CAPÍTULO 7

1548 Words
—¿Qué harás?. —Pregunta, mientras la enfermera nos deja a solas. Niego, porque no lo sé. —Monse, ¿Crees que una prisión sea el mejor ambiente para una bebé?. —Cuestiona. —Déjala conmigo. Yo me encargo, hasta que tú seas libre. —Propone. —Es que no quiero alejarme de ella y menos, cuando acaba de nacer. —Sollozo. —Lo sé, pero es mejor ahora y no en año y medio, cuando sea más doloroso para ambas. Guardo silencio por un momento, procesando sus palabras. ¡Maldita sea!, tiene razón. —Hermana, Júrame por la memoria de mamá, que le hablarás de mí todos los días y que me la llevarás al penal para poder verla, así sea de vez en cuando. —¡Lo juro!. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ Con fuertes lágrimas en mis ojos, beso a mi hija, le doy la bendición y después de no sé cuántos "te amo", se la entrego por fin a mi hermana. —Haré lo posible, para que puedas verla pronto. Samy sabrá que tiene una madre muy valiente y guerrera. —Dice Julia con una sonrisa y luego besa mi frente. La abrazo. —Cuídamela, por favor. —le pido, antes de que una de las guardias me apure a subir a la patrulla y esta arranque de inmediato. No puedo explicar lo que siento en este momento. Voy rumbo a la prisión, con mi alma en mil pedazos. Al llegar, Conny me recibe con un caluroso abrazo. Después de regular mi llanto, le cuento lo sucedido. Al menos, tengo con quien hablar en estas cuatro paredes. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ Estoy en mi celda, en compañía de mi amiga, cuando la guardia me anuncia una visita. —Monse, linda. —Eliza corre a abrazarme. Me derramo en llanto y ni siquiera puedo hablar. —¡Mírame!. —Pide, tomando mi mentón con su mano. —No alcanzo a imaginar cómo te sientes, pero tu hija te necesita fuerte. —Me conforta y trato de calmarme. Niego. —No sabes, lo difícil que fué. Ni siquiera sé cuándo podré volver a verla. —me quejo, entre sollozos. —Ánimo, que seguro muy pronto la podrás ver. Por ahora, te traje esto. —Finaliza, sacando de su bolso una fotografía, donde aparezco con mi hija en brazos. Le doy una leve sonrisa. —Gracias, amiga. —la abrazo con fuerza y guardo la fotografía en mi bolsillo. ✿❯──「 DÍAS DESPUÉS... 」──❮✿ Ha pasado casi un mes, en el que he tenido que lidiar con el dolor de no tener mi hija a mi lado. Sigo en recuperación y fajándome todos los días, por lo que mi abdomen está recobrando de a poco, su postura natural. Decidí donar la leche que sale de mis pechos, a las otras mamás que tienen a sus bebés con ellas en la prisión y que por algún motivo, no los pueden amamantar. Van dos veces, que me quedo esperando a mi hermana en el día de visitas. Lo peor, es que cuando he tenido la oportunidad le llamo, pero su celular entra directo a buzón y ya estoy bastante preocupada. Es que mi hermana siempre venía cada domingo. Es muy raro, que deje de venir de un momento a otro. Ayer, Eliza se ofreció para ir a mi casa y ver si de pronto podía averiguar algo. Estoy en mi celda y mientras repaso la fotografía de mi hija, rezo para que tanto ella como Julia, estén bien. De repente, la guardia me anuncia una visita y camino a paso veloz con la esperanza de ver a mi hermana, pero mi sonrisa se esfuma al ver que sólo es mi abogada. —Dime que me tienes alguna noticia. —le pido, hecha un manojo de nervios y sin siquiera saludar. —Así es, linda. Con Moni, fuimos a la dirección que me diste. Llamamos varias veces al timbre, pero no obtuvimos respuesta. Una de las vecinas se acercó y nos dijo que... —toma aire. —Hace algunos días, la vió salir con la niña y unas maletas. No dijo a dónde iba, pero parece que va a poner la casa en renta. —Finaliza y mis ojos se abren de par en par, a la vez que las piernas no me responden y me veo obligada a tomar asiento. —¡No!. Julia no me puede estar haciendo esto. Ella me juró por la memoria de mamá, que estaría pendiente y que me traería a Samy. —Rebato, en un hilo de voz. No puedo entender cómo se marcha sin decirme nada y llevándose a mi pequeña. Lo peor es que aquí encerrada, no puedo hacer mucho. —Sólo trata de calmarte, Monse. Verás que todo se va a solucionar. No estás sóla, nena. —Eliza trata de consolarme, mientras sigo llorando en su regazo. