Amy evitó mirar a Hassel mientras hablaba por teléfono con su hermano Emmett. Intentó ignorar la sensación paralizante y los oscuros recuerdos que llegaron a su mente, recuerdos que por alguna razón, la hacían sentir culpable por lo que pasó, estaba acostumbrada a causar caos a donde fuera, y esto no había sido la excepción. Estaba preocupada de que la despidiera en cuanto Hassel colgara esa llamada también. Ver a su jefe actuar de esa forma por primera vez, la dejó desconcertada.
¿Por qué se arriesgaría golpeando a uno de los Spencer, uno de sus clientes más importantes, solo por mí? Se preguntó ella, mirándolo a escondidas en medio de la tenue luz del salón en que estaban.
Amy decidió distraerse con los detalles de las paredes, necesitaba desesperadamente calmarse, o alejarse de su jefe. Pero Hassel terminó de hablar, guardó su teléfono y la miró con la misma dureza.
—¿Qué crees que estabas haciendo quedándote sola con Jack Spencer?
La pregunta de Hassel la desconcertó. De repente, no pudo evitar molestarse.
—¿Qué está queriendo decir? ¿Qué esto fue mi culpa?
Hassel pasó una mano por su cabello dejándose notar ansioso.
—Yo no… no quise decir eso—soltó, intentando controlar el tono de su voz, intentando recordar que la víctima fue Amy—. Pero, ¿esto será siempre así? ¿Voy a tener que rescatarte de cada hombre que te conozca? ¿Cómo es que eres tan tonta como para no darte cuenta de las señales más básicas?
Amy mordió su labio inferior con fuerza, sobre todo para no gritarle ahí mismo a su jefe.
—Estos hombres son sus clientes o familiares de ellos, ¿qué puedo hacer en contra si me dicen que usted lo ordenó?
Amy dio retrocedió torpemente cuando Hassel dio un par de pasos amenazantes hacia ella. Sin embargo, se detuvo a una distancia prudente de ella, como si de pronto hubiera sido capaz de recuperar la cordura o el control de sus deseos.
—¿Alguna vez te detienes a pensar en las tonterías que haces? Me tienes hasta el borde, por eso no contrato mujeres.
Amy lo miró ofendida.
—¡Entonces despídame de una vez! ¡También estoy harta de su horrible carácter! ¡Lo odio!
Amy sabía que fue infantil e imprudente al gritarle a su jefe, su empleo y subsistencia en Londres dependían de Hassel Gastrell. Sin embargo, ya no podía devolver el tiempo ni borrar lo que dijo. Lo rodeó y comenzó a caminar hacia la puerta para irse, pero Hassel se adelantó y la atrapó de la muñeca.
—No he terminado de hablar, Amy.
Intentó empujarlo, pero a diferencia de Jack, cuando Hassel presionó con firmeza la carne sensible de su brazo, cientos de sensaciones despertaron la emoción en su cuerpo. Se sentía confundida, extraña, por primera vez desde que pudo escapar de Norwich, sintió que era posible tener una vida normal.
Pero entonces recordó que, la pared contra la que se derretía, era su jefe.
—Yo sí terminé. Así que déjeme ir, y le aseguro que no me volverá a ver nunca más.
—Tú no vas a renunciar—declaró Hassel con una voz rotunda e inquebrantable que hizo vibrar el cuerpo de Amy.
—Lo odio, es igual que todos los hombres estúpidos que he conocido. No, usted es peor, es un tirado egoísta que solo le importa su empresa y su dinero. ¡No tienes corazón, Hassel Gastrell!
Hassel resintió sus palabras de inmediato, era la primera vez que se sentía ofendido por algo que una mujer dijera sobre él, pero no se inmutó, la empujó hacia la puerta para acorralarla.
Cuando Amy hizo un nuevo y débil intento de alejarlo, Hassel sonrió con presunción. Para él no era difícil leer a las mujeres, con Amy no era la excepción, después de todo, parecía como si conociera cada línea y cada espacio de ese pequeño rostro.
—Tú no me odias, Amy
Amy parpadeó estupefacta y se ruborizó, lo que la dejó en evidencia. Levantó la mano para apartarlo de nuevo, pero Hassel sujetó su muñeca y acarició sobre su pulso con su dedo pulgar.
—¿Qué está haciendo? —balbuceó ella, sintiendo que la emoción corría por todo su cuerpo y se estacionaba en las zonas más erógenas—. Entendí lo que me dijo, soy una tonta. Déjeme ir ahora para que se libre de mi rostro por siempre.
—No la voy a despedir. Y deje de hablar tanta incoherencia.
Él la estudió con la mirada por un instante, como bebiendo del mejor vino. Amy poseía una belleza como la de ninguna otra mujer y, sin embargo, Hassel estaba seguro de que aquello no era lo que encontraba tan interesante de ella. Quería averiguarlo, y mientras tanto, sucumbir por primera vez ante el deseo incontrolable que sentía por una mujer. Siempre fue orgulloso de su autocontrol para manejar su vida privada con el sexo opuesto, pero Amy y su sola presencia lo desafiaban constantemente a romper sus propias reglas.
—¿Sabes qué? Te voy a dar 5 segundos para que escapes si no quieres estar aquí, no te obligaré a nada—le advirtió Hassel con una sonrisa socarrona que la dejó con la mente en blanco—. 5… 4…
¿Cómo podía pedirle eso? Debía tener miedo en esa situación, después de todo, la mano de su jefe todavía sujetaba con firmeza su muñeca en señal de control. Pero algo dentro de Amy sabía que él la dejaría ir si ella quisiera, porque Hassel no era un monstruo.
¿Y lo peor? Ella no quería irse.
—3… —continuó Hassel, endureciendo el tono de su voz mientras se acercaba al final de su cuenta regresiva. Mirando los labios de Amy, como si ya pudiera saborearlos. Y en contraste, Amy lo miró fijamente a los ojos, preguntándose a que se refería con "quedarse" exactamente—. 2… 1.
La cuenta terminó, Amy obtuvo su respuesta cuando Hassel devoró sus labios. Lo que él ansió desde el momento en que la vio; suaves y dulces eran. No había forma de evitar lo invertible, y él lo sabía. Dejó caer la mano de Amy cuando sus manos comenzaron a vagar por su pequeña cintura, disfrutando de la sensación de la tela del vestido que era casi tan suave como sus curvas, hasta descender en su trasero y apretarlo con firmeza.
Amy ahogó un gemido entre los labios de Hassel cuando sintió el apretón de las manos en su trasero. No podía creer lo emocionada que se sentía. Y aunque era plenamente consciente de lo que estaba pasando, podría jurar que ser besada por un hombre no se sentía como una pesadilla, era todo lo contrario. Estaba inmersa en un sueño del que no quería despertar.
La inexperiencia y la ingenuidad que emanaban de su inocente secretaria fueron todavía más obvias cuando ésta le siguió sin cuestionarle y aferró sus pequeñas manos a las solapas de su traje, lo que le causó gracia. Tanto, que Hassel no pudo evitar sonreír y sentir que “posesividad” era una palabra finita en comparación a lo que sentía hacia Amy, quien se dejó llevar por la pasión que desbordaba de cada adictiva presión de sus labios juntos.
De pronto las alertas rojas sonaron en la cabeza de Amy. Sabía que podría estar equivocándose, era posible que Hassel fuera ese primer hombre en acercarse tanto, pero también estaba segura de que él iba a romper su corazón. Así que, despertándose de su ensueño, apartó a Hassel.
—Lo siento, yo… necesito…
No pudo terminar porque no sabía qué decir, así que abrió la puerta y huyó del hotel.