Un problema tras otro

1709 Words
–¿Estás loco? –le gritó Emily lanzándole una de las bolsas que llevaba encima, sabiendo lo que contenía y que nada de allí se rompería y sabiendo también quien era el que casi termina atropellándola. –¡La loca eres tú j***r! –exclamó él quitándose el casco con furia –¿Acaso estas más loca de lo que recordaba? ¿Qué haces cruzando la calle sin siquiera fijarte quien pasa? La moto se encontraba tirada a uno de los costados del cordón de la vereda, ciertamente con uno de los espejos rotos y quizás algún que otro rayón, algo que a ella poco le importó. –¡Tú eres el que anda en esas cosas, no yo! –le gritó señalando la motocicleta –¡Tú deberías de tener más cuidado! –terminó y se acercó a tomar la bolsa que le había lanzado luego de verlo pararse, pero él la tomó de la muñeca antes de que lograra tomarla. –No estamos más para juegos Emily, ¿acaso quieres matarte? Emily lo miró con cara de pocos amigos. –Suéltame si no quiere que esto termine peor de lo que empezó –dijo con los dientes apretados y él acató su orden, haciendo que luego dibuje en su rostro una sonrisa falsa –No tengo por qué andar dando explicaciones a descerebrados, así que me no me tomaré el esfuerzo siquiera de hacerlo –terminó regalándole otra sonrisa falsa, lo que hizo que él rodara los ojos. –Gracias por el cumplido. –De nada. Él suspiró resignado y se dirigió hacia su moto. –Supongo que Thomas está con mi hermana –le dijo entonces y la miró, mientras ella le decía a la gente una y otra vez que no debía preocuparse, que se encontraba bien. –Supongo que no aparecerás como siempre –le dijo entonces sonriéndole amablemente a una mujer que le continuaba preguntando si se encontraba bien. –Sabes que es mejor para él que no aparezca. Agradezco lo que hiciste por mi hermana y… Por mí, pero sigo manteniéndome firme en que tendrías que haber abortado. Una risa seca y molesta se escapó de sus labios. –No te preocupes, te he dejado sumamente claro que, aunque seas biológicamente el padre de mi hijo, nunca consideré que estuvieras a la altura de tal título –le sonrió falso –Se necesitaría algo que no tienes, figurativamente hablando, para tomar tal responsabilidad. –Siempre tan dulce –le dijo entonces él sonriéndole falsamente y colocándose el casco. Y pensó que era lo que se merecían las personas como él, pero no lo dijo, más que todo porque él se marchó en cuanto se colocó el casco y aceleró y por otro lado, porque sabía que era saliva gastada sin retribución alguna, pero algo dentro de ella pareció romperse un poco más de lo que ya estaba roto, porque a pesar de que siempre había deseado tener hijos, no había sido de aquella manera que lo había imaginado y menos con la persona menos paternal del planeta, aun si ambos habían terminado mal. –¿Emily? –preguntó entonces una voz, sacándola de su burbuja de auto sufrimiento, notando entonces las lágrimas que habían comenzado a escaparse de sus ojos. –¡Sue! –dijo entonces y corrió hacia la nombrada y se abrazó a ella como si fuera el último bálsamo seguro que le quedaba y la verdad era, que esas palabras, eran casi reales. Su amiga la recibió entre sus brazos y sobó con cariño su espalda, mientras ella intentaba recuperarse de los fantasmas que parecían crecer cada vez que veía a Taylor. –Vine a ver si habías trabajado a la mañana y así ir a cenar algo ¿Quieres? –le preguntó entonces Susan cuando ambas se separaron y ella negó con la cabeza, limpiando los últimos rastros que quedaban de aquella tristeza que sabía debía dejar atrás. –No puedo –le contestó entonces inspirando con fuerza y le sonrió levemente –Tengo que ir a trabajar y luego buscar a Thomas, pero, gracias. –Sabes que no tienes que agradecerme Emy –le sonrió dulcemente, dejando a la vista sus perfectos dientes blancos y parejos, algo que, en la niñez, había sido de gran envidia de su parte, hasta que le habían corregido su desastrosa dentadura con los aparatos –Si quieres el fin de semana nos juntamos y caminamos, como solíamos hacer, con Thomas, obviamente –le cortó antes de que abriera los labios, pues estaba por decir que tenía que cuidar de su hijo, lo que provocó en ella una leve risa y formó en sus labios una leve sonrisa. –Gracias. Susan chasqueó la lengua y se acomodó el cabello oscuro hacia uno de los costados. –¿Para qué están los amigos si no es para ayudar a sus amigos? –le dijo entonces y depositó un beso rápido en su mejilla –Nos vemos querida y espero que no seas un desparpajo como ahora ¿escuchaste? Porque si no