Una deuda más

1821 Words
Pov Salomé —O un hijo o la cárcel —dice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan más oscuros y sus músculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ¿Un hijo? ¿Se volvió loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cámara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no está jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razón él quiere que… aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. —¡Se volvió loco! —hablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniéndome de pie—, ¿Qué clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o… —La voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. Además, ver a los hombres con trajes que están a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. —Siéntate —me dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ¿Qué mierda te importa como huela y se vea Salomé? ¡Te está amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Él sabe que está bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razón le gusta, le excita y hasta podría jurar que lo prende. —¡No voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un… —Un mafioso con traje —me sonríe y trago doble. «Lo sabía» Desde que lo observé fuera del callejón supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabía que detrás de sus ojos verdes como el césped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carácter sólo podían ser la de un… trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y… sin poder protestar me siento. El corazón parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ¿En qué te metiste Salomé? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor él habla de nuevo. —Mi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, ¿ahora sí te suena mi nombre Ragazza? —Me pregunta y las palabras de mi tía llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» —¿Qué quiere de mi señor? —Vuelvo a preguntar. —¿Acaso no he sido claro? —pregunta con altanería—, quiero que me des un hijo o si no irás detenida por el robo de mi reloj —habla y todo se me paraliza. —Acaso… —intento abrir la boca pero lo cálido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. —No tengo que decirte porqué, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mí esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno… —Lo último lo dice de una manera que me causa escalofrío. Me remuevo en el asiento incómoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; —Te daré empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios —sigue. «¿Servicios?» —Cómo podría parirle un hijo y dárselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel… ¿No tiene sentimientos? ¿Cree que yo soy una mujer insensible? ¡Sería también mío por dios! —Estás endeudada, tu hermana está enferma y vives en la completa miseria, no tienes opción, solo es alquilar tu vientre y ya está —Se traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. —¡No! —grito logrando que todos me observen—, ¡es usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! —tomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahí como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero él los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbécil» Unos minutos después llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me está costando tomar por primera vez algo que no era mío me exaspera y me abruma. Nunca antes había tomado nada que no fuese mío y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismísimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que él no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ¡Es un dineral Salomé y es cierto lo que dijo él! Estás en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrándome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tía y a Sofía con desespero, pero… —¡Niña Salomé, niña Salomé! —me llama la vecina—, su tía dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al médico, tuvo una crisis y… —dejo de oír con lo próximo que me dice la vecina. Sofía es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tía). Si algo le ocurre también a ella, yo… trago grueso al solo imaginarlo. —Sofía Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crónica —le digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tía está sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. —Tía, ¿cómo está Sofía? ¿Por qué la ingresaron? Yo…—la abrazo nerviosa. Mi tía intenta hablar, pero es interrumpida por un médico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; —Su hermana tiene una fuerte infección en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de días —explica—, en estos momentos la tenemos con oxígeno, ya que la infección empeoró por su asma crónica —sigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tía. Los días pasan aumentando mi ansiedad; dos días después de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegó una tarjeta con su número de teléfono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero… se que allá no tengo ninguna oportunidad, además de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tía ya no es una opción. «Estás perdida Salomé y lo sabes» Entro con un jugo y un sándwich a la habitación de Sofía y ella sonríe apenas me vé. Hace tres días le quitaron el oxígeno y las fiebres que la tenía delirando cesaron. —¡Salomé! —Sonríe mostrando sus pequeños dientes. —Pequeña —le muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sándwich habla con la boca llena: —¿Sabías que los osos de agua o tardígrados pueden soportar temperatura a más de 200 grados? ¿Es una locura no es así? —pregunta y suelto a reír. —¿Dónde leíste eso? —le pregunto curiosa. —En un libro que me prestó la enfermera —se encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades económicas de darle todo a Sofía, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismática y la amo tanto que… todo lo hago por ella. —Señorita, pase el recibo de la cuenta a la recepción, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarró la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidé por completo que aquí la salud es paga. En mi país también, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepción y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que… me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. —¿Pagará con tarjeta o con efectivo? —me pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragándome las palabras. Me muevo al jardín de la clínica con la cabeza dándome vueltas. ¿Y ahora como voy a pagar? Debo más que lo que don Ramón le debía a don barriga a eso sumándole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opción Salomé tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su número. Tomo el móvil que me prestó mi tía para estar en comunicación con la casa y marco su número con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. —¿Sí? —pregunta. —Soy Salomé Uribe —hablo y no sé porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcásticas y provocativas. Le doy la dirección donde me encuentro y le explico la situación con rapidez para luego colgar. «Él no va ayudarte Salomé solo le importa que le des un hijo y ya está» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frío e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y… —Señorita, necesitamos desocupar la habitación, va a pagar la cuenta o no —pregunta la mujer de recepción. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; —Yo pagaré la cuenta de la señorita Uribe —habla Damián Morgan dejándome sin aliento. «Bien Salomé debele más al narcisista para que luego te las cobre todas juntas»
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