es y ella no quería dejarlo, la otra cara era la soledad y estuvo cansada de que ésta le tocara la puerta.
Allí fue que decidió, volver con él, ser la dama y la bestia, porque estaba tan rota, que no podría romperla más. Y ella se supuso fuerte, lo suficiente para estar junto a su violador. Además, no podría dejarlo solo, ¿que sería de él sin ella? Intentaría suicidarse, o su padre lo haría sentir peor. De alguna forma, ella era su seguridad y él su compañía. No importaba si fuera malo, solo importaba no estar sola.