ANA Termino de cerrar mi casillero cuando Marcela se acerca a mí, Dios, ¿acaso no puedo tener un día lleno de paz? —¿Y ahora qué quieres? ¿Viniste por la segunda ronda? —siseo por lo bajo. —No, quiero pedirte una disculpa, yo… actúe mal, y además no dije nada, no quiero que te expulsen, tampoco quiero que pienses que estoy del lado de Selene. —Demasiado tarde para eso ¿no? —enarco una ceja con incredulidad—. Y no me van a expulsar, eso ya está arreglado. La mente se me oscurece de solo pensar en la forma en la que se solucionó todo. Kabil me las va a pagar, lo juro, por ahora, es mejor seguirle la corriente. —¿Ana? Salgo de mi ensimismamiento. —¿Algo más que decir? —la enfrento, cara a cara. Marcela arruga el gesto y suelta un suspiro lleno de cansancio, si me fijo bien, p

