CAPÍTULO DIECINUEVE Laura se dio la vuelta y avanzó a grandes zancadas, saliendo de la propiedad hacia la carretera. Detrás de ella, escuchó a Nate llamarla por su nombre y luego correr para alcanzarla. —¡Eh! ¿A dónde vas? —preguntó, poniéndose a la altura de ella justo cuando llegaba al coche. —De vuelta a la comisaría —dijo—. Vamos, entra. Nate hizo un ruido confuso. —¿Por qué? Todavía no hemos visto bien el resto de la casa. —No es necesario. ¡Entra, Nate! ―Estas últimas palabras las gritó mientras agachaba la cabeza, subiendo ya al asiento del conductor. —Qué... —Nate dejó de discutir y abrió la puerta del copiloto, para alivio de Laura, tomando asiento a su lado. Él ni siquiera había cerrado la puerta todavía cuando ella puso en marcha el motor, lo que le llevó a levantar las m