tendremos que ir a una heladería a comer dos kilos de helado y no estoy para ello, te amo, pero no exageremos –le guiñó un ojo y la saludó con la mano mientras se alejaba y ella le devolvió el saludo, agradeciendo tener una amiga como Susan, quien, a pesar de casi nunca verse ya, sabía que podía contar con ella en lo que fuera. Solo, tenía que marcar su número y decir que todo andaba mal para que su escuálida amiga estuviera en su puerta en menos de cinco minutos. Cuando llegó al trabajo saludó a todos y fue para la cocina, donde sabía encontraría a Roger, con quien tenía que hablar ciertos asuntos que su abuelo no se animaba a tratar, pero que ella no los dejaría pasar. –Roger –lo llamó, viendo que hablaba con los de la cocina como si fuera sus amigos e incluso familia y la verdad era esa, todos allí llevaban tanto tiempo trabajando juntos que ya eran en parte, una familia –¿Podemos hablar? –le dijo entonces cuando sintió las miradas de todos sobre él. –Hola Em, claro –le dijo sin saber a lo que se refería y él dejó a los demás y se acercó a ella. –Fuera, por favor –le dijo entonces y Roger entendió que era algo sumamente serio, aunque ya se había hecho una idea. Cuando salieron a la salida lateral, por el callejón sin salida, Emily lo enfrentó. –Dime quien es el que está robando –dijo sin rodeo alguno. –Em –dijo con cierta lástima –Sabes que no puedo decirlo. –Sabes que mi abuelo no dirá nunca nada sobre cómo desaparecen las botellas Roger, pero es algo preocupante. La semana pasada desaparecieron cuatro botellas y no lo pregunto para despedir a quien sea, sino para solucionarlo. Roger, la persona que está robando las botellas… –Soy yo –dijo entonces alguien saliendo por la puerta, dejando en claro que se trataba de Frank. –¡Frank! –exclamó Roger apretando con fuerza sus manos. –¿Frank? –preguntó sin creérselo y entrecerró los ojos –Es imposible que seas tú –dijo y miró a Roger, que evadía su mirada –¡Eres tú! –exclamó entonces y Roger la volvió a mirar, avergonzado y rendido. –Lo siento –se disculpó sin dejar de mirarla –No era mi intención, pero… –Está yendo a tratarse –dijo entonces Frank y se acercó, tomando la mano de Roger –Prometemos que no volverá a suceder, solo… solo… Danos una oportunidad. Emily abrió los ojos de par en par sin poder quitar su mirada de las manos unidas de los dos hombres. –¿U…Us… Ustedes…E... Están juntos? –preguntó entonces y los miró de hito en hito sin dejar de abrir más y más los ojos si aquello era posible, lo que provocó en ambos hombres que se rieran. –Así es Em, eres la única que no lo ha notado. Emily ladeó la cabeza hacia un lado. –¿La única? ¿En serio? ¿Mi abuelo lo sabe? –Así es, como también ha hablado con nosotros por… –Frank miró a Roger antes de continuar –Por el problema de Rog. No directamente, pero dedujo que alguno de nosotros éramos y pidió que, aunque no dijéramos quién es que vaya a algún apoyo o que se apoyara en la familia que somos aquí. –Siento no habértelo dicho antes Em, pero… Me avergüenza decirlo. Emily entonces sonrió levemente y lo abrazó. –No tienes que disculparte, por lo menos no de ello, si de las botellas robadas –dijo separándose y señalándole sin borrar su sonrisa –Pero sabes que cuentas con el apoyo de todos y felicidades por ser la pareja más cuqui que he conocido hasta el momento. Frank y Roger rieron levemente. –Muchas gracias. Emily negó con la cabeza y les pidió que ingresaran de vuelta, mientras ella se quedaba unos segundos pensando en lo sucedido y en todo lo que le había sucedido hasta el momento, intentando calmar su mente de lo que había sucedido con Taylor y el detonante que parecía que cada vez que lo veía quería apretar. Quizás Taylor había marcado su vida, ¡y vaya que la había marcado!, pero no quería que aquello la definiera por lo que era o lo que sería, pero era cierto que Taylor era de esas molestias en la vida que, aunque uno quisiera uno no podía sacársela de encima. –¿Por qué siempre termino pensando en ese idiota? –se preguntó a sí misma y un sonido a uno de sus costados la sacó de sus pensamientos, viendo entonces a un hombre fumando no muy lejos de ella, lo que provocó que abriera los ojos sorprendida, pues no le pasó desapercibida de quien se trataba, como también ser consciente de que quizás había escuchado todo. –Veo que tienen algunos problemas –dijo entonces dándole una calada al cigarrillo y ella abrió los ojos sorprendida y con cierto temor. Si, había escuchado todo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD