Veía a todos ellos en el piso. Realmente habían intentado atacarme, bueno también no es normal que un Demonio llegué a su territorio, pero esto lo hago por un bien mayor. —¿Tú me diras donde están? —le pregunté sentándome en el piso a su lado, no me importaba ensuciar mi ropa con su sangre, aunque bueno ya lo había hecho. Le sonreí mientras con mi mano apretaban su pierna con la intención de romperla, más bien era una manera de torturarlo. Los vampiros a comparación de los Demonios no podían apagar el dolor o algún sentimiento, su lado humano aún seguía vivo por mucho que dijeran lo contrario. Me canse de esperar, tome la daga de plata y se la enterré en su corazón. —No me sirves de nada. Suspiré al ver la matanza que había hecho, para conseguir lo que quiero tengo que eliminar todo a

