Serena
Ignacio no volvió hablar al respecto del tema de Daniela, y yo no pregunté más, jamás pensé que Ignacio fuera a ver de otra manera a la mujer que conoce desde que era un adolescente, me parece absurdo.
Pero no quiero juzgarlo y mucho menos meterme en su relación, él no lo hizo conmigo y ahora mucho menos se lo haré yo.
—Mejor cuéntame como te trata España —Se recuesta en la cama—. Todavía no has encontrado a alguien que te calme ese carácter que tienes.
Le lanzó la almohada y él se ríe.
—Perdón por no ser como tú, que tienes a dos mujeres detrás de ti.
—Eso dolió —sus labios forman un mohín muy infantil —. Voy a obviar ese detalle.
—Desde que llegué me he sentido mucho mejor, además… —Se sienta y me mira fijamente.
—¿Qué?
—He conocido a alguien y me gusta, sé que es muy pronto, lo de Alexander es muy reciente, pero… —Se ríe y cruzo mis brazos— ¿De qué te ríes?
—No tiene nada de rápido que conozcas a alguien, tienes derecho, Serena.
—Lo sé —murmuró.
—Tienes miedo de ser lastimada ¿Cierto?
—Sí.
Toma mi mano y me jala hasta quedar sentada a su lado.
—Es comprensible tener miedo después de todo lo que pasaste, pero eso no te impide volver a amar y que te amen como te lo mereces —Mis ojos se llenan de lágrimas y lo abrazo.
Bajamos a almorzar, ya que después se iría a México, aunque le rogué que se quedará esta noche, se negó, tiene que solucionar todo con Alexander y lo entiendo. Mande a preparar unos espaguetis en salsa porque son los preferidos de Ignacio, sus ojos brillaron al ver el plato.
—Sabes cómo llegar a mi corazón. —Lleva el primer bocado a su boca y lo disfruta.
Me río y comemos, agradecida de que esté conmigo. El momento de que se vaya llega y mi corazón duele. Limpio una lágrima que se escapa y lo abrazo nuevamente y guardaré este momento para siempre.
—Deja de llorar, no me voy a morir.
—Eres el hombre más insensible —Me separó y golpeó su hombro.
Una carcajadas se escucha en toda la casa y molesta camino hasta la salida con él atrás, me tomó de la cintura y besó mi mejilla. Lo alejó y me río, él sabe cómo hacerme feliz.
—Estoy contigo incluso en la distancia —Toma mi rostro entre sus manos—. No dejes que nadie vuelva hacerte daño.
Besa mi mejilla y nos despedimos, me lanza un beso al salir de casa.
Mi celular suena y lo sacó de mi bolsillo del pantalón, al ver el nombre de la persona que está llamado mi corazón late con fuerza y me odio por volver a sentir esta sensación de anhelo hacia una persona. Le doy aceptar y su voz me llena de emoción.
Llamada:
—Hola.
—Hola —Me río por la situación, parecemos dos niños recién enamorados.
—¿Qué te causa tanta gracia? Dime para reírnos juntos.
Ni loca, no quiero pasar una humillación delante de él.
—Nada ¿Y eso de tu llamada?
—Quería invitarte a cenar. Un amigo abrió un local de comida china y deseo que lo conozcas. —Escucho voces a lo lejos.
—Amo la comida china.
—Entonces… ¿Gane puntos con este detalle? —su pregunta me hace sonrojar.
—Sí.
—Está bien —se ríe—. Nos vemos esta noche, hablamos luego.
—Hasta luego.
Colgamos y llevo mi teléfono a mi pecho. No puedo creer que en verdad esté pensando darle una oportunidad a Maximiliano, con una sonrisa en mi rostro le envió a Sasha para que venga a mi casa y así me ayuda a estar lista para esta noche.
Subo a mi habitación y decido buscar en mi closet el vestido que usaré esta noche, sé que todavía faltan horas, pero no puedo negar la alegría que siento en este momento. Arrojo todo los vestidos a la cama, quiero verme hermosa hoy y los vestidos que tengo en la mano no me gustan para esta ocasión. La puerta se abre y mi amiga se asoma.
—La cita de hoy sí que es importante —comenta.
—¿Cómo sabes…?
—Alejandro —dijimos al unísono y me río.
—¿Por cuál te decides? —Entra por completo a mi habitación y se sienta en la cama, detallando cada uno de los vestidos.
—No sé —me quejo—. Quiero algo llamativo y hermoso.
—Esta situación se arregla con ir al centro comercial —Alza las manos—. Vamos, ve a cambiarte para salir.
Voy corriendo al baño y lavo mi cara, me cepillo y recojo en un moño alto mi cabello. Pinto mis labios y salgo, me cambio de blusa, y zapatos. Agarré la chaqueta y mi bolso y salimos de mi habitación.
—Amo salir de compras, es como una curita al corazón —La miró sin entender.
—Olvídalo.
Subimos al coche y ella está a cargo de manejar, enciendo la radio y la voz de Adela inunda los parlantes.
—¡Amo a esta mujer! —Dice mientras comienza a cantar a todo pulmón sus canciones.
Luego de diez canciones de Adela y una garganta ronca, llegamos al centro comercial. Nos bajamos del auto y contagiada por la alegría de mi amiga, caminamos juntas hasta la tienda más cercana, los vestidos eran de marca y me agrado esto, me medi cuatro vestidos y ninguno me convenció, nos despedimos de la chica y fuimos visitando tiendas hasta que uno me atrapó. Es de color vino tinto brillante hasta las rodillas, la parte de adelante se amarra al cuello dejando una buena vista a esa zona y atrás… Es lo que más me enamoró del vestido, deja la espalda libre, Sasha chilla de la emoción y da el visto bueno.
—Maximiliano te quitará el vestido hoy, ese hombre se volverá loco cuando te vea.
—Todavía no estoy lista para eso… —Me callo al recibir un leve golpe en mi brazo— ¿Qué te pasa?
—¿Lista para qué? —Alza los brazos en modo de protesta—. Déjate llevar, se gustan y se desean, puedo sentir la química, amiga.
—Estas loca.
Pagamos el vestido y salimos de la tienda, el celular de amiga suena y se aleja para atender la llamada. La veo fruncir el ceño y hacer gestos molestos, rueda los ojos y cuelga.
—Tengo que ir a casa.
—¿Está todo bien?
—Sí, solo es un problema familiar —dice—. Te llevo a casa, no te dejaré ir sola.
Sasha siempre tan protectora, nos subimos al carro, veo la hora en mi teléfono y son las cuatro de la tarde. La ida a mi casa es en silencio, mi mente solo piensa en la cita y nada más, llegamos y mi amiga besa mi mejilla.
—Disfruta está cita como nadie —me recuerda—. Te lo mereces, y es momento de que te amen de la manera que siempre has soñado.
La abrazo y salgo del auto. Ignacio y Sasha tienen razón, es momento de pensar en mí.