Catherine se separó estrepitosamente. D’monte suspiró cansino y se acomodó su traje antes de soltar un adelante. Ken entró a la oficina y frunció el ceño apenas miró a los dos aludidos. Catherine no lo miró a los ojos, eso era una mala señal para Ken, del azabache no se preocupaba, Marcus siempre actuaba así con él. —¿Llegué tarde? —preguntó al ver que ellos ya habían empezado con la reunión. —No, yo... —Catherine señaló a Marcus—. Llegué antes, te dije que tenía una reunión con la maestra de Mia y... —¿Qué pasa con mi princesa? —La rubia se dio un golpe mental, se suponía que no tenía que enterarse de esto. —¿Podemos hablar de eso más tarde? —le pidió. D’monte la miró nada convencido, pero tenía razón, no era prudente hablarlo en ese momento, aunque le preocupara lo que pasara con Mia

