Una noche particular

1646 Words
–¿Has escuchado todo? –preguntó entonces ciertamente alarmada, con temor de que aquella persona frente a ella comenzaba a difamar el lugar que tanto había costado levantar y que había costado sudor y lágrimas a su propia familia. –Solo una parte –se encogió de hombros restándole importancia –Solo espero que no le ponga nada peligroso a la comida. Emily se sintió ofendida ante aquel comentario y rodó los ojos. –Es el segundo chef y Frank nunca permitiría que en esta cocina salga alguien lastimado –le aseguró –O envenenado –pareció pensárselo. –¿Lo pasaron a segundo chef cuando comenzó a suceder lo de las botellas? –preguntó entonces con una de sus cejas alzadas y Emily lo tuvo que pensar antes de sentirse derrotada por tal deducción que ni ella misma había tenido. –Si –contestó derrotada y con ganas de llorar por su poca percepción. –Lo supuse –comentó asintiendo con la cabeza y desvió la mirada de ella. tiró entonces el cigarrillo y extendió una de sus manos hacia ella, volviéndola a mirar con sus ojos ambarinos con un tono dorado, lo que hizo que lo mirara extrañada y diera un paso hacia atrás, lo que hizo que él levantara una de sus cejas. –Solo es un saludo, soy… –Ya sé quién eres –le cortó con cierta molestia por aquella actitud tan despreocupada que mostraba cuando parecía tener la soga que se acomodaba en su cuello –Solo quiero saber si andarás divulgando lo que has escuchado. Suspiró resignado y dejó caer su mano de mala gana. –No soy ese tipo de persona –le aseguró, aunque ella no estaba convencida, pues a muchas personas, tanto de la baja como de la alta sociedad parecía encantarles los chismes, aun si arrastraban inocentes con ello –Solo quería ser educado y saludar, pero no podía hacerlo con el cigarrillo en la mano y me gustaría saber el nombre de la persona que parece no confiar en… ¿Ninguna persona? –la mirada penetrante de él parecía querer ingresar en lo más profundo de su alma y conocer qué se escondía ante la hostilidad de su parte, pero era algo que no le daría el placer. –Emily –dijo entonces y extendió su mano –Emily Clinton. Él dibujó una leve sonrisa en su rostro, ciertamente satisfecho por su cambio. –Es un placer conocerla, señorita Emily Clinton –dijo y tomó su mano, pero no fue un simple saludo de manos como ella esperó, sino que él volteó su mano y colocó un casto beso en el dorso –Espero nos veamos pronto o, mejor dicho, me veas pronto –le dijo y le guiñó uno de sus ojos antes de girarse e irse, dejándola completamente descolocada y sin palabras. ¿Qué acababa de suceder? Se preguntó mientras intentaba salir del trance en el que se había metido gracias a aquella persona que todo el mundo conocía. El tan conocido Jackson Park, un multimillonario al que todos admiraban y querían a su lado, pues a pesar de haber nacido en una cuna de oro, él había decidido no hacérsela fácil y había optado por abandonar los negocios familiares para dárselos a su hermana menor y así él hacer lo que siempre le apasionó… La actuación y el modelaje. Y muy diferente a las otras personas, a ella, aquella actitud, le pareció ridícula. Ridícula y absurda, pues ¿Quién renunciaría en su sano juicio a una montaña de dinero por el modelaje o la actuación? Aquello provocó que una risa amarga se escapara de sus labios. Si… El niño de mamá no tenía idea lo que era tener que enfrentar el mundo con una mano adelante y la otra atrás. Nunca lo había sabido. ♡♔♡ Agotada era quedarse corta de cómo se sentía. Exhausta, por otro lado, diría que era casi como una exageración, pero así era como se sentía y más cuando le tocaba a ella cerrar. –¿Lo viste? –le preguntó entonces Wendy, una de las chicas que trabajaba allí atendiendo –¡Dime que lo viste! –exclamó más que emocionada, lo que provocó que ella rodara los ojos y deseara que las persianas se cerraran por arte de magia rápidamente, aunque sabía que sería imposible. Sí, todos los allí presentes que estaban esperando que cerrara para no dejarla sola, estaban más que eufóricos porque el gran Jackson Park había ido al restaurante de ellos, algo que parecía sumamente surreal a sus ojos dado que eran de mundos demasiado distintos. Y la verdad que ella tampoco podía creérselo, pues ¿quién en su sano juicio iría casi a los suburbios a comer, siendo que pertenece a la clase “elite”? Pero la verdad también era que no le daba