Riley se estremeció al sentir la textura áspera de una lengua lamiéndole el cuello, y su cuerpo respondió ante a aquella sensación poniéndole toda la piel de gallina. Mantuvo los ojos cerrados, intentando pensar en cómo, por el planeta Tierra, iba a sobrellevar aquel cambio. «¡La Tierra!», gruñó en silencio. «¿Cómo he podido olvidar que Vox es un alienígena y que estas cosas nunca acaban bien para las mujeres como yo?», pensó desesperada. Las cosas habían empezado a volverse difusas una vez que Vox había empezado a besarla. A Riley le hubiese gustado culpar a un lapsus en su conciencia, a feromonas alienígenas o incluso a un ataque de locura, pero sabía que se había tratado de algo completamente distinto. Vox había logrado poner su mundo patas arriba con solo una caricia, no cabía la más

