—Pobre Natalie. Era una gran amiga. Trabajaba para Jessica. Ella conocía mi historia y yo conocía la suya. Nunca le gustó lo que hacía; sin embargo, no vio otra salida y mira ahora... —Catherine se lamentaba con todo el alma. Mik asintió—. Quería ayudarla a salir de esa vida, por eso le di mi tarjeta para que me llamara. —La rubia negó al ver otra vez la foto, seguía pensando en que pudo haber hecho más por ella—. Dime cómo pudo terminar de esta forma. —Quería saberlo, necesitaba hacerlo. —Al igual que yo conozco tu historia, tú conoces la mía... ¿No es así? —musitó Mik y miró a Catherine, quien asintió. Mientras su antigua compañera tomó un sorbo de café, el mesero llegó con la orden de la rubia, dejándolas solas enseguida. Ambas se miraron detenidamente; la rubia recordaba todo. —La

