—Jack, ¿no deberías estar con tu hermana y tu padre? —le preguntó Hassel severamente.
Jack se encogió de hombros.
—No me necesitan para saludar a sus socios. Por cierto, Amy, ¿trabajas para Hassel?
—Soy su secretaria—contestó Amy de inmediato.
Jack, como el resto de las personas que escuchaban la noticia, abrió los ojos con sorpresa. Entonces miró a Hassel con escepticismo.
—¿Finalmente soltaste tu machismo?
—¿Por qué todos le dicen machismo? —intervino Amy antes de que Hassel pudiera defenderse por sí mismo—. La forma en que el señor Gastrell elige a su personal es un asunto privado y cualquier empresario se reserva el derecho de contratar el tipo de persona que le convenga.
Jack sonrió con diversión al mirar a Hassel.
—Oh… estoy muy curioso por saber en qué área te conviene una secretaria tan guapa, Gastrell.
—Escuche…
—Suficiente, Amy—la interrumpió Hassel, mirando hacia Jack con desinterés—. Vamos a nuestra mesa.
Ambos dejaron a Jack en medio del salón. Entonces se sentaron a la mesa en donde estaban Mynor, Emmett y su secretaria. Amy sonrió aliviada de que hubiera otra chica en la mesa, y Evelyn le guiñó un ojo en respuesta, entonces le hizo una seña para que se sentara en el puesto vacío a su lado. Justo al lado de Amy se sentó Hassel, el último puesto libre que quedaba.
—¡Cielos santos, estás hermosa! —exclamó Evelyn.
Amy se sonrojó.
—Tú también estás muy linda.
El vestido azul cielo de Evelyn era muy llamativo y elegante.
—¿Quién es tu jefe? —le preguntó Amy en un susurro.
—Emmett Gastrell, el hombre que está sentado a mi lado—le explicó Evelyn—. Es muy guapo, pero no es mi tipo, es muy raro.
Amy notó que aparte de Emmett también estaba otro hombre joven. Era parecido a Emmett y Hassel.
—Finalmente conozco a la secretaria estrella de mi hermano mayor—comentó Mynor, rompiendo con el silencio de la mesa—. Vaya, sí que eres preciosa.
—Ahorra los comentarios innecesarios, Mynor—le advirtió Hassel.
—Pero si ese es un comentario muy necesario. Es imposible obviar que las secretarias de mis hermanos son hermosas. ¿Debería convertirme en gerente?
Evelyn rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.
—No creo que tengas lo que necesitas para manejar una división de la compañía. Además, pasaría menos de medio día antes de que intentes tener sexo con tu secretaria, Mynor.
Emmett y Hassel sonrieron en acuerdo. Pero el menor de los Gastrell no se inmutó.
—Mi hermosa Evelyn, ¿cómo se puede ser tan ácida y asertiva a la vez?
Evelyn se encogió de hombros con una roja sonrisa falsa.
—Es un don, cariño.
—¿Dejarás que me hable así Emmett?
Emmett se encogió de hombros también.
—No es como si ella estuviera calumniándote Mynor.
Mynor se volvió hacia Hassel y lo señaló.
—Ya sé por qué prefieres hombres como secretarios. Extraño a Kenner, sin ofender Amy, tú eres tan dulce como la miel.
Amy se rió por las palabras de Mynor. Obviamente era un mujeriego, pero era de los inofensivos y no la hacía sentirse incomoda. De pronto, mientras veía a los hermanos sonreír, Amy tuvo un deja vu.
La celebración por el aniversario de la empresa Spencer se llevó a cabo de forma tranquila. A pesar de que la esperaba, Amelia no apareció en ningún momento en la mesa de los Gastrell. Luego de la cena, Evelyn le pidió acompañarla al baño, así que después de avisarle a Hassel en donde estaría, ambas se fueron.
—¡Finalmente podemos hablar con libertad! —chilló Evelyn tan pronto como estuvieron solas en el espectacular baño del hotel.
Amy la miró curiosa.
—No parecías estar incomoda allá. En realidad, parece que te llevas bien con ellos.
Evelyn levantó su mano y movió su dedo índice negativamente.
—No cariño, no es así. A mi jefe estoy acostumbrada. ¿Quién le puede tener miedo a Mynor? Es un tonto. Y Hassel, definitivamente no estoy bien con él. Es tan guapo como un vampiro, pero así de malo es también. Puedo entender por qué no hablas cuando estás cerca de él. Es realmente intimidante.
Amy sonrió, pensando que vampiro malo era una forma realmente buena de describirlo.
—Creo que solo debo acostumbrarme como tú. No todos los jefes serán amables.
—Emmett ni me hablaba al principio—comentó Evelyn, pensando en su primer día de trabajo—, pero con el tiempo logré sacarle las palabras. No es tan malo como Hassel cuando se trata de mujeres, pero si hablamos de lo romántico, tiene un cero. Escuché que su primer amor lo engañó.
—¿Qué edad tiene Emmett?
—Tiene 30, Hassel tiene 34 y Mynor tiene 27. A veces pienso que la señora Gastrell los preparó ella misma antes de darlos a luz, como un pastel. Son tan guapos que me molesta.
Amy se rió.
—Deberíamos volver.
