El almuerzo está servido, y las pizzas ocupan el centro de la mesa, todavía en sus cajas. Nada de mantel, ni servilletas dobladas como si estuviéramos en un restaurante caro. Antes, cuando el viejo estaba, todo era un desfile de formalidades. Ahora, con él ausente, todo se siente más relajado, casi como si hubiéramos vuelto a la vida real. A Amarai parece no molestarle. Es más, diría que hasta se lo toma con gusto. ¿Está mal que le vea el lado positivo al hecho de que mi papá esté en cana? Supongo que sí. Pero qué me importa. Además, le va a venir bien un baño de realidad. De todas formas, va a caer parado, como siempre. Los abogados carísimos que tiene ya están haciendo de las suyas, y cuando nos queramos acordar, va a estar con nosotros de nuevo, rompiendo las bolas, como siempre. Lucas

