Media hora, sentada en la orilla de la cama, pensando en cómo salir de aquí. Tengo una probabilidad de 10% para salir sin un rasguño.
Le di un vistazo a toda la habitación, y solo me encontré con una ventana que tiene rejillas. Ahora solo cuento con 1% de probabilidades, para llegar a escapar, sin ser vista.
El 1 restante son mis esperanzas. Voy por mal camino.
Salgo de mi ensoñación, when abren la puerta, volteo a ver si es el “Señor Regans”, pero me equivoco. Me encuentro con un joven hombre de n***o, supongo que es unos de sus tantos sirvientes.
- Mucho gusto, mi nombre es Marcus, su guarda espalda Señorita - da un asentimiento de cabeza como presentación - Desde ahora me encargare de usted y sus necesidades. Excepto que no podré ayudar a escapar, ordenes de arriba.
- Cristal Elizondo, mucho gusto. Estoy algo frustrada por todo, ¿Tienes alguna información, que me puedas dar? - que estúpida pregunta, es obvio que no soltara nada. Aparte parece mi Nana, tengo entendido que los guarde espaldas no se presentan tan amablemente.
Si es una táctica para mantenerme alejada de todo, para que confié en él, y me haga su amiga del alma; pues está jugando con la persona equivocada.
- La única persona que puede darle la información que usted necesita, la está esperando en el comedor - sonríe y me tiende su mano.
Acepto mano, y me dirige a donde me esperan. Observo todo a mi alrededor, buscando puntos claves para mis opciones de escape.
Marcus parece darse cuenta de mis intereses, y se apresura a decir.
- Es mejor que no pienses en escapar.
- Si, lo tengo claro. Me mataran y haré como si nunca estuve en este lugar. Te aseguro que aun quiero vivir, aunque sea soportando lo que se me avecina - le contesto fríamente.
- Mmm - parece dudoso - tal vez no. Antes te castigarían y te encerrarían sin compañía alguna, solo de tu torturador, no sería agradable para una dama vivir tal experiencia.
No espera una respuesta de mi parte, ya que estuviéramos entrando al comedor, nos encontramos con una mesa larga de cuatro puestos a ambos lados y los dos de la punta, que encabezan la mesa.
Marcus me aparta una silla, de las que está en la esquina izquierda. Cuando me siento, aparece él. Se ha cambiado de ropa, se ve cómodo, una franela negra, manga corta, junto a un pantalón oscuro desgastado.
Está guapo, su aroma se ha expandido por toda la estancia. Empiezo a sentirme un poco nerviosa, tengo la boca seca, su presencia me ha estado afectando de una forma extraña. Toma asiento, coloca sus brazos sobre la mesa y me observa, como si buscara algo en mi mirada.
– Dile a Carla que puede traer los aperitivos – dice, sin apartar su mirada de la mía.
– Sí, Señor Regans – contesta Marcus, antes de salir.
Sus ojos azules son muy intimidantes, pero cautivadores, que te hacen querer gritar de simple emoción, porque te notaron. Todo él grita fuego.
– Cristal Elizondo, hermana e hija mayor… ¿Específicamente de que parte de Italia provienes?
– En realidad, nací en Alemania, pero desde muy pequeña me llevaron a Italia. Soy de descendencia Latina por mi madre e italiana por… – dudo antes de responder –... por mi padre – digo con una amargura en mis entrañas – Por ello, hablo el español, poco el alemán y el Italiano que es el más fluido – me incomoda un poco hablar de mí, no estoy acostumbrada que me pregunte mi nacionalidad.
– Sabía que esa belleza era mezclada. Note tu duda al mencionar tu padre, ¿Esta muerto?
– ¿No se supone que tú, conoces mi vida? – le contesto, esquivando la pregunta, tarde o temprano tenía que afrontar el tema.
Es algo delicado de hablar, y sé que algún día llegara el momento de gritarlo. Mi sentimiento hacia ese hombre es de desprecio, mi madre fue una tonta enamorada que creía en los cuentos de hadas. Él no la valoro, simplemente, jugo con ella.
La bestia se disfrazaba de oveja, el pobre pastor no se percató, y callo en sus redes. Una, tras otra vez. Mi madre repetidamente le perdonaba sus actos, hasta volverse una cadena de repeticiones.
– Sí, pero me gusta enterarme por ti misma, ¿Te molesta, qué pregunte? – levanta una ceja. Le contesto con otra pregunta.
– ¿Para qué me quieres aquí? y ¿qué intenciones tienes hacia mí? – Parece no notar el cambio de tema, así que responde.
– Buena pregunta. Desde ahora, cambiara todo para ti. El pasado esta atrás y nada lo cambiara querida. Tu familia no podrá saber de ti; para ellos ya no existes… – una lagrima resbala por mi mejilla, pero la limpio antes de que el la note. Su mirada se dirige a Carla, que va entrado con los aperitivos, así que no llega a verme hacer tal acto, no me mostrare tan blanda, ante él.
Carla, deja los platillos en su sitio, le doy mis agradecimientos, a pesar que recién la conozco. Mi madre una vez me dijo, que tenía que ser agradecida con las personas. Un buen saludo siempre hace bien.
