Capítulo 10

1170 Words
Maximiliano Serena me gusta y sería un estúpido en negarlo. Mis pensamientos solo eran de ella, y quiero darme la oportunidad de conocerla y saber hasta dónde puedo llegar. Leonardo entra en mi oficina molesto. —¿Qué te sucede? —pregunto. —Tu amiga me tiene así —responde. —¿Qué pasó…? —no alcancé a terminar de exigirle una explicación cuando Julieta entra a mi oficina. —La que faltaba —dice Alejandro, visiblemente molesto. —Ustedes me van a volver loco a mí, no son unos niños —exclamó, alzando la voz. Los dos se observan y decido salir de mi oficina. No voy a soportar estar envuelto en peleas porque a ellos les da la gana. Ya tengo mucho con Vivian como para que mis amigos se comporten de esta manera. La sala de emergencias está repleta y ayudo en lo que puedo. Las horas pasan y no puedo con el agotamiento que siento en mi cuerpo. —Doctor Maximiliano es mejor que descanse, le agradecemos la ayuda que nos ha brindado —dice Olga, la encargada de enfermería. —Cualquier cosa que necesite, no dude en llamarme. —Está bien. Nos despedimos y voy a mi oficina, esperando que esos dos hayan solucionado sus problemas. Al abrir la puerta, los encuentro en una situación bastante comprometedora. Carraspeo y se separan. Juliana está roja y mi amigo no sabe dónde esconderse de lo apenado que se siente. —Es mejor que me vaya —me río y mi amiga me mira con mala cara. Sale de mi oficina y observo a Alejandro. —Menos mal que no te cae bien. —No sé qué me pasó. —Sí lo sabes, te gusta. —Claro que no —ruedo los ojos—. No la soporto. —Claro —comento con sarcasmo. —Mejor cambiemos de tema —dice mientras se sienta—. Necesito salir y despejar mi mente. ¿Te parece salir hoy en la noche? —Hoy no podré ser tu chaperón, amigo. Estoy cansado y lo que deseo en este momento es estar en mi casa y descansar. —Te entiendo. —Invita a Julieta y así terminan lo que empezaron en mi oficina. —¡Idiota! Me río y recojo mis cosas. —No le hagas daño. Si no sientes nada por ella, es mejor dejarle las cosas claras desde un principio. Salgo de mi oficina y camino hasta la salida, mis ojos se cierran a causa del cansancio que tengo hoy. Abro la puerta de mi auto, entro, acomodo mis cosas en la parte de atrás y manejo hasta mi departamento. Cuando estoy por llegar a mi residencia, mi teléfono suena anunciando una llamada. Es Vivian. —¿Qué pasó? —Escucho sollozos y me preocupo —¿Vivian? —Por favor, Máx, ven a mi casa. Te necesito. Cuelgo la llamada y me desvío del camino para ir a su casa, los minutos pasan y estoy preocupado por la situación. Llego a su casa y bajo del coche, corro hasta la entrada y toco dos veces. Cuando abre, encuentro a Vivian con su bata de dormir y la mano izquierda llena de sangre, la tomo y la llevo adentro. —¿Qué te pasó? —Busco en mi bolsillo un pañuelo y lo presiono en la herida. —No sé, fue un accidente. Estaba cocinando y de repente, todo sucedió tan rápido… —Llora en mi pecho. —Déjame buscar el botiquín de primeros auxilios, espérame aquí. Me levanto y voy a su habitación, el recuerdo me golpea cuando observo que todavía tiene la cuna que compramos con tanta alegría. Dejo de lado esos dolorosos recuerdos y voy al baño, tomo el botiquín y salgo de la habitación. Vivian me observa y sus ojos brillan, me acerco y me arrodillo, le limpio la herida y coloco la gaza, aprieto con cuidado y cierro el botiquín. —Debes cuidarte y usar esta mano lo menos posible. —Entendido. —Será mejor que me vaya, ya se está haciendo tarde —Me levanto. —Si quieres, puedes quedarte. —Prefiero no hacerlo. —Hazlo, te prometo que me portaré bien —Me guiña un ojo y me rio—. Te traeré unas sábanas para que estés más cómodo en el mueble. —Está bien. Se levanta y sube las escaleras para ir a su habitación, me siento en el mueble y empiezo a masajear mi cuello, estoy agotado. Cierro los ojos y pienso en Serena, una sonrisa aparece en mis labios, la verdad es que la estoy extrañando. —¿Y esa sonrisa? —Abro los ojos. —Nada. —Ok, aquí están unas cobijas y la almohada —Me entrega todo—. Buenas noches, Max. Me deja solo, acomodo todo y me acuesto. Espero que quedarme esta noche aquí no me traiga problemas. Cierro los ojos y no tardo en quedarme dormido. **** El ruido de la cocina me hace abrir los ojos, miro el reloj y son pasadas las nueve de la mañana. Me levanto y me pongo la camisa, Vivian aparece con el desayuno. —¿Ya te vas? Por lo menos desayuna, Max. —No puedo. Debí estar temprano en el hospital —Me pongo los zapatos. Me despido y salgo de la casa cuando recibo un mensaje de Alejandro. “¿Dónde estás?“ Le envio. “Voy en camino” Me subo al auto y manejo hasta mi casa, no puedo irme con la misma ropa que ayer. El tráfico está a reventar y me duele la cabeza de tanto esperar, los carros van avanzando y agradezco a Dios. Llego a mi departamento y bajo del carro, subo las escaleras y entro, prendo las luces caminando hasta mi habitación, me quito la ropa y la dejo a un lado, me meto al baño y el agua está fría pero no me importa, me termino de bañar y salgo del baño. Me visto y acomodo mi pelo, arreglo mi bata y salgo de mi habitación. Me preparo rápido una taza de café y la guardo en mi maletín, apago las luces y salgo de mi edificio, veo la hora en mi teléfono y es tarde. Subo nuevamente a mi auto y manejo hasta el hospital, Alejandro no deja de enviarme mensajes y me tiene estresado. Al llegar al hospital me quedo unos minutos en el auto. Golpean el vidrio y al ver, es Alejandro. > Salgo del auto y mi amigo cruza los brazos. —¿Dónde estabas anoche? —En mi casa durmiendo como la gente normal —contesté de mal humor. —¿Así? —Arquea una ceja—. Qué raro, ayer fui a tu departamento y el vigilante me informó que no estabas en casa. —Me quedé a dormir con Vivian. —Estás mal amigo. —Lo puedo explicar. —Vamos a tu oficina y me explicas todo con detalles. Lo que menos quería era que Alejandro se enterara.
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