Han pasado ya algunos días desde que Sarah murió y aunque en mi mente sigue muy presente debo de aceptar que escuchar su voz me ayudó mucho a salir de la horrible culpa que sentía. Sobre el hombre raro no sé nada, no volvió a seguirme, me intriga un poco saber donde esta y que hizo para librarse de mí, a pesar de ser la muerte me causa todo el sentimiento inesperado que pensé sentiría cuando estuviera de cara a él, lo irónico de todo esto es que a pesar de verlo muchas veces no logro describir su rostro, sé sin temor a equivocarme que si lo veo lo reconocería pero no puedo describir más que su tez pálida y su elegante traje.
Hoy caminé más de lo habitual, decidí andar por ahí ya que aunque es mi ciudad, conozco muy poco de ella, llegué a una calle que no tenía más que callejones sin salida, entré aquí buscando un atajo a casa pero ahora tengo mucho miedo y no sé cómo regresar, acelero el paso deseando que las advertencias de mi mamá no se cumplan, ella dijo que mis riñones podrían estar expuestos en una tienda ilegal de venta de órganos, sí salía sola de casa, echándole un vistazo a las personas que adornan la calle vacía y oscura me doy cuenta que este podría ser el lugar del que hablaba mi mamá.
— Pequeña, si sigues caminando con tanto miedo algo malo podría pasarte - Dice la muerte con evidente sarcasmo al mismo tiempo que hace su aparición.
— Ya me estaba acostumbrando a no verte y me estaba gustando - Respondí sin mirarle — ¿Porqué te burlas en está situación?¿Acaso ya estoy muerta y vienes por mi?
— Tú no estás muerta, ellos sí — Dice poniéndose junto a mí y mirándome con frialdad.
— ¿Qué hago aquí?
— No lo sé, llegaste sola, yo estaba aquí y te ví pasar un poco desesperada. A lo mejor estabas pensando en mí.
Me ruboricé un poco al notar que en efecto fue así, yo estaba pensando en él antes de perderme, y, al instante la muerte suelta una risita burlesca
— A juzgar por el color de tu rostro debo asumir que si, ¿o no pequeña?
— Sólo me preguntaba porqué te resultaba tan molesta. No pienses nada raro.
— Tengo casi 50,000 años de edad y he escuchado muchas cosas entre la humanidad, pero esto es lo más abstracto, ¿A qué te refieres con raro?
— No lo sé, sólo no quiero que pienses que gusto de ti, eres un ser totalmente diferente de mi y nunca me g... — me interrumpe y con su voz ronca y seca suelta
— Soy un ser superior a ti, soy yo quién jamás te vería con otros ojos, despreocúpate.
— Bien, justo lo que quería, ¿Sabes cómo puedo salir de aquí?
— Sigue caminando, en algún momento lograrás salir.
— ¡¿Estás loco?! estas personas podrían matarme.
— Ningún muerto te tocaría.
— ¿Y si mejor tocas mi frente como la otra vez?
— Si hago eso morirás. ¿Eso quieres?
— No, entiendo no hay más opciones que caminar sola por ahí.
La muerte se giró, dándome la mejor vista de su espalda y se fue, dejándome parada sola en la calle con cientos de muertos que me miraban raro. Creo que mi comentario le hizo enojar, aunque su cuerpo no me dijo nada la frialdad de su boca me dejó claro que algo que salió de mi le hirió. Seguí caminando por ahí sin darle tantas vueltas al asunto, pero si vueltas a las mismas calles, mis pies estaban cansados, mis manos comenzaban a temblar y mis piernas también del cansancio que me provocaba, no traía conmigo mi teléfono así que no pude ver cuánto caminé exactamente, pero de qué fue más de 4 horas estoy segura, estaba apunto de sentarme cuando sentí un tirón frío que me dejó de cara con un rostro demacrado y deseoso de mí.
— Estás dando tantas vueltas porqué quieres provocarme ¿verdad? Lo sabía, no quieres que salga de este maldito pecado, pero ya no me importa, me iré al infierno pero te haré mía, como me lo suplicaste pasando mil veces frente a mí y moviendo tu cola. — Gritaba el hombre que me sostenía con más y más fuerza y que empezaba a querer tocarme más allá de lo que nunca antes había llegado nadie, el shock me paralizó ni siquiera pude articular una palabra y el frío de su cuerpo me hacía temerle...
— ¡Jordan! — soltó en un grito esa voz que conozco
— Suplicaste tanto para otra oportunidad y terminaste con ella así, no fuiste más que una perdida de tiempo.
Enseguida puso su mano en el y con su palma roja hizo que el hombre que me estrujaba prendiera en llamas y se derritiera de tal modo que lo único que adorno el suelo fue su sangre. No puedo decir cuál fue el rostro de la muerte, pero sus ojos me miraban preocupados, y me hablaba casi disculpándose, yo le veía y solo hacia eso, verlo.
— Dijiste que no me pasaría nada — dije al fin.
— No tendría qué — Dijo intentando poner sus manos en mi, de las cuales me aleje sin esperar chocaran en mis hombros.
— No tienes que tocarme, tengo mucho frío para sentir más cuerpos muertos. — Le dije sinceramente — Además, estoy cansada — Terminé.
— Sobre todo esto, perdóname pequeña, yo no sabía que algo así podría pasar, ellos no deberían de verte, tú eres especial — Dice intentando tocarme nuevamente y al recordar mi advertencia, se detiene.
— Entiendo, ¿ahora sí me dirás como llegar a casa? — Pregunto curiosa.
— Ya estás en casa, bueno, tu cuerpo.
— ¿Cómo es eso posible?¿Entonces, si estoy muerta?
— No, no digas tonterías, el tipo que te toco te robó energía y tú cuerpo cayó justo en el lugar que estabas antes de entrar aquí, fui y le avisé a tus padres, pero eso te lo explicaré mejor luego, por ahora necesito que me sigas para que te recuperes.
— Sabes que luego te haré muchas preguntas ¿Verdad?
— Si, tendré que pagar las consecuencias — Dice fingiendo enfado.
Ahora soy yo quién tomó su mano, inspirada por el horrible cansancio que casi me mataba, al contrario de lo que dije su mano estaba cálida, muy cálida...