Capítulo 7 "No soy un objeto"

1548 Words
Los rayos del sol se filtran por el cristal de las ventanas, lo primero que experimento son dolencias, y cansancio, como si hubiera corrido una maratón. Estoy agotada, sin ánimos de nada. Quedo tendida sobre la cama, mirando el techo mientras mi mente vaga entre recuerdos, uno de ellos fue lo sucedido en la mansión del profesor Christian, donde ese enfermo psicópata me mordió. Otro recuerdo, es haber visto a Hardin en ese estado. Doy un respingo al escuchar la estrepitosa alarma, busco ese aparato y lo apago, haciendo que mis oídos descansen. La nana entra a mi habitación colocando las manos en su cintura, lanzándome una mirada con su ceño ligeramente fruncido. -Mi niña, ¿qué te pasa? -Pregunta con preocupación. -No me siento bien, así que me quedaré en casa. -Digo con voz débil cogiendo la sábana, para cubrirme con ella. -Y ahora tu padre no está para que te revise. -Se sienta a mi lado. -No pasa nada, sólo necesito dormir. -Ella asiente, dice que si me siento peor, que la llame y sale de la habitación cerrando la puerta a su paso. Arrastro los pies hasta el cuarto de baño y me doy una ducha rápida. Me visto con unos pantalones holgados y una blusa de tirantes. No puedo permitir que esto me afecte. Pienso dejándome caer de espadas en la cama. Nuevamente me hallo recordando los sucesos de la noche anterior, ¿Hardin será un vampiro? Pero a él se le tornaron los ojos amarillos, y a Christian de color rojo. Sacudo mi cabeza para sacar esas absurdas ideas de mi cabeza, primero que todo. Hardin no es de piel fría, y Christian si lo es. Así que descartada esa loca idea. ¿Será Christian un seguidor de alguna secta? Es que no le encuentro otra explicación. A menos de que sea cierto, eso de que es un vampiro. Bueno, jamás había escuchado de que ellos existieran. Al cabo de un rato, mi nana me trae el desayuno, pero no me apetece probar bocado. Cierro los ojos con la esperanza de dormir un rato; sin embargo, es algo imposible. Recordar el rostro de Christian cuando me mordió, y su boca manchada de sangre me produce algo en el estómago. Escucho el tono de mi teléfono y entonces es cuando me percato de que tengo cientos de llamadas, Luke y Melanie. No contesto. -Aria. -Dice Carla entrando a la habitación. -No has comido nada en todo el día. -Me da un leve apretón en la mano, eso es lo que me gusta de ella; que siempre se preocupa por mí. -No tengo hambre. -Digo frunciendo los labios. Suspira. -Necesito salir a comprar unas cosas, pero no te quiero dejar sola. Así que llamaré a Luke, porque Daniel se fue a casa de Dylan después que vino del instituto. -No necesito que nadie me cuide, sólo me quedaré aquí. No me pasará nada. -Digo forzando una sonrisa. Ella titubea, sé que no quiere dejarme en este estado, así que le digo que vaya, que si algo pasa, la llamo de inmediato, por lo que Carla asiente y se marcha. Cierro los ojos con la intensión de dormir. De repente, siento que acarician mi cabello. Pero..., si estoy sola. Mi nana se fue. Mi corazón comienza a latir con rapidez y tengo miedo de abrir los ojos; con el corazón latiendo a mil, miro lentamente de quién se trata y entonces veo a Christian. Trago saliva. No me sorprende de que aparezca aquí, pues..., también apareció de repente en la habitación en donde estaba con Hardin. -Hola, Aria. -Toma mis manos y deja un suave beso en ellas. -¿Por qué no fuiste al instituto? -No me siento bien. -Desvío mi mirada de la suya. -Quizás porque un vampiro psicópata me mordió y casi me deja sin sangre. -Añado con sarcasmo. -¡Vaya! Tienes coraje ¿eh? -Toma mi mandíbula con delicadeza y conecta su mirada con la mía. -Nunca nadie me ha hablado así. -Acaricia mi mejilla con sus dedos pulgares. Sus hermosos ojos azules me miran detenidamente, su mirada es totalmente diferente a la de ayer; es dulce, me mira con ¿ternura? No lo creo. Eso debe ser que quiere hacerme creer algo que no es cierto; anoche me trató muy mal. -Christian. -Susurro casi inaudible. -Vete, quiero estar sola. -¿Has comido algo? -Pongo los ojos en blanco, sé que lo hizo para evitar lo que le dije; niego con la cabeza. -Te traeré algo. -Sale de la habitación y al transcurso de unos minutos trae una charola con comida en las manos. -Siéntate