Ha pasado una semana, desde que hablé con Hardin.
Desde la noche en que me besó en mi habitación, no ha vuelto a hablarme; quizás se avergüenza de mí. Ya que él es uno de los chicos más populares del instituto.
Me encuentro en la cafetería con Mel, ella pasa más tiempo con Luke; últimamente andan muy juntos. Claro, como amigos. Porque Luke está con Victoria, mi mirada se posa en Hardin, el cual viene con la pelirroja. Desvío la mirada para no verlos.
—Aria, ¿qué te pasa? —Pregunta Mel con preocupación.
—No pasa nada. Voy para la biblioteca. —Ella asiente y me encamino hacia allá.
Esta semana me he sentido un poco extraña, es como si alguien me estuviera observando; en el instituto cuando me pasa eso, ladeo la cabeza y logro ver al profesor Christian. Eso es algo incómodo, y sí él también me observa fuera del instituto. Sacudo mi cabeza para sacar todas ideas absurdas de mi mente.
Él es mi profesor, sería algo loco que Christian me observe. Y sí fuera así. ¿Por qué lo hace? ¿Qué ganaría con eso? Tras haber estudiado para el examen, salgo de la biblioteca..., con dirección a mi siguiente hora de clase.
La clase transcurrió con normalidad, ahora me encuentro en el salón hablando con mi amigo Luke, Estamos esperando que el timbre suene para irnos a nuestras respectivas clases.
—Vamos a una fiesta esta noche. —Dice moviendo sus cejas.
—Bien, pasas por mí. —Asiente—. A las 8:00.
—Sí. —Suena el timbre. —Nos vemos, hermosa. —Me da un beso en la mejilla y sale del salón.
Bufo de mala gana y recojo mis cosas para irme a mi clase. "Química" como odio esa clase. Me dirijo a la puerta cuando veo al profesor de biología que entra por la puerta, tiene su mandíbula tensa. Y los músculos de sus brazos se contraen por la fuerza que ejerce, al apretar su manos vueltas puño.
Por instinto retrocedo, nunca lo había visto enojado. Él hace unos días que llegó al instituto, y desde ahí he notado que no deja de mirarme.
—¿Qué hacías con él? —Pregunta mientras me mira fijamente con sus hermosos ojos color azul, los cuales me dan temor debido a que hay mucho enojo en ellos.
—Na... Nada. —Suspiro. —Además yo no tengo porque darle explicaciones de lo que haga o deje de hacer. —Susurro con temor.
Una sonrisa macabra se instala en su rostro. Trago saliva.
—Oh sí, claro que tienes que darme explicaciones de todo, si no quieres que te haga perder todas tus notas , o aún peor; te castigue..., recuerda que soy tu profesor. —Dice dejándome atónita.
Pero qué está diciendo. El echo de que sea mi profesor no le da derecho. Esto es... Demasiado, entonces me dispuse a hablar.
—Usted no tiene ningún derecho de amenazarme. —Replico entre dientes, sonríe con malicia y camina dos pasos hacia mí, él tiene puesto un traje n***o, amo a los hombres que visten de n***o, sus ojos me miran con diversión y observan detenidamente cada facción de mi rostro.
—Aria, no me retes. —Su fresco aliento chocha contra mi rostro. —No me conoces. —Coloca sus manos en mi cintura.
—¡Pero qué le pasa! —Grito, forcejeo para que me suelte, pero él me recuesta con fuerza contra la pared, este no parece el mismo que me acarició el rostro cuando me tropecé con él.
—No permitiré que me grites. —Toma mi mandíbula con fuerza. —Desde hoy harás lo que yo diga.
—¡Estás loco! —Lo empujo. —¡Ayuda! —Grito, entonces tapa mi boca.
—No debiste hacerlo, sí le dices a alguien sobre esto, mataré a tu padre y a Daniel. —Besa mi frente. Trago saliva, él..., no puede hacer algo así, no. Mi familia no. Christian es un psicópata, ¿y ahora qué hago? ¿Por qué me tiene que pasar a mí? —¿Harás lo qué te diga? —Asiento y en mis ojos se acumulan las lágrimas.
