CAPÍTULO VEINTITRÉS Merodeaba en la entrada de una tienda, fingiendo mirar el escaparate, esperando a que su próxima víctima pasara por su lado camino al almuerzo. Un hombre, esta vez. Había pensado, cuando planeó todo esto, que era el momento adecuado para variar el patrón. Dejar que creyeran absolutamente que solo las mujeres estaban en riesgo y entonces, en su lugar, matar a un hombre. Eso los dejaría a todos perdidos. Había pensado, en aquel entonces, que sería un agente al azar quien haría un seguimiento de sus fechorías. Sin embargo, para cuando esto hubiera terminado, seguramente habrían hecho la conexión y habrían enviado a buscarla. Qué suerte que ella hubiera sido la que viniera de inmediato. Que hubiera podido saborear cada momento de su fracaso en atraparlo. Había pasado se

