Capítulo 7 —La decisión correcta

1714 Words
Verónica: Entré en mi apartamento sintiéndome entumecida, justo por esto no dejaba que nadie se acercara, me dolía el corazón o tal vez mi ego herido. Aunque no podía culpar a Jeremy, yo lo rechacé y lo hice creer que mi primo era mi pareja. —¿Verónica, está bien? —Pregunto Zack, preocupado. Lo observé, gracias al cielo se había puesto una camisa y sostenía a mi gata, bola de nieve. La tomé de entre sus manos y él me la dio sin protestar, la bola de pelos era agradecida conmigo, bueno, tenía mucho que ver que sin falta compraba su comida enlatada favorita. Quién sabe, el hecho es que siempre me daba amor y era justo lo que necesitaba en estos momentos. La gata ronroneó cuando le di un beso en su cabecita y me sentí un poco mejor. Como sea me senté en el sofá, sintiéndome derrotada. —¡Te hizo algo!, ¡te toco! —Zack pregunto con furia, por su pose de luchador se veía listo para golpear a alguien. Zack es gimnasta en la universidad y se especializa en boxeo. Así que estaba segura de que le daría una buena pelea a Jeremy o a quien sea... No sabía como agradecía que estuviera conmigo, me sentía segura en su presencia. —No —dije con voz temblorosa respondiendo a su pregunta—. No hizo nada... —Suspiré y me dejé escurrir con desgano total en el sofá. —¿Entonces qué fue?, te ves como si te hubieran rociado gas pimienta en tus ojos. Levanté mi mano tocándome el rostro y descubrí que había derramado unas lágrimas. Negué, no podía ni decirlo, solo que Jeremy me hizo sentir como si no hubiera sido especial, sé que solo fue intimidad, pero me sentí como si no fuera indispensable. —Nada, yo solo... —No me digas que te enamoraste de él. —Mi primo se sentó a mi lado y me abrazó. —No es así —dije sinceramente—. Solo estoy enojada conmigo misma por no haber hecho esto mejor. Zack se alejó. —¡Oye! —Él tomó mi rostro entre sus manos—. Sabes que mi padre y yo estamos orgullosos de ti, eres una psicóloga profesional, ayudas a las personas. Tú nunca has sido débil, eres muy fuerte y sobre todo no estás haciendo nada mal. No sé lo que paso entre tú y ese hombre, pero viéndote como estás ahora, es mejor que hubiera terminado así. Tomaste la decisión correcta. Asentí sin estar segura, ahora no sabía nada, respiré profundo y me alejé del toque de Zack. —Está bien, tienes razón, no me voy a enfocar en eso —dije cansada de sentirme vulnerable y de sentir este vacío en mi pecho como si me hubieran abandonado. Era absurdo, lo que pasó con Jeremy fue pasajero y lo iba a olvidar en un par de días. Zack me sonríe. —Así me gusta verte, feliz. Sabes que conmigo siempre puedes contar. —Lo sé —dije con sentimiento. Estaba agradecida de tenerlos en mi vida, a Zack y a mi tío Adam, ellos me habían cuidado cuando..., cuando mi padre me dejó y cuando..., era mejor no recordar. —¿Tarde de películas? —Pregunté evadiendo el malestar. —Está bien, yo escojo la película. —Respondió mi primo con voz animada. Sonreí, con Zack siempre podía contar, era como estar con un hermano. Jeremy: Golpee el volante varias veces, mierd** estaba muy enojado. ¿Cómo fue que caí en sus redes? ¿Cómo dejé que Verónica me humillara otra vez? El hecho es que no sabía lo que me paso con esa mujer de cuerpo sensual y boca salvaje. Pero no volvería a suceder. Arranqué el coche fijando un rumbo claro. —Maldici**n, soy un mujeriego respetado, me encantan los encuentros casuales. Mi debilidad son las mujeres, "en plural" —Le puse mucho énfasis a la última palabra. No en singular, nunca más. Mierd** me dolía, estando aquí en mi soledad podía admitirlo. Verónica me cambio por un puberto que ni sería capaz de limpiarse su propio trasero. Mis manos se apretaron en el volante, de no haber sido por Noah esto no hubiera sucedido, pero ya me las pagaría ese gusano. ¿Creía que era idiota? Me reí como un loco, yo lo acompañe en todas sus locuras en la adolescencia, conocía todos sus trucos, solo que justo ayer creí que era algo común en Noah, pero no, debí recordar que detrás de sus sonrisas siniestras siempre había un juego perfectamente calculado. Es que justo ayer me dio esa copa de champán y me empecé a sentir extraño y demasiado caliente. Solo recuerdo quitarme la camisa y casi abalanzarse contra una mujer, la cual gritó y me golpeó en el estómago dejándome tirado en el césped. A partir de ahí no recuerdo mucho, sino hasta que Verónica me llevó a la habitación. Mis dientes se apretaron del enojo, pero como dije Noah ya me lo