– … ahora en adelante, serás mi prometida. Te casaras conmigo, y serás la madre de mis herederos – tanta información me pone los pelos de punta. Como es posible que allá tanta frialdad en las personas, me sorprendo ante tal afirmación. No le importa si estoy o no de acuerdo.
– ¿Cómo puedes hacer eso?, no estoy de acuerdo. Sabía que me mantendrías para hacer quien sabe qué, pero no para volverme su… – no estoy pensando coherentemente, empiezo a alterarme – volverme su mujer. ¿Cómo podría amarrar su vida con una completa desconocida?, aparte quiere hijos. No puede ser posible; no lo conozco, apenas unas horas. No, no, y no. No podría juntar mi vida, con una persona que le desconozco hasta el nombre.
– Cada una de tus preguntas, tienen su respuesta. Simple y sencilla, todo fluirá al debido tiempo, para eso tendremos suficiente; no te preocupes. Ya conozco tu vida, pero tú no la mía, la cual es sencilla. Nada de qué preocuparse – cuando se menciona la última frase, siempre es todo al contrario. Lo miro inquisitiva
– ¿Y tu familia, que dirá de eso? No sé a lo que te dedicas ni tu nombre – vuelvo a reprocharle.
– Sencillo, me llamo Dylan Regans, rey del narcotráfico; mi familia no será un problema, pronto los conocerás. Tengo 29 años, por si preguntabas mi edad – valla este hombre se llama a sí mismo, “el rey del narco”. Volteo mis ojos ante tal ego; todo es tan fácil para él.
– ¿Dentro de cuanto, será dicha boda?
– Respecto a la boda, todavía no hay fecha definida. Para el mundo serás mi prometida; mientras tanto, durante este tiempo, te iras convirtiendo en Mi reina. Necesito a alguien como tú, en este campo… tendrás instructores para que te enseñen algunos que otros modales, solo protocolo – hace mención, como si fuese gran cosa, ¿se cree de la realeza o algo asi? – Marcus te enseñara a disparar un arma y defensa personal, es solo por precaución. No hace falta ya que serás la señora de la casa, tendrás toda mi protección; el que se meta contigo, no vivirá para contarlo. Serás mía, señorita Elizondo – me ha dejado atónita, hay mucho trabajo en camino. No sé en qué pensar; este de acuerdo o no, estoy metida hasta el fondo.
– No creo hacer lo que me estás diciendo, recién y te conozco. Puedo fingir ser tu prometida, porque no me estás dando otra opción; acerca de casarme, me niego… no en estas circunstancias, debería de darme un poco de tiempo. Aparte no me pidas que me olvide de mi familia, ya que será imposible, es lo único que tengo.
– Mi paciencia está un poco al borde, y no me importa tu opinión en estos momentos; solo te estaba informando, para mantenerte al tanto de mis decisiones, pero veo que lo has entendido bien. Recuerda que estaré esperando herederos…
– Para… ¿herederos?, estas llevando esto muy lejos.
– Nos casaremos, uniremos vidas; no importa si no quieres tener intimidad conmigo, de igual forma
si no te da la gana tener intimidad con migo al igual te casarás y uniremos nuestras vidas, me darás un hijo así tenga que llevarte a una clínica donde puedan meterte mi semen en tu vientre, para que me des herederos, lo único que tienes que hacer es fingir que eres feliz a mi lado, y si te portas bien te juro que te dejare ver a tu familia de lejos así que no se discute mas el tema ok.
-ok- digo sin el mas mínimo animo, después de unos minutos de silencio llegan unas sirvientas trayendo unas bandejas en sus manos de seguro es la comida, la dejan allí y luego se retiran es sopa de verduras, carne con arroz y ensalada y para completar vino tinto, empiezo a comer un poco de sopa y el silencio invadió la estancia, me a dejado en ascuas todo lo que dijo y mucho mas por que tendré que hacerlo obligatoriamente no tengo salida.
-podre salir de aquí- digo casi en un susurro.
-por ahora no confió en ti, así que te quedaras encerrada en una habitación que mande a preparar para tu llegada, y solo saldrás cuando yo lo ordene o cuando ya empiecen tus clases, así que la que se encantará de comprar y preparar tu cosas sera Carlota, después te colocaré una acompañante del sexo femenino- dice sin mirarme. Esta enojado por su expresión.
-Vetania- preguntó por ella, ya que el la trajo aquí.
-ah! Ella esta en la fabrica trabajando. Dice cerio...
-trabajando! De que.
-me explico soy un narcotraficante un mafioso, que transporta cocaína y lavado de dinero así que ella es una de las tantas que trabajan con la mercancía.
Mi cuchara no llega a mi boca, al escuchar donde esta vetania tiro aquella herramienta de metal en la mesa y le doy un fuerte empujón al asiento asiéndole caer salgo de allí, escucho los gritos de dylan llamarme pero no le respondo y sigo importando me una mierda si me mata hoy mismo subo la escaleras y entro al cuarto donde estaba antes cierro la puerta de un puertazo y me encierro en el baño.