Reconozco las manos que sostienen el paño frío en mi frente, y a juzgar por los enormes chorros que bajan por mi rostro asumo que es su primera vez y sonrió para mí
- Hasta que despiertas, y veo que soñaste bonito.
- No recuerdo nada de hecho.
- ¿Entonces?¿De qué te ríes,?
- Es tu primera vez poniendo paños húmedos ¿verdad?
- ¿Se nota mucho?¿Lo hago tan mal?
- ¿Escurriste eso antes de ponerlo?
- Si, claro - Dice en una evidente mentira.
- Te creería si no tuviese la cara empapada de agua.
No hace más que sonreír nerviosamente, me doy cuenta que estoy en mi habitación luego del poco tiempo que tengo despierta, me siento, quito el paño de mi frente y lo apretó en el recipiente donde lo sumergía, los chorros de agua caen en el y lo miro
- Ahora si lo pones en mi frente - Le digo al mismo tiempo que dejó caer el paño en sus manos
- Justo como yo lo estaba haciendo.
- Claro - Digo con sarcasmo - Para ser tan viejo y vivir tantos años viendo a la humanidad, tienes muy malas habilidades.
- Nunca antes tuve el rostro de una mujer tan cerca y menos una que fuera tan bonita... Pero no pienses...
- Si, ya sé, no pienses nada raro - termino y me río junto a él.
- Realmente no recuerdo haber hecho esto nunca, y tampoco sentí la necesidad de aprenderlo hasta que te desmayaste de la fiebre. Es muy raro, esto no debía pasar... a menos qué tragaras una parte...
- No, no lo hice, tú estuviste ahí, lo viste todo. - lo interrumpí
- Si, por suerte, si te hubieras comido una parte, sería imposible escondernos.
- Por suerte no lo hice. - digo desviando el tema ¿Cómo llegaste aquí?
- De la misma manera que visitó los muertos. Tus padres no están en casa hace horas, si te dejaba sola probablemente moririas.
- Me salvaste otra vez, gracias...
- He roto muchas reglas desde que te conocí, pequeña. Pero no te acostumbres.
- La ironía que tiene todo esto - digo casi para mí misma.
- ¿Que cosa? - Dice susurrando.
- La muerte cuidando mi vida. Mi insignificante vida. - Digo con un poco de tristeza y felicidad.
- Estás cambiando significativamente mis días - Dijo casi solo para él.
Se levantó rápido de la cama y salió por la puerta de mi habitación sin esperar respuesta a aquella frase casi monóloga. Intente alcanzarlo pero todos mis esfuerzos fueron inútiles no había rastro de él, al contrario me encontré en la cocina a mi madre que acababa de llegar me acerque a ella un poco débil y no recuerdo otra vez, nada más.
Varios días después según el reloj que adornaba aquella vieja sala de hospital, desperté justo en el momento que leían el acta de mi muerte, me senté asustando a todos en un milagro como le llamaron los doctores, salí de aquel lugar con todos mis exámenes perfectos, sintiéndome mejor que nunca y podría decir que hasta inmune al dolor
- Hija, ir de camino a casa en este momento es el mayor milagro luego de sostenerte por primera vez en mis brazos. Nadie sabía que te paso y no podían hacer nada para ayudarte. - solloza mi madre
- Seguro fue solo un desmayo largo. - Digo tratando de restarle importancia
- Te equivocas, ningun médico vio algo como tu caso en años de trabajo, ni siquiera está explicado en los enormes libros de medicina. o al menos eso es lo que me dijeron, estuviste muerta por 3 horas después de varios días de coma.
- Supongo que no te importa mucho lo que tenga que decir, tampoco es relevante, me sentía y me siento bien.
- Has estado demasiado rara estos días... ¿Me estás ocultando algo? - Pregunta más curiosa que preocupada.
- De hecho no, estoy mejor que nunca, no te preocupes, presiento que a partir de hoy no me enfermare tanto. - afirmó
El camino a casa se sintió bien, nunca antes me sentí mejor, presiento que es exacto el sentimiento que experimentan los súper héroes, no temerle a nada, y todo gracias a él hombre de traje del que aún no sé su nombre.
Es curioso, me ha salvado tanto, pero sigue manteniendo su distancia sentimental de mí, seguramente porque cree que voy a morir, y no se quiere encariñar, claro, 19 años a 50,000 parece un chiste, casi el promedio de vida de una cucaracha tendré yo para él. Lo bueno es que pude solucionar ese problema, y aunque el no quería que experimentara ser inmortal estaba tan preocupado que no notó que jamás escupí aquel mordisco de la manzana, lo traicioné, sí, quizá. Pero no pude contener la duda y mi deseo de ser un poco menos frágil para poder continuar alrededor de él, una profunda admiración comenzó a segarme, tanto que sin siquiera escuchar sus advertencias, cree un desastre que lo puso en peligro, o bueno eso es lo que dijo el que pasaría, yo pienso que si el Ser Superior puso esa manzana ahí es para que yo y quien tenga oportunidad comiera un poco, no creo que pase nada grave.
Por mi parte pasé los siguientes meses sin tener contacto con él, pensé que simplemente el ahora yo ser inmortal me había llevado a un plano en el que él y yo no íbamos a coincidir más, porque sin dudarlo si se hubiera enterado, de la pequeña traición, vendría a reclamarme. mis pensamientos me tranquilizaron y la verdad es que lejos de unos pocos pensamientos de preocupación estaba bien, me sentía más fuerte e incluso pensé que todo lo que viví en estos confusos días, fue producto de alucinaciones debido a mi torpe enfermedad, pero no podía entender cómo es que ya no he estado más enferma. Mis pruebas están bien, dejé de ir al médico, y casi como por arte de magia mi sangre y mi cuerpo está tan limpios como si nunca me hubiese enfermado, sin secuelas, sin daños, sin nada, casi como un milagro, aunque me aterra saber que no moriré, me hace un poco feliz. Mi vida estaba destinada a ser corta a comparación de todos los demás, y perdí la ilusión de encontrar una persona para mí. No tenía el valor ni el estómago para ilusionar a alguien que sabía que tenía que verme partir probablemente muy pronto, ser feliz siempre es el punto inicial de las desgracias o bueno, casi siempre, porque seguramente está vez no va a ser el caso.