El Castigo

1232 Words
—..."¿Quién es ese humano tan importante como para lograr que uno de mis mejores recolectores me traicionará así?"... Retumbaba una y otra vez en esa habitación oscura, tan oscura que no había ni un solo reflejo, solo estaba yo, atado con cadenas de fuego, que derretían mi piel, que quemaban mis huesos y que me tenían en un dolor tan intenso que pensaba equivocadamente que acabaría después de un poco más de sufrimiento, pero no, resulta que verdaderamente soy inmortal, y mi cuerpo se regenera cada tanto, al final si podía sentir dolor, lastimosamente... Perdí la cuenta de los días que llevo aquí, aunque me atrevo a pensar que dejaron de ser días hace bastante, el ser superior no me deja irme, al parecer nadie me vió robar la manzana para Allison, aunque su enorme sentido le dice que hay un humano inmortal, pero no sabe dónde, ni quién... afortunadamente para Allison y para mí nadie sabe que ella y yo nos veíamos en el plano intermedio, y no sé porque ella sólo ingresa cuando soy yo y no con otros recolectores. El dolor no cesa, pero la curiosidad tampoco... ¿Que relación tendré con Allison que nos seguimos conectando de esta manera?... —... ¿Cómo te atreviste a llevar la inmortalidad a la tierra? — explotó por fin después de días — ¿Inmortalidad? – pregunté curioso y confundido. — Sí, siento una energía inmortal en la tierra, pero no puedo ver quién es... Él único que sabes cómo ese humano luce, eres tú – gritó mientras los rayos pegaban contra mi pecho deteniendo mi corazón por cortos momentos que lo hacía más doloroso. — YO NO ENTRÉ – grité desesperado — Tu no hueles, pero tus mentiras sí – gruñe y continúa — Bien, no me digas quién es, te escondiste tan bien que ninguno de mis ojos te vío. Mi paciencia se acabó para tí, Ya pensé tu castigo – Dijo mientras las cadenas se apagaban. — ¿La muerte? – Pregunté con alivio — ¿Morir, tú? ¿Porqué iba a premiarte por desobedecerme? Aunque... Ok, si eso quieres... – Escuché a la voz alejarse un poco para regresar con más fuerza — Vas a morir cada día, vas a sufrir la misma muerte del alma que recolectes, pero volverás a la vida, sentirás todo lo que siente un humano y... los recuerdos de tu pasado, volverán uno a uno con cada vez que mueras. Mi mente se puso en blanco y tras escuchar esas palabras un escalofrío recorrió mi cuerpo, intenté ocultarlo, pero una carcajada erizó mi piel y me pintó en la cara lo que trate de disimular. — Te espero cuando recuerdes a quién le diste mi inmortalidad, quizá aun no sea demasiado tarde para tí. La voz desapareció como llegó, salí del cuarto notablemente cansado (algo que antes no sentía) con dolor que me quemaba en mis muñecas y piernas, a pesar de que no tenía ninguna cicatriz de las horribles cadenas y con mi estómago haciendo un ruido raro que me hacía arder en llamas. — ¿Que es esto? – Pregunté para mí mismo. — ¿A los ángeles también les da hambre? – Me preguntó una voz que reconocí al instante. — ¿Hambre? – Pregunté confundido. — Sí, ten esto — Dijo mientras me extendía un Sándwich — Por supuesto que yo no como – Dije seguido de un rugido ensordecedor proveniente de mi estómago — Parece que hoy será tu primer día – Dijo con una sonrisa burlona y acercándose hasta poner el sándwich en mi boca. Dí una pequeña mordida, cediendo un poco a aquel agradable olor y fue... mágico, me burle un poco en mi mente del ser superior que me castigo así, la verdad es que no pensé que por acá hubieran cosas tan deliciosas y que esto fuera específicamente un castigo. — No comiste la fruta, ¿verdad? – Pregunté justo cuando la cosa que sonaba en mi estómago me dejó hablar — ... No. – Respondió Allison después de un silencio muy largo. – Me castigaron porque alguien comió ese fruto único, y estoy seguro que sólo lo probaste tú – Dije tratando de que confesara pero con la esperanza de que no me hubiera desobedecido. — Oye, no fuí yo, sé qué seré una niña tonta ante tus ojos, 17 años parecen risibles para un hombre con cientos, miles y quiza hasta millones — Dice caminando de un lado a otro en una especie de regaño y monólogo — Seguramente piensas, claro esta niña es una estúpida y cree que me va a engañar después de tragarse esa manzana y mentirme... — ¡¿Qué?! ¿Que tu hiciste qué? – Grité sobresaltandola un poco con mi evidente enojo brutal — N.. No lo dije en serio, es sólo que... y... Yo me enfermo muy seguido y pensé que si quizá tragaba un poco, tan solo el bocado de una hormiga, no sería tan enfermiza, y.. Yo no quería... — me interrumpió — No pude ser más claro cuando te dije que escupieras todo, solo la mordida te iba a mantener sana y viviendo un poco más que un humano común, pero eres tan necia, desobediente y testaruda que no me escuchas, no se porque razón no estás muerta. — La regaño con mi rostro rojo, con las venas de mi frente latiendo velozmente apunto de estallar y con migajas de saliva que explotaban en su rostro aterrorizado. — Lo sé, pero no lo pude evitar... sólo no pensé ... — Debiste pensar en todo lo que eso causaría para mí... – interrumpo, mientras empiezo a caminar y a buscar respuestas en voz alta alejándome cada vez más de ella. ¿Debería confesar todo al ser superior?... Muy pronto una luz fuerte golpea mi cabeza, abró con dificultad los ojos y veo un párrafo de un libro... "El fruto que parece común en el gran jardín frutal, guarda un gran poder en sí, que no puede ser creado ni modificado y provee de recursos al que todo lo creo" La imagen desaparece de mi vista e intento buscar sentido a aquel corto y extraño párrafo. — Oye ¿Estás bien?... — "y provee de recursos al que todo lo creo..." — Digo en voz baja para mí sin darme cuenta hasta sentir el manotazo de Brenda. — ¿Que te pasa? – Le digo mientras sus ojos atónitos y grandes como platos me miran asustados. — ¿Que estabas diciendo? – Dice sin quitar la expresión de sorpresa. — Recordé algo extraño – Digo mientras me siento más y más confundido. — Eso que di... dijiste está escrito en el libro del ser superior, y nadie más que él, su mano derecha y los guardasaberes lo sabemos... — Yo no soy nada de eso... Sólo apareció en mis recuerdos... — ¿Sabes que significa? – pregunto luego de una breve pausa que pareció ahuyentar a Brenda quien ahora me muestra su encorvada espalda. Intento correr tras de ella pero entra al castillo que parte las realidades y al que no puedo entrar aunque quiera. Brenda es una guardasaber, se encarga de hacer visitas a los humanos y regalar conocimientos para hacer la vida de los mismos más fácil, aunque yo que estoy entre ellos sé que eso jamás pasa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD