Y ahí me encontraba delante del director, que me veía con total desaprobación; él movía su cabeza de un lado hacia el otro mientras frotaba su ceño con frustración y duda.
—No puedo creer que estés dando tantos problemas al querer salir de la universidad; si no fueras la mejor estudiante y la que se encuentra encargada de dar las últimas palabras, ten por seguro que te quitaría el derecho a subir a tu graduación.
—¿En serio no piensa preguntar qué fue lo que pasó? —Me sentí asqueada al ver esto. —Viene a pensar que soy la culpable de haber agredido a esa cabeza hueca que de milagro se va a graduar porque todo mundo sabe que es una de las peores estudiantes de la carrera. Ahora, si no quiere hacerme subir a la graduación, pues no tengo problemas. Pero está el pequeño detalle de que debe reembolsar el dinero que mi padre ya dio para que suba a ese escenario y en esta ocasión no se va a arreglar con mi mamá, sino con él directamente.
Fue en ese momento en el que el rector se quedó totalmente callado, me levanté con una tranquilidad que incluso a mí me sorprendía.
—Ahora sí me disculpa, tengo cosas que hacer. Ya son los últimos días en los que voy a estar aquí y luego de esto no va a tener que soportarme en absoluto.
Salí de la dirección dando un portazo; en serio que esto se sentía totalmente bien. Debía calmarme un poco y también acostumbrarme a decir todo lo que me incomodaba, sin excepción alguna.
Pronto un mensaje llegó a mi celular; se trataba de Felipe, que me deseaba un lindo día. Sonreí y recordé que al menos no todo era malo en mi vida.
—Buenos días, el tímido, igualmente —escribí y puse un corazón luego de esto. —¿Y qué haces despierto tan temprano? Pensé que seguías durmiendo.
—Ordeno mis cosas para el trabajo y preparo mi desayuno. Y bueno, me gusta darme un buen baño en la mañana, entonces me despierto un poco más temprano.
—Está bien, te dejo que hagas tus cosas. Me encuentro en la universidad y pronto voy a entrar al salón; hay algo que me gustaría hablar contigo más adelante si es que se puede.
—Va, bonita, con cuidado. No olvides tomar agua y cuidarte.
Le deseé lo mismo y le mandé un emoji de un beso. Realmente un mensaje de Felipe era más que suficiente para hacerme olvidar todo lo malo que estaba pasando a mi alrededor, necesitaba conocerlo y aunque una parte de mí deseaba que las cosas no fueran así, lo cierto es que por otro lado quería hacerlo.
De esta manera le demostraría a mi mamá que si habían hombres guapos que podían fijarse en mí y especialmente con una economía igual de buena que no se acercaban solo porque tenían interés en un montón de cosas vanas.
Pronto llegué al salón, todos se me quedaron mirando y no se atrevieron a decir absolutamente nada. El día luego de esto transcurrió con total normalidad y pronto me fui en mi carro al llegar a casa.
Había revisado mi celular varias veces, no tenía un solo mensaje de Felipe y esto era algo que de cierta manera me causaba un malestar. Así que al final decidí mandarle un mensaje más, a pesar de que no hacía esto con nadie.
—Hola, finalmente estoy libre de la universidad. Espero que tuvieras un buen día.
Las horas pasaron, perdí la cuenta de la cantidad de veces que miré mi celular en búsqueda de un mensaje de Felipe. Pero no había nada y esto de alguna manera me generaba ansiedad.
—Ten calma, lo más seguro es que se encuentra trabajando.
Pero sabía bien que las probabilidades de que esto fuera cierto, eran escasas. Nadie trabajaba a estas horas de la noche y menos un ingeniero.
Al final decidí ocuparme en algo, no podía estar dependiendo tanto de una persona que al final de cuentas tenía también una vida.
Estaba estudiando cuando escuché una notificación, al ir a verla miré que se trataba de Felipe. No quería responderle de inmediato, así que seguí leyendo el libro con el que había golpeado a aquella tonta.
—Dulces sueños, bonita.
El siguiente mensaje de Felipe fue el que me hizo darme cuenta de que ya había pasado un buen rato, así que decidí responderle.
—Hola, todavía estoy despierta. Me encontraba leyendo, respondiendo tus otros mensajes pues te digo que me fue bien, un tanto cansada, pero al menos ya dentro de poco voy a graduarme y todo esto va a pasar a segundo plano.
—Pensé que habías llegado súper cansada y estabas dormidita. Es un poco raro que te vas a graduar dentro de poco y todavía sigas leyendo, se supone que en estos momentos deberías estar enfocada en el vestido tan hermoso que vas a elegir para ese día tan especial.
Era cierto que todas las mujeres de mi salón se encontraban enfocadas en esto, pero lo cierto era que en mi caso no aplicaba.
—Quería hablarte un poco de mi graduación, realmente me harías un enorme honor que vinieras. Es el 9 de noviembre, o sea que falta un mes y dos días.
—Claro que estaré encantado de asistir, llevaré un ramo de flores que va a dejar a todos sin aliento. Estoy seguro que ese día vas a opacar a todo mundo.
Me halagaba lo que Felipe decía, pero sabía bien que hermosa no iba a estar en mi graduación. Mi vestido era totalmente simple y no deseaba llamar tanto la atención o al menos eso era lo que me repetía en un consuelo tonto.
—Me encuentro totalmente cansada, no tienes idea lo mucho que mi cuerpo duele.
—¿Te doy un masaje? —él respondió de manera pícara —estoy seguro de que eso te va a funcionar demasiado bien.
—No hay masaje que valga para mí —me reí ante su oferta —pero gracias, el gesto es lo que cuenta.
—Está bien, princesa.
—Castillo equivocado, aquí es el de la bruja —me reí y pronto sentí como el estómago me estaba doliendo, en serio que al lado de Felipe era capaz de olvidar todo lo malo que me pasaba, el asunto aquí era que debía decirle la verdad antes de que llegar a mi graduación…