CAPÍTULO 5

1569 Words
— ¿Cómo es eso?. — Pregunta estupefacta. — Me invitaron a una fiesta que resultó ser con antifaces, por lo que era imposible reconocer a alguien. Bebí muchísimo, me encontré un hombre con una sonrisa y un cuerpo perfectos y nos calentamos tanto, que terminamos haciéndolo en un motel, sin siquiera vernos las caras. — Relato y ella sólo se cubre la boca con las manos. — ¡Vaya!. — Responde, incrédula. — No sé qué voy a hacer, Conny. Estoy segura que mi hermana no va a perdonarme, el hecho de estar embarazada. — Sollozo y ella me abraza. — No pienses así. Verás que ella va a amar la idea de ser tía. A demás, la familia siempre se apoya, a pesar de todo. — Me consuela. ✿❯──「 UNOS DÍAS DESPUÉS... 」──❮✿ — ¡Chiquita!. — Me saluda Julia, al entrar a la sala de visitas. Me abraza con fuerza. — Hola, negrita. — Le devuelvo el saludo, algo nerviosa. No sé cómo tome la noticia. — ¿Qué tienes?, No te ves bien. — Cuestiona y es que me conoce, como la palma de su mano. — Julia, tengo algo qué contarte, pero necesito que me prometas que lo tomarás con calma. — Con esa advertencia ya me preocupaste, Monserratt. ¿Qué está pasando?. — Su expresión es seria. — Yo... — Aclaro mi garganta. — Estoy esperando un hijo. — Suelto y sus ojos se abren de par en par, a la vez que cubre su boca con sus manos. — Es una broma, ¿Verdad?. — Mantiene su ceño fruncido. — ¿Te parece que estoy para bromas?. — ¡Maldita sea!. ¿Quién es el padre?. Porque es obvio que Camilo no lo es, ¿o sí?. — Tú sabes mejor que nadie, que con Camilo las cosas terminaron hace más de dos años. — ¿Entonces?... — Hace una pausa, como haciendo memoria. — Pero claro... Fué esa fiesta, ¿Verdad?. La noche que me llamaste a decir que llegabas tarde. ¡No saliste con tu jefa!, ¡Me mentiste!. — Solloza. — No, negra. Te juro que no. Si fuí con Mónica, pero... — Es el colmo, Monserratt. — Me interrumpe. — ¿Cómo es que no te cuidas?. Definitivamente, eres una bruta. Lo que faltaba, la cereza en el pastel. — Grita y sale furiosa. Lloro como niña pequeña y es que tiene razón. Metí las de caminar, hasta el fondo. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ — ¿Un bebé?, Ay, por Dios. — Dice Mónica y Eliza limpia mis lágrimas, con sus pulgares. — Monse, no estés triste. Eso es dañino en nuestro estado y a demás, no estás sola. Sabes que aquí estamos para tí. — Completa, acariciando mi hombro. Caigo en cuenta de sus palabras y la miro perpleja. — Espera, Eli. ¿Dijiste "nuestro estado"?. — Sí, linda. Me enteré hace poco. Tengo casi tres meses, así que bienvenida al club. — Responde feliz. Me levanto de la mesa y la abrazo, mientras ambas lloramos. — Felicidades, Es una gran noticia. — Comento, entre sollozos. — Voy a ser tía por partida doble. No puedo creerlo. — Celebra Mónica, uniéndose a nuestro abrazo. Eliza me cuenta toda la historia con Pablo, el padre de su bebé y ahora entiendo todo. También le tocó sufrir mucho y a eso sumémosle la muerte de su padre, que es relativamente reciente. Termina la hora de visitas, por lo que regreso a mi celda, con un sabor agridulce. A pesar del apoyo de mis jefas, no puedo evitar pensar en Julia. Sé que la embarré, pero me duele que no me apoye. ✿❯──「 OCHO MESES DESPUÉS... 」──❮✿ Mi panza no puede estar más grande y yo me siento la mujer más feliz sobre la tierra, porque a pesar de estar encerrada, mi bebé me ha motivado a mantenerme en pie. Me han hecho varias ecografías, pero no ha querido dejar ver su sexo, así que toca esperar que nazca para saberlo. Eliza y Mónica, han estado muy pendientes. Bueno, ahora más Mónica que Eliza, ya que su bebita nació hace un par de meses y obviamente, está en modo mamá. Entre ellas y Conny, hicieron una colecta y me regalaron implementos de aseo y ropa para mi bebé. Definitivamente, no sé qué sería de mí sin tan buenas amigas. Julia apareció hace apenas unas semanas, me pidió perdón y me ofreció su apoyo. También me regaló cosas de bebé, además de implementos que necesitaré en el hospital, el día del parto. Me comentó que por fin Sergio le propuso matrimonio y ya está planeando