Yo era uno de los descalzonados muertos de hambre del pueblo y trabajaba pal viejo, que no sé por qué, me agarró harta confianza y me mandó a servir a su casa desde que tenía los ocho años. A la Beatriz, y a sus otras hijas yo las veía como a las hijas del patrón, ni madres en pensar en tener un chance con ellas, ni por aquí me pasaba. Muncho menos pensar en parcharse a una desas. Eso era un sacrilegio. Las veía uno como las amitas y a ellas ni mirarlas a la cara siquiera... onde va sucediendo eso aquel desgraciado y maldito día. Me acuerdo que me mandaron al pueblo a comprarle unas medecinas a la niña Beatriz, que dizque porque anda mala y el matasanos se las mandó. Llegué a la farmacia y mientras me despachaban escuché en su radio esa canción: “Un indio quiere llorar, sus lágrim

