—Vamos, dispara, y luego de eso verás cómo le vuelan los sesos a Catherine. —Afianzó más su agarre, haciendo que la rubia soltara un gemido de dolor. Marcus dio un paso, pero enseguida se detuvo; no podía ser imprudente en ese momento, y lo único que le quedaba era pensar en algo para salvarla. —Estás ebrio. —Atinó a decir. Lo supuso por su forma de hablar e incluso por su dificultad para mantenerse de pie. —¿Eso importa? —Sonrió de nuevo—. ¿Por qué mejor no te pones cómodo? —Señaló el sofá. Estaba loco si creía que se sentaría mientras lo veía lastimar a Catherine. —Marcus, haz lo que te pide. —Catherine musitó con calma. A pesar de estar en aquella situación, trataba de mantener la serenidad. El azabache asintió; solo lo haría por ella, sabía lo que hacía y confiaría en su juicio. —N

