Catherine no era la única con trucos bajo la manga, D’monte dio un golpe rápido para que la rubia soltara el arma y pudiera abrazarla con fuerza por la espalda. Catherine trató de zafarse, era difícil. Marcus seguía siendo el más fuerte de los dos, cayó con ella sobre la cama, no le importó que sus cuerpos se rozaran con tanta osadía. Marcus quería saber que estaba pasando en ese momento y por qué estaba tratando de matarlo sin razón aparente. Sabía que lo odiaba pero eso era llegar a los extremos. —¡Suéltame! —exigió la rubia. —¿Quién carajo eres y qué hiciste con mi esposa? —No lo dijo irónico. —Déjame ir si no quieres problemas. —Catherine se forcejeó, sonaba ruda. —¿Problemas con quién? —No era el momento, pero tenía que admitir que someterla de esa manera era una de sus más perver

