ANA Bajo las escaleras de mi casa, tratando de que mis pasos no resuenen contra el mármol pulido, soy una reina, no me dejo de repetir, aunque esta noche no me sienta así. La cabeza me estalla. Me retumba cada maldito recuerdo del día. Siento la tensión apretada en mi nuca, igual a un hilo invisible que tira con fuerza de mi propio orgullo. Al llegar al último escalón, detengo mi andar. Escucho una risa que conozco demasiado bien, aguda, brillante, fingida hasta el hartazgo. —Caroll —mascullo con los dientes apretados. Mi prima no es otra cosa más que mi copia fallida, es de esas rubias que brillan demasiado pronto y se apagan muy rápido. Sus ojos azules, son tan fríos como la porcelana que colecciona en su estúpido cuarto decorado con mariposas. Es fuego, y yo escarcha. Me asomo con