—Preciosa, no llores. —Quita su mano de mi boca y toma mi rostro entre sus manos. —A ti no te haré nada. —Besa la comisura de mis labios.
—¿Me puedo ir? —Inquiero con desdén.
—Sí, pero tienes prohibido ir a esa fiesta. ¿Entendido? —Asiento.
Salgo de allí con rabia e impotencia por no poder hacer nada; si le digo a mi padre lo que pasó, quizás Christian los mate. O, quizás no. Los mata, él mismo me lo hizo saber.
Paso las manos por mi cabello, estoy desesperada, no sé qué hacer. Siento las piernas temblorosas, y los latidos de mi corazón aumentan de forma considerable. ¿Quién es él? ¿Qué gana con todo esto? ¿Y si lo denuncio? debería hacerlo. Es mi profesor, y yo no tendría porque sentirme acosada en el instituto donde estudio.
Odio a Christian Sullivan, termino todas mis clases y me voy a casa, saludo a mi nana ya que llegó ayer. Me tumbo en la cama con la intensión de dormir un rato; ¿Por qué Christian se comporta así? Cuantos años puede tener. Unos 28 y yo 17, mucha diferencia de edad como para que se haya fijado en mí. Tras varios minutos buscando una explicación lógica por su actitud, me quedo dormida.
Me despierto por unos golpes en puerta.
—Mi niña, Luke está allá bajo, te vino a buscar porque van para una fiesta. —Dice mi nana entrando a la habitación. Pero le dije a Christian que no iba a ir, ¿Qué hago? Si voy él no se va a enterar de nada.
—¡Aún no estás lista! —Exclama Luke, besa mi mejilla y se adentra en mi habitación. Tiene puesto un jean n***o, una camisa con los tres primeros botones desabrochados, luce muy sexy y guapo con aspecto de chico malo.
—Nana, ¿nos traes un jugo? Por favor. —Ella asiente y se va.
—Aria, será qué te puedes andar, también hay que recoger a Mel. —Se sienta en mi cama.
—Ya voy. —Arrastro mis pies al cuarto de baño y me doy una ducha rápida; salgo envuelta en una toalla caminando en puntitas para no mojar el piso. —Luke. ¡Largo de mi habitación, no ves que me voy a cambiar! —Exclamo y lo golpeo con una almohada.
—¡Aria, ya basta. Pareces una loca! —Grita dejando el vaso en la mesita de noche. —Además, ya se olvidó que de pequeños nos bañábamos juntos, así que puedes vestirte conmigo aquí, no hay nada que yo no haya visto. —Dice elevando la comisura de sus labios en una sonrisa pícara.
—¡Tenía seis años! —Lo vuelvo a golpear con la almohada.
Suelta una carcajada. —Está bien, ya me voy. —Dice entre risas y se va, cerrando la puerta a su paso.
Siento mis mejillas arder, estúpido Luke, estúpida yo que me bañaba con él cuando tenía seis años, estúpido Luke por recordármelo.
Me coloco mi ropa interior y después escojo un hermoso vestido color rojo, me pongo unos tacones; al terminar de arreglarme, bajo las escaleras.
—Mi niña, estás hermosa. —Dice Carla.
—Gracias, nana. —La abrazo.
Luke sonríe, toma una de mis manos y me hace girar, después tira de mi cuerpo hacia el suyo.
—Estás preciosa. —Besa mi mejilla.
—¿Adónde vas? —Daniel viene saliendo de la cocina con una manzana en la mano. —Responde.
—Tengo una cita con Luke y vino a recogerme. —Entrelazo mis dedos con los de mi amigo. No sé cuál será la cara de Luke en éste momento, lo hice para molestar a mi hermano. Toda la vida no voy a estar aquí, yo también tengo derecho de hacer mi vida.
—No te creo, Luke tiene novia. —Se burla, posteriormente, le da una mordida a la manzana.
—Yo no voy a hacer nada con ella. —Muerdo mi labio para no soltar una carcajada al ver el rostro de Daniel.