para que comas. -No me apetece comer. -Me fulmina con la mirada. -Aria, estoy tratando de ser amable contigo. Así que te vas a comer toda la comida. -Sin poner objeción alguna, me siento en la orilla de la cama y comienzo a comer. Varios minutos después le entrego la charola a Christian, él sonríe con satisfacción y sale de la habitación. ¿Qué le pasa a Christian? Estoy empezando a creer que tiene doble personalidad, pues primero me trata de lo peor y ahora me está "cuidando" y se "preocupa" por mí, esto es muy extraño. Llevo mi mano en donde Christian me mordió y no siento nada. Además, cuando me fui a duchar, miré mi reflejo en el espejo y no se me veía nada. -¿En qué piensas? -La voz de Christian me saca de mis pensamientos. -En que eres un bipolar. -Respondo con voz neutral. -¿Bipolar? -Asiento. -Y en qué te basaste para sacar esa conclusión. -Dah, acaso no es obvio. -Contesto poniéndome de pie. -Ayer me llevaste a tu mansión en contra de mi voluntad, donde me mordiste también en contra de mi voluntad. Y me amenazaste con matar a mi familia. -Me recargo en mi escritorio. -Y hoy estás aquí. "Cuidándome" -Hago comillas con los dedos. -Como si en realidad te importara mi bienestar. -Claro que me importa tu bienestar. -Dice caminando hacia mí. Coloca sus manos en mi cintura y me alza dejándome a su altura. -No sabes nada de mí. -Besa mi frente y me deja encima de mi escritorio. -Si de verdad te importara mi bienestar no me hubieras mordido, porque no sabrías que daños podía ocasionarme eso, tanto físicos como psicológicos. -Pongo mis manos en su pecho, tomando cierta distancia. -Tu sangre es exquisita, por más que trato de controlarme no puedo. -¿Por eso me mordiste? -Baja su mirada mientras rasca su nuca. -Sí, desde el primer día que te vi en el salón, el olor de tu sangre me volvió loco. -Hace una pausa. -Y me dio mucha rabia cuando te dije que no fueras a la fiesta, y aún así lo hiciste. Por eso te mordí, porque no pensaba con cabeza fría. -Desordena su cabello. -Por lo menos ya sé a que atenerme contigo, no piensas con claridad cuando estás enojado, así que no me digas que te importa mi bienestar, porque no es así. -Discrepo, intentando alejarme, no obstante, Christian me sujeta con fuerza, inmovilizándome. -No voy a discutir eso contigo. -No lo haces porque no tienes argumentos sólidos. -Me mira con veracidad. -¿Hardin es cómo tú? -Christian tensa la mandíbula, me imagino que aún está enojado porque me vio con él. -Lo pregunto porque vi sus ojos de color amarillos y los tuyos rojos, si quieres me respondes, si no está bien, tampoco me interesa saberlo. -Es un hombre lobo. -Jadeo de la impresión; aunque no debería de sorprenderme, puesto que estoy frente a un vampiro y nunca pensé que ellos existieran. Miro sus ojos y veo que me es sincero. -Ah. -Digo mirando fijamente sus ojos. -¿De verdad te atreverías a matar a mi familia si hablo con Hardin. -Aria. -Toma mi rostro entre sus manos. -Sería incapaz de hacerle daño a los que amas. -Sus palabras me dejan perpleja. Muerdo con fuerza mi labio inferior mientras siento mi corazón latir desbocado. -¿Entonces por qué lo dijiste? -En un intento fracasado trato de ponerme de pie, pero Christian me sujeta con fuerza por la cintura para que no me nueva; posteriormente, coloco mis manos encima de las suyas con la intensión de que suelte y no lo hace. Su frío tacto me hace estremecer. -Porque no quiero verte con nadie más que no sea yo. Ya le dejé claro a McColl que no tiene ningún derecho sobre ti. -Coloca un mechón de cabello detrás de mi oreja. -No soy un objeto. -Espeto molesta. -Así que no me trates como si lo fuera. -Eres mía, Aria, y nada de lo que hagas lo cambiará. -No soy un puto objeto, al que puedes manipular. -Lo reto, mirándolo con hostilidad. -Y dime algo que quiero saber: ¿volverás a morderme? -No, a menos que tú me des permiso de hacerlo. -Junta su frente con la mía. -¿Qué te hace pensar que haría algo así? No quiero que lo vuelvas a hacer. Sonríe con arrogancia y comienza a repartir besos por todo mi cuello, me tenso al sentir que me besa donde me mordió. -Me tengo que ir. -Besa mi frente. -Bien. Adiós. -Adiós, pequeña. -Besa la comisura de mis labios.
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