Vox estaba perdiendo su lucha por controlarse. No había bromeado al decir que Riley le prendía fuego a su sangre; sentir su carne suave y dulce bajo sus manos y poder saborear sus labios le había encendido la sangre hasta hacerla estallar en llamas. Notaba cómo su felino se paseaba de un lado al otro en su interior, decidido a marcar a su compañera con su esencia, y el modo en que Riley le pasaba las manos por el estómago y el pecho era casi demasiado. Sus manos, suaves y dulce, avanzaban con lentitud, como si estuviesen seguras de cómo iba a reaccionar ante aquellas caricias tan tentativas. Vox no lograba comprender cómo hubiese podido resistirse hombre alguno; estaba seguro de que Tor y Lodar habían dicho la verdad al comentar que todo aquello los había estado torturando. Riley poseía

