Ian regresó a altas hora de la noche bastante pasado de copas. No quería que sus padres le preguntarán nada. Los esposos conocían perfectamente a su hijo cuando se encerraba en sí mismo para no hablar de sus problemas, se lo respetaban.
Aunque lo esperaban despiertos por eso de si algo ocurriese cuando es muy tarde y aún no ha regresado, pero Ian los despidió deseándole un descanso reparador. Sus padres comprendieron que su hijo había tenido un mal día y que no iba a decir por el momento que exactamente le paso.
A la mañana siguiente, Ian se despertó con el sol colándose por las cortinas, un dolor sordo palpitándole en las sienes. El recuerdo de su conversación—o más bien, de su borrachera y un inesperado viaje—de Alicia lo golpeó. Necesitaba respuestas, pero donde las podía encontrar. La única persona que podía aclarar la situación estaba haciendo negocios en el oriente.
Se levantó, se duchó y bajó a desayunar. Su madre, Carmen, estaba en la cocina preparando los alimentos que a su hijo y a su marido les gusta.
—Tomate este jugo de apio y naranja. Tienes cara de necesitarlo —señaló el vaso ella sin mirarlo, concentrada en el periódico.
—Gracias mamá.
La madre de Ian sabía cuando preguntarle a su hijo por algún problema, pero intuyo que había sido muy grave. El hombre se tomó el jugo con bastante hielo para calmar el ardor del estómago que también llevaba en su corazón.
—La madre de Alicia llamó esta mañana —dijo Carmen, doblando el periódico con precisión—. Dijo que te devolvía la llamada más tarde, que no era urgente. Pero sonó... preocupada.
Ian se dispuso a comer algo del desayuno que su madre preparó y café. Arrugó la frente al escuchar aquel mensaje de su madre. No tenía una respuesta para la madre de Alicia, solo continuar con la mentira.
—Gracias, mamá.
Terminó de desayunar. Tenía que darle una respuesta a la señora Corona. Así que se armo de valor, se retiró al despacho y la llamó.
—¡Buenos días señora Teresa!. Perdón por inquietarla ayer, creí que Alicia había salido a verlos, pero una reunión con clientes retrasó su salida.
Supongo que cuando ella resuelva su problema se pondrá en contacto con ustedes. A ella se le había descargado el celular y por eso decidí llamarlos.
—Entiendo, Ian. Gracias por avisarnos. Me preocupaba un poco, ya sabes cómo es ella de despistada con el teléfono —dijo la señora Teresa, con un tono que no convenció del todo a Ian.
Ian colgó y se dejó caer pesadamente en el sillón de cuero del despacho. Dubai: un viaje de negocios corto, o una escapada de fin de semana con alguien especial, epicentro del lujo y, a menudo, de decisiones impulsivas y secretas. Eran muchas las interrogantes, pero la que más molestaba a Ian, era porque no decírselo.
¿Qué significaba esto para su inminente matrimonio?... Precisamente en el momento que da un paso tan importante como unir su vida con la persona especial y supuestamente leal de la relación.
Ian tenía varias opciones, cada una con un peso emocional considerable y consecuencias irreversibles para su relación y su vida. La mentira ya estaba en marcha, lo que había que buscar era la verdad para tomar una decisión definitiva.
Ian decidió ponerse en contacto con un conocido que tenía en Dubai, un reconocido geólogo y buzo profesional con el cual ha trabajado en varios proyectos, para que lo ayudará en tener información sobre su prometida.
Contacto a Jassim Al-Kaabi, su mejor amigo, para ver si tenía contactos en el sector de viajes o tenía contactos en la aerolínea, para ver si podía rastrear el vuelo o la reserva.
—¡Hola Ian, tiempo sin saber de ti amigo!. ¿A qué debo tu llamada?—pregunto Jassim
—Amigo he descubierto algo que me tiene desconcertado sobre el proceder de mi prometida. Me enteré ayer en su trabajo que viajó a un supuesto evento internacional que se celebra en tu país sobre perfumería y joyería.
Tendrás algún contacto que te proporcione información sobre ella, si llego, si estaba sola o acompañada. Todo lo que puedas saber de ella.
—¡Vaya Ian!. Es bastante delicado tu situación, pásame su nombre completo, una foto, lo que tengas de ella y me pondré en contacto con unos conocidos que utilizó para hacer mis investigaciones de piezas arqueológicas que trafican.
Información algo confidencial como la llegada de una mujer al país, puede tener un costo. Sin embargo, en estos momentos se está celebrando el Dubai Perfume Exhibition es una convención de todas las casas de perfumería árabe. Es algo enorme y bastante importante para los interesados en ese negocio.
—Pagaré lo que tu informante te pida. Pero sácame de esta miseria, amigo.
—Por cierto Ian, aprovecho para decirte que el grupo de arqueología de Ballard está reclutando buzos para una expedición en Egipto. Varios hemos declinado por compromisos, pero me parece que Jason Murphy te escribió. El trabaja en algo como Mistyc Aquarium me parece.
Ian recordó aquella carta que llegó a su oficina y que no se interesó en abrir. Estaba tan concentrado con su compromiso, el anillo, la propuesta.
—Creo que si llego. Cuando termine todo esto de mi prometida, veré de que se trata. Por el momento Jassim ayúdame con saber de Alicia Corona.
—Dale amigo. Te prometo buscar lo mínimo y compartirlo y así sacarte de esa incomoda situación. Lamento tanto que estés pasando por algo así, no es nada cómodo y menos cuando habías decidido formar una relación seria y hasta tener hijos.
Esa mezcla de tristeza y rabia tenían a Ian en vilo sobre saber de que se trataba todo lo que hizo Alicia. Así que envió fotos, los datos completos de Alicia que ayudasen a su amigo, incluso el nombre de la tienda en que trabajaba. El nombre del propietario, Ian no se reservo absolutamente nada.