¿Damien en la casa? No podía creerlo; generalmente no tenía visitas más que la de Rae; al final de cuentas, no era la más popular de la universidad.
—Lo recibiré en la sala, hazlo pasar y ofrécele algo para tomar; enseguida voy.
Aunque no me preocupaba mi apariencia, me miré revisando mi imagen en el espejo que siempre cubría con una manta porque odiaba ver mi reflejo.
—¿Y eso que te miras al espejo? —Rae se puso detrás de mí y colocó sus manos en mis hombros—. No me digas que Damien también te gusta, no puedes andar jugando chueco con dos hombres. Aunque bueno, terreno sin título, pues no tiene dueño.
—Nada que ver, solo que no me gustaría que mire que tengo un ojo cerrado por la inflamación. Incluso yo, siendo una machorra, no me gusta dar esa impresión.
—¡Basta con decirte los mismos insultos que te dice mi tía! —Rae me miró con reproche—. Entiende que suficiente tienes con estar escuchando los maltratos de los demás para que tú también lo hagas; no puedes venir a maltratarte a ti misma.
—Cuando creces escuchando los insultos de los demás, es algo a lo que te acostumbras, así que al final no puedes reprocharme por haber repetido lo que mi madre siempre decía.
No quise decir nada más y al final salí de mi cuarto. Estaba bajando las escaleras cuando miré que mi mamá venía en mi dirección totalmente furiosa; entonces me tomó con fuerza del brazo.
—Quiero que corras de inmediato a ese tipo; claro, como tú eres un bicho raro, atraes a puros raros. Pensé que la muerte venía por ti y me alegré demasiado, pero qué susto el mío cuando de repente ese sujeto me saludó como si fuera una persona decente.
Al escuchar a mi mamá, sentí una mezcla de sentimientos; no podía creer que ella me tratara de esa manera. Ni siquiera parecía ser su hija; juraría que era adoptada o algo por el estilo, pero no era así.
—Mamá, por favor, baja la voz porque Damien te va a escuchar —hablé en un susurro—. Entiende que él vino a verme.
—No me importa si me escucha —ella levantó más la voz a propósito—. Tú aquí no mereces recibir visitas y quiero que te quede muy en claro, ni normales, menos alguien con esa pinta tan deprimente.
—Tía —la voz de Rachel resonó desde arriba —te voy a pedir que sueltes a mi prima en este momento y dejes de ser tan ordinaria al hablar de esa manera, si no haces lo que te estoy pidiendo te advierto que voy a decirle a mi tío todos los maltratos a los que sometes a tu propia hija y veremos cómo es que te va. No creo que él te quiera perdonar nada de eso, si he guardado silencio ha sido por Aaliyah y no por otra persona.
A pesar de que mi madre adoraba a Rachel por su apariencia tan hermosa, el sentimiento no era correspondido por mi prima. Además Rae la enfrentaba de una manera en la que yo nunca me atrevería a enfrentarla.
—Cariño —la voz de mi mamá se volvió más condescendiente —¿Pero qué cosas dices?
—No te hagas la tonta conmigo, bien sabes que una sola palabra que salga de mi boca te puede hundir por completo. Te recuerdo que no llevas las mejores relaciones con tu cuñada o sea mi mamá.
Mi tía era capaz de matar a mi mamá si se daba cuenta de todo lo que pasaba. Pero siempre había detenido cualquier cosa, era más amada por la hermana de mi padre que por mi propia madre.
—No te entiendo, pero en este momento voy a soltar a tu prima, lo que pasa es que ella tuvo un mareo repentino y por eso es que la estoy sosteniendo. Ya ves que nunca la vienen a ver a casa, creo que fue por la emoción que sintió en estos momentos al saber que finalmente tiene una visita que no eres tú.
Lo que mi madre decía era en parte cierto, nunca nadie venía aquí y era por dos motivos. El primero era porque no tenía tantos amigos y el segundo era porque me asustaba que ella terminara por criticar a Damien, algo que ya había pasado.
—A otro tonto con esa justificación —Rachel bajó y miró el agarre que mi mamá tenía en mi brazo —¿A qué hora piensas soltar a mi prima, tía?
La mano de Rachel apretó el brazo de mi mamá y ella terminó por soltarme, al final bajé las escaleras y llegué a la sala. Ahí miré a Damien y por su rostro de incomodidad supe que él había escuchado absolutamente todos los improperios de mi progenitora.
—Damien, yo…
—Solo venía a ver cómo te encontrabas —él interrumpió y se levantó del sofá —dado que sé que te encuentras bien del accidente que tuviste, pues me retiro porque no quiero dar molestias.
Damien se acercó a mí y me dio un ramo de orquídeas mezcladas con alcatraces, luego de eso un beso fugaz fue lo que recibí.
—Damien, te agradezco esto.
Una leve sonrisa fue lo que obtuve luego del agradecimiento, Damien no dijo nada más y salió de la casa como si el diablo lo fuera siguiendo. Sentí una vergüenza total al ver esto, no podía creer que mi mamá incluso me arruinara la única amistad que tenía.
—¡Mamá! —grité con furia y la miré, ella todavía se encontraba en las escaleras junto con Rae —no puedo creerlo, ¿Tienes idea la vergüenza que me has hecho pasar?
—Bueno, en comparación con las vergüenzas que tú me has hecho pasar, créeme que una no es nada.
—Mamá, no puedes tensar tanto la soga de una persona que decidió permanecer en silencio total ante todos tus maltratos —reté y miré como ella se asustaba —porque créeme que si decido hablar voy a hacerlo muy alto y dudo mucho que permanezcas en una sola pieza. No solo mi papá te va a destrozar sino que también mi tía te va a despellejar viva por todo lo que me has hecho.
El silencio fue pesado, mi mamá me miraba con un susto que no había visto desde hace mucho tiempo. Al final de cuentas siempre me había mostrado dócil y tranquila ante sus maltratos.
—Lo de hoy definitivamente fue algo que cruzó una línea que no puedo ignorar como lo hacía con tus maltratos. Así que voy a invitar a comer a Damien a modo de disculpas y tú vas a ser una excelente anfitriona si no deseas cargar con las consecuencias de lo que se te va a venir.
—¡Ese tipo no pone un pie en mi casa!
—Pues entonces quiero que te prepares para que mi papá sepa que la lesión en mi cráneo la has hecho tú y no fue un accidente, sino que me empujaste contra el tablero del carro porque sostenías mi pelo.
—¿Qué es lo que dijiste? —una voz sonó detrás de mí…