Capítulo XII

2097 Words

—Bueno, para que veas que no te desprecio, lo pruebo —y sacando la mano empapada de adentro de mi pantalón, se acercó un dedo a la boca y lo medio tocó con la punta de la lengua. —No, mamacita..., espérate, todavía no acabo. Voy a llenarte el agujero de mis cremas. Voy a hacerte feliz... La vieja no se dejó montar. Primero se resistió bromeando, riéndose de mis intentos. Cuando yo me impuse, me gritó. —Espérate, Catarino. ¡Las órdenes las doy yo! —Pero, pos es que yo no me conformo con eso nomás. —¡Cállate, imbécil, no me eches a perder este momento! —Pero es que yo, pos pensé que... —¿Y crees que yo no estoy bien caliente? Lo que más quiero ahorita es que me la metan; pero no voy a darlas con un pobre pelagatos que no tiene ni para tragar. —Entonces, ¿por qué chingaos me deja cach

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD