Y la casera se levantó de la cama y se dirigió a la ventana de aquella vivienda, se colocó sobre el marco de la misma como si observara el panorama que no era otro que el patio de la vecindad, tenía las nalgas bien levantadas, empinadas por completo, con la falda hasta la cintura, lo que permitía que sus nalgotas y esa peluda pucha que poseía quedaran abiertas y dispuestas a lo que ese cabrón quisiera hacerle. Ante aquella erótica visión, el chafalote de Palemón, reaccionó de inmediato, tensándose como cuerda de violín y cabeceando con una ansiedad incontenible, aprovechando aquel momento y sin esperar a más, él se acercó a aquel rico y apetitoso trasero, sin ayudarse con las manos centro su garrote y se lo dejo ir de un firme empujón, clavándolo hasta los huevos. —¡Aaahhh...! ¡Que rica