—Sí, déjame ir a lo que vine.
Luego de que Evelyn terminara, ambas volvieron al salón. Para entonces, Hassel no estaba en la mesa.
—¿Dónde está el señor Gastrell? —preguntó Amy mientras se sentaba junto a Evelyn.
—Amelia Spencer lo abarcó—contestó Mynor.
Evelyn rodó los ojos.
—¿Todavía sigue queriendo casarse con el señor Gastrell? Debe estar loca.
—Oye, mi hermano es un buen partido—terció Mynor. Pero luego de un segundo hizo una mueca de disculpa—. ¿A quién engaño?
Evelyn se echó a reír. Sin embargo, Amy se sentía incomoda y ansiosa. ¿Por qué debía sentir celos de esa mujer? No es como si tuviera oportunidad de algo con su jefe, y tampoco debía tenerla nunca. Decidió que necesitaba despejar su mente y sacar a Hassel de sus pensamientos. Así que se levantó y fue hasta la mesa de dulces para distraerse.
—Que coincidencia que nos volvamos a encontrar—comentó Jack, el mismo hombre que la interceptó al llegar al hotel.
No pudo evitar mirarlo con una sutil aspereza. Sentía aquella sensación incomoda cuando estaba cerca de él. Como si tuviera intenciones ocultas y siniestras por detrás de esa mirada marrón.
—¿No le agrado? —inquirió Jack cuando Amy no contestó.
—No estoy en posición de decirle eso, señor Spencer.
—El señor Spencer es mi padre, preciosa.
—Y usted no debería decirme preciosa.
Jack sonrió de forma torcida y se acercó un paso hacia ella.
—Lo que es hermoso se le debe llamar por lo que es.
—Señor…
—En realidad no fue una coincidencia, vine a buscarte porque Hassel te necesita. Está con mi hermana y mi padre.
—De acuerdo—Amy rodó los ojos y lo siguió.
Mynor le dijo que Hassel estaba con los Spencer, así que era probable que estaría necesitando su ayuda para hacer algún cambio en su agenda o para recordarle algún tema.
—Dígame, ¿cómo es su relación con el frío Hassel Gastrell? —le preguntó Jack de forma casual.
—Como cualquiera que tendría una secretaria y su jefe.
Jack sonrió con diversión mientras caminaba a su lado.
—Ya sabe, los clichés dicen lo contrario.
—Eso no es ético—terció Amy de inmediato, aunque bien sabía lo mucho que le encantaba su jefe.
—Puede ser, pero yo digo que si se trata de diversión todo se vale.
Amy lo miró con desagrado.
—No comparto su forma de pensar. Pero supongo que cada quien tiene derecho a ver la vida como quiera.
—¿Usted cómo ve la vida?
Amy lo reflexionó por un momento y pensó en su jefe, por lo que prefirió cambiar de tema. Pero cuando se dio cuenta de que se habían alejado demasiado del salón se detuvo a mitad del vestíbulo.
—¿Dónde está su familia y el señor Gastrell?
Jack la tomó de la muñeca y comenzó a guiarla hacia otro salón.
—Mi padre prefiere discutir de negocios en un lugar más tranquilo. Venga conmigo.
Amy se soltó de su agarre y se alejó de Jack.
—No voy a seguir con usted, ¿cree que soy una tonta?
Jack sonrió con malicia.
—Los suficiente como para haberme seguido hasta aquí.
Entonces volvió a sujetarla de la muñeca, pero con fuerza. Para la conveniencia de Jack, aquel hotel le pertenecía a su familia y solo estaba el recepcionista, quien no se atrevería a decir que el hijo menor de los Spencer estaba secuestrando a una mujer, si quería conservar su empleo.
—¡Suélteme ya!
—¿Qué carajos estás haciendo? —gruñó Hassel.
De un par de zancadas los alcanzó y golpeó a Jack en la cara, quien cayó al piso, y aunque rápidamente se levantó para arremeter en contra de Hassel, no pudo continuar ya que su padre llegó un par de segundos después, junto a su hermana y los hermanos de Hassel. Y si había alguien a quien Jack le temía era a su padre y la posibilidad de que lo dejara sin dinero.
—¿Qué está sucediendo, Hassel? ¿Por qué golpeaste a mi hijo? —intervino el señor Darius, el padre de Amelia y Jack.
Hassel ignoró a Darius y alcanzó a Amy.
—¿Estás bien?
Amy asintió cabizbaja, sintiéndose con náuseas por la atención de todos sobre ella y el ambiente pesado alrededor. Además, Hassel la miraba como si ella tuviera en parte culpa de lo que pasó.
—¿Hassel? —insistió Darius.
Finalmente, Hassel se giró.
—Mantén a tu hijo lejos de mi secretaria o la próxima vez recibirá el peso de la ley en vez de mi puño en su cara.
Darius miró a su hijo con dureza y decepción antes de volver a ver a Hassel.
—Mis más sinceras disculpas. Esto no volverá a suceder.
Hassel no contestó, tenía los nervios de punta, la adrenalina en su punto más alto, sentía que podía haberle roto cada hueso a Jack desde que lo vio tocarla sin su permiso. Tomó a Amy de la muñeca y se la llevó a otro salón.