la boda, que será en unos meses más, cuando él pueda regresar. La verdad me da mucho gusto por ella, porque sé cuánto ama a ese hombre. Ahora estoy con Conny comiendo algo, ya que el embarazo me abrió el apetito. Eso sí, después del cuarto mes, que ya no tenía náuseas. Ella acaricia mi redondo vientre, mientras le habla a mi bebé, lo que me causa gracia. Aún faltan dos semanas para la fecha probable de parto y ella ya está ansiosa por conocerlo. Llegamos a mi celda y me dispongo a terminar de alistar la maleta que voy a necesitar con las cosas de mi hijo y las mías. No quiero dejarlo para última hora. Conny me ayuda, a la vez que me pone conversación, por lo que hablamos de todo un poco. Terminamos de empacar y me levanto para poner la maleta en el organizador. — ¡Monse!. — Me llama la atención mi amiga, con algo de preocupación en su tono y me giro para verla, encontrando una mancha transparente en parte de la cama y el piso. — Ay, por Dios. — Murmuro, antes de sentir una fuerte punzada en la parte baja de mi abdomen, pero esta se me pasa al instante. Conny llama a la guardia, que nos acompaña a la enfermería. A mi amiga no le permiten entrar conmigo. Le comentó lo sucedido a la doctora y me hace un tacto vaginal, para revisar cómo va todo. — Efectivamente, Monserratt, ya rompió la fuente. ¿Cada cuánto son las punzadas en el abdomen?. — Pregunta. — Pues, sólo he tenido la que me dió antes de venir para acá. Eso hace como quince minutos. — Respondo. — Muy bien, eso quiere decir que aún hay tiempo. Por ahora, la dejaré aquí en observación, por si cualquier cosa. — Explica y la emoción me invade, al pensar que estoy por conocer a mi bebé. Me recuesto en la camilla y ella me pone una sábana en las piernas, para cubrirme del frío. Me toma la presión, pone el estetoscopio en mi vientre y su sonrisa me alivia, porque eso me da a entender que todo va bien. — Cuando sienta un dolor, me avisa para tomar el tiempo. — Me pide antes de volver a su escritorio. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ No sé cuánto tiempo ha pasado, pero no he sentido más dolores, por lo que la doctora me sugirió caminar un poco, para ver si eso me ayuda a agilizar el proceso de parto. Conny, que estaba afuera, me acompaña y empezamos a caminar despacio, por todo el patio. Estamos casi por devolvernos y la segunda punzada me hace detener la marcha. Suspiro y aprieto mis ojos, mientras Conny toma mi mano. Unos segundos después, logro recomponerme y retomamos el camino de regreso a la enfermería. Cuando estamos entrando, me da otra punzada, por lo que la doctora me vuelve a examinar. — Ya está empezando a dilatar. Los dolores que ha tenido, son contracciones del proceso. Según me contó, en estos veinte minutos ha tenido dos, ¿verdad?. — Pregunta y asiento. Conforme pasan los minutos, más se acorta el tiempo entre cada contracción, hasta que son cada vez más insoportables. — Creo que ya es hora de trasladarla a la clínica. — Anuncia la doctora y junto a una enfermera me acompañan a la salida, mientras Conny corre a mi celda por la maleta, la cual requisan y me la entregan. Me despido de mi amiga y junto a la enfermera, salimos hacia el hospital. Al llegar, me hacen el ingreso y la enfermera que me acompañaba, se devuelve para el penal, mientras dos guardias se quedan custodiándome. Me llevan a una habitación, donde estaré hasta que llegue la hora. Obviamente, las guardias están en la puerta, como si yo fuera la peor de las criminales. — Necesito que estés más cómoda, así que si me permites, te ayudo a cambiarte. — Informa la enfermera, mientras me enseña una bata, que tiene el logo del hospital. Retiro la blusa materna y el leggins que llevaba, quedando en ropa interior. Doy la espalda y me quito el sostén, ella me tiende la bata, pongo las mangas y ella me ayuda a atarla en la espalda. Deslizo mis bragas por mis piernas y para evitar que me agache, la mujer las recoge y me ayuda a empacar mi ropa en la maleta, debajo de lo que pronto voy a necesitar, para el amor de mi vida.
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