¿Por qué huiría Lena?

1318 Words
El puerto de Alejandría amaneció envuelto en una bruma grisácea que parecía un presagio. Robert Ballard, con su habitual pragmatismo militar, no perdió un segundo tras la reunión de la noche anterior. A las cinco de la mañana, la división era un hecho consumado: el equipo de buceo, liderado por Ian, se embarcaría en el Nautilus II para una operación de "extracción y mapeo intensivo". La doctora Martínez, por su parte, tomó el mando de la "Operación Gala", convirtiendo el salón principal del hotel en un centro de curaduría de emergencia. Lena observó desde el muelle cómo Ian subía a la embarcación. No hubo despedidas privadas. Él llevaba puesto su traje de neopreno a medio subir, la mirada fija en las cartas náuticas. Ni siquiera se giró cuando el motor del barco rugió. —Doctora Velasco, tenemos trabajo —sentenció Kathleen Martínez, poniéndole una mano en el hombro—. Olvida el mar por unos días. Necesito tu cerebro aquí, entre pedestales y focos. Lena asintió, pero sintió un vacío repentino en el estómago. Al entrar en la furgoneta que la llevaría de vuelta al hotel, se dio cuenta de algo aterrador: por primera vez en semanas, Ian Aslán no estaba a menos de diez metros de ella. Y ese espacio se sentía como un abismo de nitrógeno. La Trampa de la Dependencia Instalada en el salón de baile del hotel, rodeada de expertos en museografía del Museo de El Cairo y especialistas en iluminación, Lena intentaba concentrarse. Su tarea era redactar el guion de la exhibición, transformar los fríos datos técnicos en una narrativa seductora para los multimillonarios que llegarían en cinco días. Pero su mente se desviaba constantemente hacia las coordenadas NE-14. Se descubrió a sí misma buscando la figura de Ian cada vez que alguien entraba al salón. Se dio cuenta que había construido una dependencia silenciosa hacia él. Ian era su ancla en medio de la tormenta; su aprobación científica que le devolvía la voz, y su presencia física le recordaba que seguía viva. ¿Cuándo pasó esto?, se preguntó, mirando un plano del puerto antiguo que ahora le parecía mudo sin las correcciones de Ian. Huí de Puerto Rico para no ser "la esposa de alguien", y ahora no sé cómo ser yo misma sin el apoyo de un oceanógrafo huraño. La inseguridad la golpeó con fuerza. ¿Eran sus teorías realmente sólidas o Ian solo las hacía parecerlo porque quería acostarse con ella? El fantasma de Tom, recordándole que ella solo era una mujer atractiva con un título decorativo, volvió a susurrarle al oído. Razones para Huir Mientras revisaba sus notas para la gala, Lena se encontró con una hoja en blanco en su cuaderno de campo. Inconscientemente, empezó a trazar líneas, dividiendo el papel. La conversación de la noche anterior con Ian sobre las "razones para huir" seguía dándole vueltas. Decidió identificar que razones la llevarían a huir de iniciar una nueva relación, tal vez no las tendría todas, pero al menos Lena sintió que al reconocer alguna su corazón sanaría. Escribió en su cuaderno aquellas que le atormentan: La Traición: descubrir que fue reemplazada por otra persona y pretendía llevar una doble vida a costa de su sufrimiento. Abandonar su profesión: el error de dejar mi carrera para instalarme en la casa y poder atender al marido todo el tiempo. Dejar lo que me gustaba, apasionaba para ser la sirvienta personal de un hombre. Lena cerró el cuaderno. No pudo continuar, cada razón era como tocar una herida en el cuerpo, en el corazón, y en el alma. Si ella, estaba tratando de pasar la página de ese fracaso y las decisiones equivocadas que tomó. Para Ian una situación igual le podía estar ocurriendo. Mejor concéntrate en la gala, Lena—se dijo a sí misma. El Hallazgo de la "Reina de Piedra" A mitad del tercer día, el ambiente en el hotel cambió. Una llamada satelital de Ballard interrumpió