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ Van pasando los días y no hay rastro ni de mi hermana, ni de mi hija. Según un detective que Eliza contrató, la casa ya está alquilada y en la inmobiliaria no dieron información, ya que deben respetar la ley de protección de datos. Dice que todo apunta a que ella se fué de la ciudad y al desactivar su línea celular, no hay manera de rastrear su ubicación. No quise poner una denuncia formal, porque aún guardo la esperanza que Julia regrese con mi hija en algún momento y me dé alguna explicación. No puedo acusarla, sin antes escuchar su versión. Tras recuperarme completamente, empiezo a ejercitar mi cuerpo en el improvisado gimnasio y a tomar algunos de los talleres que ofrece el penal. Obviamente, Conny está junto a mí en todo momento. Salimos de una de las clases y vamos camino a la celda, cuando la guardia me anuncia una visita. Eliza está esperándome y su cara no me gusta nada. —¿Qué pasó?. —Cuestiono, temiendo lo peor. Ella me da un abrazo y me pide tomar asiento. Lo hago. —Se trata de Virginia... —se aclara la voz. —Encontraron su cuerpo sin vida en una ladera, a las afueras de la ciudad. —Suelta y cubro mi boca con las manos. Si tenía alguna esperanza de salir por su testimonio, ya la perdí. —Increíble, ¿No?. Digo, no me alegra, pero el karma existe. —Comento, aún con asombro. —De estas cosas, nunca queda nada bueno. —Completa ella. Conversamos un rato y luego se retira, mientras yo regreso a mi celda. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ Cada día que pasa, pierdo más la esperanza de volver a ver a mi hija y es que no entiendo los motivos de Julia para haber hecho algo así. Sin embargo, no puedo odiarla. Lo único que quiero, es recuperar a mi bebé, así me tome toda la vida en ello. Conny, Eliza y Mónica, han sido mi apoyo. Están pendientes, me dan palabras de aliento y lo agradezco tanto. No sé qué habría sido de mí, sin su amistad. ✿❯──「 CATORCE AÑOS DESPUÉS... 」──❮✿ Estoy a dos meses de cumplir mi condena y no puedo creer que por fin seré libre. Conny, salió hace un par de años, ya que al tener una menor cantidad de drogas, la pena fué de menos tiempo. Ella vive algo lejos de la ciudad, así que me dejó su contacto para que la busque cuando salga. Justo es mi cumpleaños 32 y como cada año, desde que estoy aquí, lloro y pienso en mi Samantha. Creo que no habría regalo más hermoso, que compartir con ella una fecha tan importante. Después de un almuerzo con mis compañeras y recibir algunas felicitaciones, la guardia me anuncia una visita. Voy con ella y veo a Eliza y a Mónica, que me esperan como cada año, con un pastel y gorritos de fiesta. Tras cantarme, felicitarme y decirme que cuando salga celebrarémos, Eliza llama mi atención. —Monse, es que además del cumpleaños, vinimos porque hay una noticia muy importante que darte. —Explica seria. De inmediato, me tenso. —¿Qué pasa?. —Cuestiono, nerviosa. —Se trata de tu papá... —Comenta y levanto mis cejas. —No quiero saber nada de ese hombre, niñas. —Asevero, con evidente molestia. —Monse, esto es serio. Escucha.—Insiste Mónica. Niego. —Nos abandonó a mi hermana y a mí, nunca se preocupó por nosotras, ¿Y después de tantos años aparece?. Está loco. —Doy un bufido y hago el amague de irme, pero la mano de mi amiga me detiene. —Recibí una llamada de su esposa. Él se está muriendo y necesita verte, aunque sea por última vez. Al parecer, es muy importante. —Asegura Eliza, con un tono casi de súplica. Sus palabras hacen eco en mi mente, dejándome helada. No sé qué decir.
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