—¡Sube a tu habitación! —Grita histérico y me hala por el brazo. —Y tú. —Señala con el dedo índice a Luke. —¡Largo de aquí, te prohíbo estar cerca de mi hermana! —Grita enojado.
—¡No me iré, vine por Aria! —Lo empuja. —¡Y tú no tienes porque prohibirme nada! —Daniel lo sujeta por el cuello de la camisa.
—¡Ya basta! —Exclama mi nana y los separa. Entonces me posiciono en medio de ellos.
—Luke, vamos. —Lo tomo por el brazo sacándolo de allí. Nos dirigimos a su auto y él abre la puerta para mí —Te ayudaré con esto. —Arreglo su camisa.
—Tu hermano está loco. —Dice entre dientes. Reímos y nos subimos al auto.
Llegamos a casa de Mel, ella me hizo sentar en los puestos de atrás; ya que quería estar al lado de Luke, yo sólo puse mis ojos en blanco. El transcurso a la fiesta, fue en completo silencio.
Al llegar, Luke estaciona el auto y nos bajamos para después adentrarnos a la casa. La música suena a volumen alto; Luke se dirige hacia Victoria y Mel bufa frustrada mientras la fulmina con la mirada. Me hago paso entre las personas y busco algo de beber.
—Hola, hermosa. —Oigo detrás de mí, me doy la vuelta observando a Hardin.
Siento mi corazón latir con rapidez, pero de repente recuerdo que él no se dignó a buscarme en dos semanas después que me besó.
—¿Qué quieres, Hardin? —Inquiero molesta y tomo el trago.
—Vamos arriba. —Me hala por el brazo, sin embargo, me suelto de su agarre.
—¿Arriba? ¿Para qué? —Pregunto confusa.
—Te he extrañado. —Me abraza con fuerza. Dejo mis brazos colgados en mis costados, sin saber que hacer, entonces mi corazón gana la batalla contra mi cerebro. Cierro los ojos dejándome llevar del momento y rodeo su cintura con mis brazos. Hardin es tan tierno y dulce.
—Sí tanto me extrañaste por qué no me buscaste. —Beso su pecho por encima de la tela.
—He estado ocupado, vamos a un lugar más privado. —Asiento y él hala de mí hacia las escaleras.
Al llegar a la segunda planta, Hardin tira de mí y me pega a su cuerpo; me besa con desesperación, le sigo el ritmo. Él puede ser un completo idiota, pero aún así lo quiero y no me negaría a sus besos.
—¿No deberíamos ir más lento? —Le pregunto interrumpiendo el beso, pongo mis manos en su pecho, tomando cierta distancia entre los dos. —Quiero que esto funcione.
—Y yo quiero todo contigo. —Con delicadeza, paso su dedo pulgar por mi labio inferior. —Déjate llevar. — Hardin cierra la puerta detrás suyo; nuevamente me besa y me lleva hasta la cama.
—No lo sé, espera. —Me apoyo con los codos, alzando mi torso. —Mejor regresemos a la fiesta.
—¿Es en serio, Aria? —Pone los ojos en blanco. Hardin suspira y se sienta en la cama. Sé que está molesto, pero yo aún no me siento lista.
—Hardin...
—Vete. —Saca un cigarrillo y lo enciende dándole una calada. —Se nota que no quieres estar conmigo. No sé qué haces aquí.
—No, de verdad me gustas... —Me siento a su lado.
—Entonces demuéstralo. —Sus ojos buscan los míos, y siento que todo dentro de mí se revoluciona al verlo.
—Sí. —Esta vez soy quien lo besa como si no hubiera un mañana.
La verdad es que siempre he querido a Hardin. Y ahora me ha demostrado que yo le importo, que quiere estar conmigo. Él deja un camino de besos húmedos hasta mi cuello, y echo la cabeza hacia atrás, dejándome llevar por mis hormonas.
—¡Aria! —Abro los ojos de par en par al escuchar una voz que se me hace muy conocida.
Hardin se separa de mí, y me incorporo; veo a Christian al lado de la ventana. Tiene su mandíbula tensa y sus manos vueltas puño.
¿Pero qué mierda?
¡Problemas!