La moví con insistencia y entonces ella despertó y con voz somnolienta me dijo: —¿Qué quieres? —¿Cómo que qué quiero? Pos aquellito. Si te traigo más ganas que hace rato, mamacita... estoy que los tiro… —Caramba, no creí que se me fuera a hacer tan pronto y tan rápido—respondió un poco más repuesta— ¿Y aquella? —Está dormida, por ella no te preocupes. —Así, me gusta. Y volvimos al agasajo. Bueno, eso de volvimos es un decir, porque lo que en realidad estaba pasando, es que estaba comenzando con Mireya, porque con aquello del mareo y del pasillo, me “cuatrapie” todito y en lugar de caerle a Irene, me fui con su amiga. Esto lo deduje hasta más adelante, porque a la hora de la rica cogida, ni cuenta me di, sólo sentí que la supuesta Irene, estaba más fogosa que nunca, porque esta vez