la curaduría de la doctora Martínez. —Kathleen, tenemos algo. No es solo un bloque. Es... sensible. Mandamos el primer lote de piezas pequeñas con el equipo de transporte terrestre ahora mismo. Tal vez lo necesites para la gala. Horas más tarde, un camión blindado llegó al hotel. Bajo la estricta vigilancia de los oficiales egipcios, se descargaron varias cajas de madera llenas de agua de mar estabilizada. Lena se acercó, olvidando su inseguridad por un momento. Cuando abrieron la caja principal, el silencio se apoderó de la sala. Dentro, protegida por espumas especiales, descansaba la cabeza de una estatua de mármol. No era una representación genérica. El rostro tenía una nariz aguileña distintiva, una barbilla firme y un peinado de rizos apretados que solo podía pertenecer a una mujer: la propia Cleopatra VII, o una de sus antepasadas directas. Pero lo más impresionante fue la segunda caja. Contenía un fragmento de una estela grabada en granito n***o. —Es un decreto real —susurró Lena, acercándose con una lupa, sus dedos temblando—. Menciona el "Puerto de los Dos Dioses". Ian... Ian lo encontró. Está justo donde él dijo que el sedimento protegía la entrada. El hallazgo fue una inyección de adrenalina para el equipo. La reconstrucción de lo que ocurrió en aquel puerto empezaba a tomar forma: no fue solo un hundimiento por terremoto, sino un intento deliberado de ocultar el muelle real antes de que las legiones de Octavio tomaran la ciudad. Cleopatra había intentado salvar su legado hundiéndolo ella misma. El Peso de la Gala A pesar del éxito arqueológico, la situación financiera era desesperante. Ballard informó que los barcos necesitaban reparaciones urgentes y el suministro de heliox para las inmersiones profundas era escaso. Si la gala no lograba recaudar al menos dos millones de dólares en promesas de inversión, el equipo sería desmantelado en una semana. Lena pasó la noche previa al evento ensayando su discurso. La ausencia de Ian le pesaba más que nunca. Se sentía como una impostora tratando de vender un sueño que él estaba extrayendo con sus propias manos del fondo del mar. En un momento de debilidad, le envió un mensaje de texto corto: "Hemos recibido la estela. Es increíble, Ian. Logramos complementar varias alas de la exposición, gracias. Te echo de menos en la superficie." No hubo respuesta. El silencio del mar era absoluto. El Despertar de la Mujer de Acción La mañana de la gala, Lena se miró al espejo. Había elegido un vestido que una de sus compañeras le había ayudado a conseguir: una pieza de seda líquida color bronce, que recordaba a las armaduras de las reinas ptolemaicas. Se dio cuenta de que la dependencia hacia Ian no era debilidad, sino una forma de conexión que nunca había experimentado. Pero hoy, ella era la que debía sostener el proyecto en tierra firme. Si él era el oxígeno bajo el agua, ella sería el fuego en la superficie. —No voy a fallarte, Aslán —murmuró, ajustándose un brazalete de oro en forma de serpiente que su madre le había regalado y que metió en su equipaje—. Vamos a conseguir ese dinero, aunque tenga que convencer a cada jeque y millonario de este hotel de que Cleopatra los está mirando desde el fondo del mar. El salón de baile estaba listo. La cabeza de mármol de la reina presidía la sala, iluminada de tal forma que parecía que iba a hablar en cualquier momento. La música suave de un arpa egipcia llenaba el aire, y los primeros invitados empezaban a llegar. Lena se colocó en la entrada, con su guion memorizado y el corazón latiendo a mil por hora. La separación forzosa de Ian le había enseñado algo crucial: para quedarse por una razón, primero tenía que dejar de huir de sí misma. Y hoy, en medio del lujo y la presión, Lena Velasco finalmente se detuvo a enfrentar su propio destino.
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