pagaría. No me tomo más de unos minutos llegar al apartamento de mi supuesto amigo. Me anuncié amablemente con el portero y luego de eso subí con una tranquilidad que era normal en mí, aunque para este instante también se podía verse terrorífica. Una vez en su puerta toqué dos veces. Observé la hora de mi reloj de mano y eran más de las tres de la tarde, ya deberían estar empezando a empacar para su luna de miel. Alguien abrió la puerta. —¡Hey Jeremy!, no espera verte tan pronto. —Noah, me saludo con esa sonrisa de i***t**. Sin pensarlo levanté mi puño y lo golpeé en su nariz. Noah cayó al suelo sin poder evitarlo. Sonreí de satisfacción, fue como esa vez que me golpeó y me tomo por sorpresa, "pues aquí tienes Noah un poco de tu propia medicina". Noah se tocó la nariz y vio la sangre en su mano. —¿Puedo saber qué te sucede, infeliz? —Gruño enojado. —¿¡Noah!? —dijo Allie saliendo del pasillo con una camisa en las manos. Cuando vio a su esposo en el suelo, la soltó y fue corriendo hacia él. No me importo si se enojaba. Continué. —Ahora te harás, el que no es contigo. Sabes perfectamente por qué te golpeo. —dije enojado. Noah se levantó del suelo con ayuda de Allie, quien lo puso en el sofá. Que ridiculez, lo trataba como si fuera un enfermo y como si fuera inocente, si tan solo supiera. —¡Mira como le dejaste la cara! —El rostro sonrojado de Allie reflejaba furia. —Tu querido esposo, me drog**. —Allie miro de mí a Noah—. Así es, tu malnacid** esposo me drog** Tuve una increíble noche con Verónica, lo cual ahora que lo pienso fue bastante extraño porque precisamente fue con ella. —Mi voz se iba haciendo más alta. Allie se veía nerviosa. —He cariño, iré por hielo. Ella evitó mi mirada, mientras que Noah se reía de su propio chiste. —Así que funciono. —Me dijo mi amigo o más bien mi enemigo. —¿Quieres otro golpe? Deja de sonreír y ¿por qué carajos me hiciste eso? Ahora Verónica no quiere ni verme en pintura. Bueno, en parte yo tenía la culpa, no creía que me perdonaría después de lo que le dije. Noah se levantó del sofá y en ese momento Allie regreso con una bolsa de hielo en sus manos. —Toma cariño. —Noah la recibió y le dio luego un beso de agradecimiento a su esposa. Lo cual la hizo sonrojarse. Suspiré con amargura, sintiendo un desazón en mi corazón, ¿quería algo como esto? Tal vez..., o no, ¡quién caraj** lo sabe! —Mira Jeremy, tú y Verónica se han tenido ganas por tres años, yo solo moví algunas piezas y todo cayó en su punto —dijo Noah con descaro. —Entre Verónica y yo, no pasa nada. —Le aclaré, aunque ni yo me creía eso. —¡Aja! —Respondió mi amigo con voz nasal, estaba sosteniendo la bolsa de hielo contra su nariz. —¡No tienes derecho a meterte en mi vida, yo jamás me metí en la tuya! —Dije enojado y luego observé Allie—. Dile algo, no puede seguir obligando a las personas a hacer cosas en contra de su voluntad. Allie apartó la vista y se vio de nuevo incómoda. —Espera, tú no... —Dejé de hablar. La pequeña voz de Allie respondió. —Jeremy, yo solo quería ayudar... Tire mi cabello en frustración y la interrumpí —¡Lo ayudaste! —Afirmé sorprendido. —Oye mira como le hablas a mi esposa Jeremy, si no me olvidaré de que eres mi amigo y te golpearé. Las manos de Noah se hicieron puños y su mirada no admitía discusión, sabía que lo haría y yo como que también quería. Tenía mucho enojo que descargar justo ahora, pero no, opté por mi parte racional, negué. —Ustedes son increíbles —dije enojado—. Sea lo que sea, no funciono, Verónica no cayó a mis pies y además tiene pareja. Allie se puso una mano en el corazón viéndose afectada. —Lo siento, Jeremy. La observé irritado —No lo sientas, solo fue s3x0 —dije forzadamente para luego dirigir mi mirada hacia Noah—. No vuelvas a meterte en mi vida y no te preocupes que dejaste de ser mi amigo. Te metiste con algo que era sagrado para mí. Me alejé y escuché la risa burlona de Noah. —Te espero aquí cuando se te baje el coraje. Negué molesto, Noah y yo éramos inseparables, él no dejaría de ser ni mi amigo, ni mi familia, pero siempre podía dejar de hablarle por un tiempo para que aprendiera que con mi reputación de mujeriego nadie se metía. Era lo más sagrado para mí, ¿cierto? Una imagen de ojos cafés, observándome con decepción, me golpeó en lo profundo de mi mente. Seguí caminando y deseché el recuerdo de Verónica. Un mujeriego no cambiaba de la noche a la mañana, ni siquiera por una mujer como Verónica.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD