Narra Allison
Es increíble como esa fruta te acerca tanto a la perfección, mi cuerpo nunca tuvo proporciones tan simétricas, bien dotadas ni estuvo tan definido, lo mejor es que me olvidé totalmente del molesto periodo. Todo ha ido increíble a excepción de lo que me dijo ese hombre, no sé cómo le podría afectar ese bocado de ratón que le dí a esa manzana, pero de vez en cuando ha rondado mi mente sus palabras y su cara de terror. Han pasado cerca de 3 meses desde la última vez que lo ví, después de que comí el fruto casi nunca lo veo, ahora que lo pienso mejor, es otra ventaja, aunque no niego que me gustaría ver si está bien. De repente un fuerte olor a gasolina me despierta de mis pensamientos, y mis ojos buscan la fuente de ese olor... una silueta conocida, se está... se está bañando con ¿Gasolina?
— ¿QUE HACÉS? – Le gritó desesperada pero parece no escucharme.
Meto mis manos una y otra vez intentando quitarle la botella con la que se empapa pero no puedo, parece no controlar su cuerpo, pero sus ojos asustados me suplican auxilio.
— ¿Que hago?¿qué hago? – Pienso en voz alta con evidente desesperación caminando de un lado a otro.
Sin poder hacer nada, intentando de mil formas sin dar resultado veo como el ser frío que conocí por primera vez arde en llamas, grita, llora y vuelve a gritar, mientras mis lágrimas no dejan de caer, intenté nuevamente apagar todo, pero tampoco funcionó, el hombre se desvaneció luego de sufrir varías horas, su cuerpo eran cenizas, que surgieron nuevamente entregando al mismo hombre que había ardido hacía solo un momento frente a mí. Se acercó, me tocó el hombro y salté de un susto, simplemente no creía lo que mis ojos acaban de ver, a pesar de haberme alejado, ahora es el quién con mirada de dolor pero sin un sólo rasguño se acerca a mí...
— ¿porque llegaste justo en este momento? – preguntó preocupado — No debiste ver eso, me dice acercándose a mi rostro y mostrándome por primera vez el suyo con claridad.
Sin pensarlo mucho pongo mis manos en su rostro que está... ¿Tibio? y lo miro con mucha más sorpresa que antes...
— Lo sé, estoy tibio – Respondió a la pregunta en mi mente que estaba escrita en mi cara.
— ¿Porque lo estás?¿Porqué puedo ver con tanto detalle tu rostro? No, mejor dime ¿que fue eso que paso hace un momento? – Lanzo mil preguntas a la vez.
— No fue nada pequeña, sólo quise experimentar como morían las almas que levanto – Dijo seguro, pero no le creí.
— Si, seguro crees que soy tonta ¿no? – Digo con preocupación
— Para nada, tenías mucho de no visitarme – Cambia bruscamente de tema y agrega — Ya empezaba a extrañarte – Me sonríe de forma tierna
— ¿Estás bien, en serio? – Preguntó ignorando su extraño comportamiento
— Claro pequeña, ahora que te ví lo estoy más – Dijo tomándome de la mano. Entrelaza un poco sus dedos con los míos y dice — Ahora tu estás fría...
Miro nuestras manos juntas, y no puedo evitar que algo salte en mi pecho y estómago antes de lanzar su mano
— ¿Qué te pasa?¿Desde cuándo me tomas las manos? – Pregunto desconfiada sin esperar respuesta y agregó — Eso que te pasó es por mi culpa ¿verdad? – Pregunte viendo directo a sus ojos.
— ¡CLARO QUE NO! – Dijo sin paciencia — Te dije que quiero experimentar las muertes – Agregó con molestia.
— ¡Échame la culpa! ¡Maldiceme! Entregame ya con el hombre que mueve los hilos. — Grité llorando arrepentida.
– Mi corazón no me permitiría hacer eso — me sopla levemente, como una tierna brisa que acaricia mi rostro y derrite mi frío corazón.
– ¿De que estás hablando? — Pregunto con asombro y un poco de esperanza de oír una declaración aunque lo niegue.
– Los recolectores de alma tenemos muchos más sentimientos que los humanos, pequeña — Dice ignorando totalmente lo que acaba de decir hace solo unos momentos.
– No lo parece – Digo con intensión de herir.
– Aún eres una niña, hay muchas cosas que no sabes pequeña, lo sabrás cuando conozcas el mundo y empieces a salir un poco más de tu habitación, los de tu especie son malvados. Incluso un poco más que los demonios. – Dijo con una expresión de ira y agonía, como si contara en esas palabras su propia historia.
– No soy una niña — Digo resaltando y aclarando
– El hecho que solo prestarás atención a esa parte de todo lo que te dije, demuestra que lo eres, no hay prisa por crecer. Es más, ¡disfrútalo! — Dice con mirada compasiva.
Me doy la vuelta un poco molesta, pero en el fondo se que quizá tenga razón, hasta hoy me he comportado como una niña, intento responder pero cuando me di cuenta desapareció otra vez, hoy como siempre, pero en mi pecho quedó grabada su mirada llena de rabia, dolor, y ¿amor? no lo sé, pero si en algo tuvo razón es que a pesar de ser un ser que recoge vidas de humanos, es la mirada mas cálida, penetrante y llena de sentimientos que he visto en mi corta vida... Se siente linda, acogedora, familiar y muy sincera.