Tres días después de su visita a la clínica, era un viernes después del mediodía que le tocaron el timbre de su casa. Ni tuvo que mirar por la mirilla, menos por la cámara. Intuitivamente supo que era ella. Isa abrió la puerta y ahí estaba. Con su hoddie enorme que le llegaba a las rodillas, un jean, sus tennis Nike, su cabeza rapada, ojerosa, pero viva. Tatiana levantó su cabeza para hacer contacto con sus ojos. No tenía ganas de mirarlo. Esa internación fue una de las más difíciles de su vida, en completa soledad. La rata de laboratorio luego del primer día no volvió a visitarla y ella lo resintió. El fin de semana fue peor, no volaban ni las moscas en la clínica. Las enfermeras fueron su única compañía y contención. E Isa. ¿ Que se suponía que le dijera? Aún estaba dolida. Lo que el

