Se hizo buey por unos segundos pensando que sería algún vendedor. No quería levantarse de la cama para ir a oír tonterías que ni le interesaban. Además, aunque quisiera comprar algo no contaba con dinero. Los toquidos seguían insistentes. Ya no lo soportó más y se levantó para ir abrir. —Buenas tardes, Palemón —saludo la mujer, algo entrada en carnes, de esas gordibuenas, con las que aún te puedes aventar un buen palo y disfrutarlo al máximo, tenía chichotas como melones y nalgas como sandías, andaba por los cuarenta y pocos años, todavía tenía buen ver, además era la casera, la dueña de la vecindad. —Buenas las pasé usted, doña Remedios —respondió él medio sacado de onda ya que de antemano sabía lo que significaba aquella visita. —Venía a... bueno es que debe cinco meses de renta y u