tanta importancia como los demás, pues estaba más que convencida de que era algo de una vez. Cuando terminó de cerrar, agradeciendo al universo que lo había hecho rápido, miró a sus amigos. –¿Vamos a por algo de tomar? Mañana no abrimos –comentó entonces Roger y miró a Frank, quien le sonrió levemente, lo cual le pareció muy tierno a Emily, aun si ella no podía verse a sí misma mirando a alguien de aquella forma. –¡Si, vamos! –exclamó Wendy más que prendida a la idea. –¿Te sumas Em? –le preguntó entonces Frank y ella negó con la cabeza. –Lo siento, pero tengo que buscar a Thomas e ir a casa. Gracias igual por la invitación. Todos le sonrieron levemente. –Entonces te acompañamos hasta el coche –dijeron todos casi al unísono y la acompañaron, como siempre, como se daba casi todas las noches, donde ella los dejaba con los programas que hacían y aún así, ellos la acompañaban hasta su coche. –Gracias chicos –les agradeció sinceramente y los miró. –No tienes que agradecernos nada Em –le dijo Roger dibujando una sonrisa dulce en su rostro –Nos vemos el martes. –Nos vemos –los saludó a todos con una de sus manos, mientras los demás le devolvieron el saludo. –Adiós –dijeron Wendy y Trevor que eran los otros dos que estaban en el grupo aparte de Roger y Frank y sin más los vio alejarse entre carcajadas, risas y diversión, algo que parecía ya olvidado en su vida. Se puso entonces a buscar las llaves en su bolso, algo que no logró encontrar y maldijo por lo bajo, mirando en dirección hacia el local. Odiaba la idea de tener que abrir todo de nuevo, pero parecía que el destino quería que lo hiciera y quería llorar como niña de cinco años con tan solo pensar que debía de abrir todo de nuevo. Quiso llorar de la frustración, pero, aun así, decidió volver el camino que había andado y llegó a la puerta del restaurante, donde vio apoyado contra persiana del local. –¿Disculpa? –preguntó sin reconocer a la persona –¿Te has olvidado de algo? –cuestionó y frenó en seco al ver de quien se trataba –¡Tú! –exclamó y lo señaló con el dedo, dándose cuenta de su acción enseguida y escondiendo su reacción exagerada –¿Qué haces aquí? –¿Así sueles tratar a todos los clientes? –le preguntó dejando escapar una leve risa, pues a pesar de que su reacción hubiese sido tomada a mal por otros, él parecía no estar afectado. –¿Qué haces aquí? –volvió a preguntar y él suspiró, metiendo sus manos en los bolsillos del cárdigan que llevaba puesto, mostrando así unas llaves. Sus llaves. –¿Qué haces con mis llaves? –preguntó molesta e intentó tomarlas, pero él la esquivó y ella lo fulminó con la mirada –¿Qué crees que haces? –Deberías de decir “Por favor, ¿puedes devolverme las llaves?” ¿o acaso me equivoco? Emily apretó con fuerza su mano extendida y luego la dejó caer, frunciendo los labios. –Vale –gruñó e inspiró con fuerza, molesta –¿Podrías por favor devolverme las lleves de mi coche? –preguntó y comenzó a parpadear aceleradamente, lo que hizo que él se riera. –¿Y qué me darás a cambio? –¿Disculpa? –Eso que has escuchado –le contestó sin dejar de borrar su sonrisa –¿Qué me darás a cambio por tus llaves? La intensidad en su mirada dejaba en claro que no bromeaba. –Lamento informarte que mi virginidad ya fue tomada –le contestó entonces sonriéndole falsamente, sintiéndose cansada de hombre como él que parecían pretender algo que no terminaban siendo. Él largó una carcajada y comenzó a reírse. –Vale, vale, entonces –extendió las llaves hacia ella, pero Emily no las tomó por miedo a que las volviera a correr –Una cena será. –¿Una cena? –preguntó sin entender. –Así es –contestó asintiendo con la cabeza –Una cena para conocernos. Emily levantó una de sus cejas. –Gracias, pero paso –le contestó y con rapidez tomó las llaves para girarse e irse. Debía de estar soñando si pensaba que ella iba a terminar cenando con él en algún restaurante de alta gama donde ella terminaría haciendo el ridículo, aunque… La idea no parecía nada mala, así que frenó y miró por encima de su hombro, viéndolo a unos metros de ellas, esperando. –Vale –le dijo entonces –Me comunicaré contigo –se volvió a girar y se encaminó hacia el coche, disfrutando la sorpresa que se había dibujado en su rostro. Si, podría tomarse la libertad de divertirse un poco y salir con alguien que pensó, nunca estaría a su alcance. 
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